Opinión
Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
La inofensiva belleza de los lunares

Organización Editorial Mexicana
10 de octubre de 2006

Los que odiaban a Mijail Gorbachov, el último comunista que presidió los destinos de la Unión Soviética, el hombre que habría de ser nombrado "del siglo" por la Perestroika y la Glasnot, identificaban en el lunar cárdeno que casi cubría su cráneo como la "marca de Caín". Gorbachov no asesinó a nadie y mucho menos a su hermano, aunque ahora anda vagando por el mundo.

En el libro del Génesis se dice que cuando Caín hubo matado a su hermano Abel fue rechazado por la sociedad para vivir errante y vagabundo por el orbe. Temiendo que lo pudiera matar cualquiera que lo encontrase, reconvino a Dios por la pesadumbre de su suerte, y Dios sintió tanta compasión por él que "puso a Caín una señal para que no lo matara nadie que lo hallase".

En el Génesis no se precisa cuál fue la marca que Dios puso al primer asesino y ésta se ignora totalmente. Sin embargo, la marca se le impuso a Caín y fue identificado por todos. La tal marca bien puede ser un lunar en el rostro o en la cabeza, como en el caso de Gorbachov, que hasta ahora ha sido el único estadista del orbe portando semejante distinción.

Aparte de la interrogante que suscita el hecho de que Caín habría de vagabundear "entre la gente", que fue engendrada de la pareja primigenia, tal como lo ordena Dios diciendo: "creced y multiplicaros, y henchid la tierra, y enseñoreaos de ella", lo que resultaría en una humanidad proveniente de sucesivos incestos, la marca, o los lunares son "tumores inofensivos".

Esto lo ha descubierto el patólogo holandés Wolter J. Mooi, del Centro Médico de la Universidad Vrije, en Amsterdam, afirmando que "Los lunares son tumores reales. Si sus células no dejan de crecer es muy posible que para la edad de 10 años no sólo se volverían enormes, sino que algunos de ellos habrían progresado hasta convertirse en melomas malignos".

Mooi ha descubierto que "Cada lunar es un pequeño tumor de células pigmentarias que inició su ruta hacia el cáncer y luego se detuvo, pues las células cesaron de dividirse. El resultado es que los lunares son un híbrido extraño en el aspecto oncológico".

El hallazgo "resulta desconcertante", pues se trata de una célula que sufre una mutación al azar en uno de sus genes, misma que la coloca en el camino para convertirse en cáncer. Como resultado de ello la célula comienza a dividirse hasta que, repentinamente, todo el proceso se frena y queda un pequeño tumor cuyas células no vuelven a dividirse jamás. El lunar.

"Parece sensato creer, declaró Mooi a The New York Times, que existe ese mecanismo natural que nos protege una y otra vez, tal vez incluso de manera cotidiana contra el cáncer. Dada la cantidad de lunares que presenta la población, el comprender este sistema de defensa tan efectivo, podría resultar de gran ayuda para detener esta enfermedad".

Por su parte, David E. Fisher, director del Programa Meloma, en el Instituto de Cancerología Dana-Farber, en Boston señala: "Apostaría hasta el último centavo a que nuestros cuerpos están llenos de estas cosas. El mecanismo sí que es efectivo, pues los melanomas rara vez proceden de lunares. Más bien parecen formarse de otras células de la piel".

Esta respuesta natural del organismo para controlar las malformaciones cancerígenas, "representaría buenas noticias en la búsqueda de soluciones médicas para este problema de salud".

La meta a alcanzar por los científicos es la de encontrar el mecanismo responsable de la división celular de los tumores malignos y "forzar a los ya desarrollados a regresar al punto en que naturalmente deberían haber dejado de desarrollarse y convertirse en lunares".

Entretanto, "ese lunar que tienes", donde lo tenga ella o él, "no se lo des a nadie, cielito lindo, que a mí me toca".
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