Deshacer ese nudo conceptual requiere entender qué hace exactamente un fitomejorador y en qué se diferencia eso de lo que hace un biotecnólogo que desarrolla organismos genéticamente modificados.
“Muchas veces, cuando menciono que soy fitomejoradora, me dicen: ‘ah, haces alimentos transgénicos’. Yo creo que lo primero es aclarar que no, que son cosas totalmente distintas.”
¿Qué es un transgénico? El corte y pega entre organismos distintos
¿Qué es el fitomejoramiento? La selección dirigida dentro de la misma familia
La polinización dirigida: la herramienta central
Por qué esta diferencia importa
El cambio climático como argumento para el fitomejoramiento
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El jalapeño mejorado sigue siendo genéticamente jalapeño. / Foto: Cortesía Creative Commons
La confusión entre fitomejoramiento y transgénesis no es inocente, tiene consecuencias reales sobre cómo la gente percibe los alimentos que consume. La fitomejoradora Fabiola López, especialista en pimientos, explica en qué consiste realmente su trabajo y por qué la desinformación sobre este tema afecta tanto a los consumidores como a los agricultores.
Cuando Fabiola López dice en una conversación casual que es genetista o fitomejoradora, la reacción más frecuente de su interlocutor es una variación de la misma pregunta: ¿entonces haces alimentos transgénicos? La confusión es tan extendida que se ha convertido en una especie de anécdota profesional recurrente.
Pero detrás de esa confusión hay un malentendido con implicaciones reales, influye en las decisiones de compra de los consumidores, en la percepción pública de la ciencia agrícola y en la valoración del trabajo de miles de investigadores que desarrollan variedades mejoradas sin recurrir a la ingeniería genética en su sentido estricto.
El fitomejoramiento trabaja con genes de la misma especie, no introduce material externo. / Foto: Cortesía Creative Commons
El término transgénico tiene una definición técnica precisa: se refiere a un organismo al que se le ha introducido material genético proveniente de otra especie, a través de herramientas de ingeniería genética. El ejemplo más citado en el debate público es el del maíz Bt, en el que se insertó un gen de la bacteria Bacillus thuringiensis para conferirle resistencia a ciertos insectos plaga. Dos organismos que en condiciones naturales nunca compartirían información genética quedan así fusionados mediante intervención humana.
Este proceso requiere técnicas sofisticadas de biología molecular, la cual identifica el gen de interés en el organismo donante, aislarlo, clonarlo e introducirlo de manera estable en el genoma del organismo receptor. El resultado es una planta cuyo ADN contiene secuencias que no existirían en ella bajo ningún proceso natural de reproducción o selección.
Un transgénico es cuando traes un gen de un género distinto, de un organismo distinto. Como el maíz, donde se trajo un gen de una bacteria y se introduce mediante ingeniería genética; se cortan y pegan genes de dos organismos totalmente distintos.
El fitomejoramiento es algo radicalmente diferente. No implica introducir genes de organismos ajenos; trabaja exclusivamente con la diversidad genética que ya existe dentro de una misma especie o de especies emparentadas. El fitomejorador actúa como un director de orquesta que selecciona qué características —de entre las que ya existen en la planta— se van a combinar y amplificar a través de generaciones sucesivas de cruzamiento.
En la práctica, esto significa que Fabiola López trabaja con un banco de germoplasma que contiene cientos o miles de accesiones de pimiento, cada una con sus propias características: niveles de capsicina, resistencias a enfermedades, tipo de planta, forma del fruto, color, textura. Cruzando materiales con características complementarias y evaluando la progenie durante años, se consigue —eventualmente— un híbrido que reúne los atributos deseados.
En el mejoramiento tradicional se trabaja dentro de las familias. Se tiene un banco de germoplasma muy grande, y mediante polinización dirigida, como haría de manera natural una abeja, se trata de introducir en un solo material todas las características que buscamos.
El proceso de fitomejoramiento en su núcleo es simple en concepto aunque complejo en ejecución. Se toma el polen de una planta con una característica deseable y se deposita sobre el pistilo de otra planta con características distintas pero igualmente valiosas. El resultado es una semilla híbrida que, en condiciones favorables, expresará una combinación de ambas.
Lo que diferencia esta polinización de la que ocurre naturalmente en el campo —realizada por el viento, abejas y otros insectos— es que en el fitomejoramiento es dirigida e intencional. El investigador elige qué plantas cruzar, controla las condiciones del cruzamiento y evalúa sistemáticamente los resultados. Esto permite acumular mejoras de manera mucho más eficiente que la selección natural, pero sin alterar los límites biológicos de la especie.
Una variedad mejorada de jalapeño sigue siendo jalapeño. Sus genes son todos de jalapeño o de Capsicum emparentados. Ningún fragmento del genoma de una bacteria, un insecto o cualquier otro organismo ajeno ha sido insertado en ella.
México es el centro de origen del género Capsicum. En su territorio se domesticaron los primeros chiles hace miles de años, y la diversidad de variedades silvestres y cultivadas que el país alberga es un patrimonio cultural y biológico de relevancia global. En ese contexto, la distinción entre fitomejoramiento y transgénesis adquiere una carga especial.
Hay quienes plantean que el mejoramiento convencional amenaza la diversidad tradicional, que los híbridos comerciales reemplazan variedades criollas y empobrecen el acervo genético. La doctora reconoce que esa preocupación existe, pero ofrece una perspectiva distinta, la tecnología del híbrido, en lugar de borrar las variedades emblemáticas, trabaja precisamente para conservarlas y hacerlas más viables en condiciones contemporáneas.
“El jalapeño es muy típico en México y con la tecnología del híbrido hemos logrado contrarrestar enfermedades, aumentar el rendimiento, ayudar al agricultor a que afronte el cambio climático. Ese es el principal objetivo, brindarle herramientas nuevas para su producción.”
Uno de los argumentos más sólidos a favor del fitomejoramiento convencional en el México de hoy es la crisis climática. Las alteraciones en los patrones de lluvia, el aumento de las temperaturas y la emergencia de nuevas plagas y enfermedades representan amenazas concretas para los cultivos. El fitomejoramiento puede responder a esas amenazas incorporando resistencias y tolerancias que permitan a las plantas sobrevivir y producir en condiciones más adversas.
Esto es especialmente relevante en un país donde la agricultura de pequeña y mediana escala sigue siendo determinante para la seguridad alimentaria y la economía rural. Un agricultor que cultiva jalapeño en Chihuahua o en Veracruz necesita semillas que aguanten sequías más prolongadas, que resistan patógenos emergentes y que mantengan la productividad sin depender exclusivamente de insumos externos. El fitomejoramiento puede ofrecerle eso.
Cada vez llueve menos. Tenemos que tener materiales que puedan aguantar el estrés hídrico, los cambios de temperatura. El objetivo es reforzar las características de los materiales frente a todos estos cambios.
El mejoramiento tradicional ha sido clave en la agricultura durante siglos. / Foto: Cortesía Creative Commons
La doctora Fabiola López no evita el tema de la desinformación, al contrario, lo señala como uno de los obstáculos más relevantes para que la sociedad comprenda y valore el trabajo de quienes se dedican al fitomejoramiento. Las campañas que equiparan cualquier forma de mejora genética con los transgénicos generan desconfianza hacia productos que en realidad son resultado de procesos completamente naturales en sus mecanismos, aunque guiados por la ciencia.
Esa desconfianza tiene consecuencias prácticas ya que puede llevar a los consumidores a rechazar variedades mejoradas más nutritivas, más resistentes o más sostenibles desde el punto de vista agronómico, basándose en premisas incorrectas. Además, puede dificultar la adopción de tecnologías que podrían ser aliadas importantes frente a los desafíos alimentarios que se avecinan.
“No malinformarse. Muchas veces vemos campañas que dicen que se está perdiendo lo tradicional, pero la tecnología del híbrido tiene como función principal ayudar al agricultor, mantener variedades simbólicas para México y aumentar su potencial.”
Para Fabiola López, el horizonte del fitomejoramiento en México es prometedor pero exige inversión en talento, infraestructura y comunicación. El hecho de que Enza Zaden haya apostado por establecer una estación experimental en el país y por formar fitomejoradores locales es, en su opinión, una señal de que México puede convertirse en un referente regional en esta disciplina.
También lo es la creciente internacionalización del jalapeño como ingrediente de cocina global, un fenómeno que abre mercados nuevos y que al mismo tiempo exige variedades más consistentes, más adaptables y con perfiles de sabor definidos. En ese escenario, el trabajo de genetistas como Fabiola López —silencioso, técnico, de largo aliento— resulta estratégico no solo para la industria agrícola sino para la identidad culinaria del país.
Ahora cuando muerdas un jalapeño fresco, crujiente y con el picor justo, difícilmente pensará en los años de ciencia que hicieron posible ese instante. Pero alguien, en algún campo experimental de Sinaloa o del Bajío, ya estará trabajando en el jalapeño de la siguiente década.