Para Iván Saldaña, el momento actual del vino mexicano es resultado de un proceso más amplio: exploración de terroirs, mayor conocimiento del consumidor y una industria que comienza a hablar con más claridad sobre sus retos estructurales.
El precio como conversación abierta
“Yo considero que está en un precio estándar, tiene muy buenos vinos y compite con franceses, argentinos y españoles. Incluso me parece que son más accesibles que muchos de ellos”, comentó Renato Gutiérrez mientras probaba distintas etiquetas.
El vino como experiencia directa
Coctelería con vino: más valor, menos rigidez
Gastronomía que acompañó, no compitió
“Este es el evento vitivinícola más grande del país, donde las mejores bodegas vienen a presentar su propuesta y los restaurantes a dar de comer cosas deliciosas”, señaló, resaltando el diálogo natural entre vino y gastronomía.
Daniela Salgado embajadora para Latinoamérica de Bodegas Emilio Moro, narra su experiencia sobre cómo enfrentó el tema del machismo en la industria vinícola, ámbito dominado por hombres
Fabiola López trabaja desde México como fitomejoradora de Enza Zaden, una empresa holandesa líder mundial en semillas. Su labor cotidiana consiste en elegir, desde el laboratorio y el campo
Nación de Vinos 2026 reunió a productores, enólogos, sommeliers, bartenders, chefs y aficionados / Foto: Cortesía Nación de Vinos
Durante dos días, los jardines del Campo Marte se transformaron en un punto de encuentro para el vino mexicano. Banorte Nación de Vinos 2026 reunió a productores, enólogos, sommeliers, bartenders, chefs y aficionados en una celebración que confirmó no solo el gran momento que vive la industria vitivinícola nacional, sino también una conversación cada vez más abierta sobre su diversidad, su crecimiento y el valor real de sus precios.
Con más de 80 bodegas provenientes de distintas regiones del país, ocho restaurantes invitados, cuatro cocktail bars y una agenda de experiencias enogastronómicas, el evento ofreció una radiografía amplia y contemporánea del vino mexicano: uno que dialogó con su terroir, pero también con nuevas formas de consumo, mezcla y disfrute, alejándose de la solemnidad y acercándose a la cotidianidad.
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A lo largo de las degustaciones quedó claro que el vino mexicano atravesó una etapa de consolidación. / Foto: Cortesía Nación de Vinos
A lo largo de las degustaciones quedó claro que el vino mexicano atravesó una etapa de consolidación. Valle de Guadalupe mantuvo una presencia sólida, con proyectos maduros y una amplitud estilística que abarcó desde vinos de guarda hasta propuestas más frescas y bebibles. Sin embargo, el protagonismo se repartió.
Regiones como Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Jalisco, Coahuila y los Altos Norte captaron la atención por su identidad propia y crecimiento sostenido. Vinos marcados por climas, alturas y suelos contrastantes confirmaron que el mapa vitivinícola nacional ya no se concentra en un solo territorio, sino que se expande con fuerza y personalidad.
“Estamos viviendo un renacimiento increíble, con nuevos terroirs y una población que se está enamorando de lo que se hace en México”, afirmó, sin dejar de mencionar factores como la carga fiscal y los costos de producción que influyen directamente en el precio final.
La conversación entre asistentes y especialistas giró en torno a una idea común: el vino mexicano dejó de definirse por comparación con otros países. Cada copa reflejó trabajo artesanal, producciones en lotes pequeños y decisiones técnicas cuidadas, pero también una noción cada vez más clara de valor.
Uno de los temas más recurrentes durante Banorte Nación de Vinos 2026 fue el precio. Lejos de ser un tabú, se habló abiertamente de costos, accesibilidad y percepción. Muchos asistentes coincidieron en que el vino mexicano ya compite de tú a tú con etiquetas francesas, argentinas o españolas, pero con rangos de precio que resultan, en muchos casos, más accesibles.
Para muchos consumidores, el vino nacional aún arrastra la idea de ser inaccesible frente a etiquetas extranjeras. Sin embargo, quienes recorrieron las mesas de degustación coincidieron en que el panorama ha cambiado. Hoy, el vino mexicano compite en calidad, diversidad y rango de precios con propuestas de países históricamente dominantes.
Chef Alexis Ayala, Iván Saldaña y Carlos Travisí / Foto: Francisco Charqueño
Se reconoció que existen vinos mexicanos de alta gama, con precios elevados, pero también una oferta amplia de etiquetas bien hechas desde rangos cotidianos. La idea se repitió entre mesas y copas: no se trata de vinos caros, sino de vinos con costo, respaldados por calidad, exclusividad, producción limitada y, en muchos casos, potencial de guarda.
El precio, además, se entendió desde el contexto. No todos los vinos están pensados para el consumo diario, pero cada vez hay más opciones que permiten integrar el vino mexicano a la mesa sin reservarlo solo para ocasiones especiales.
Uno de los grandes valores del evento fue el contacto directo con quienes están detrás de cada etiqueta. Enólogos, propietarios y sommeliers estuvieron al frente de las barras, explicando procesos, decisiones y contextos productivos. Esta cercanía convirtió cada degustación en una conversación y ayudó a entender por qué ciertos vinos tienen el precio que tienen.
La experiencia también incluyó una reflexión sobre el ritual: desde el tipo de cierre —corcho, rosca o corcholata— hasta la forma de servirlo. Aunque las nuevas generaciones mostraron apertura a formatos más prácticos, el corcho conservó un lugar especial por el componente emocional y simbólico que aporta al servicio del vino.
Uno de los aspectos más comentados del evento fue la coctelería con vino. Lejos de percibirse como una moda pasajera, los cócteles elaborados con vino demostraron que este ingrediente puede integrarse con naturalidad al lenguaje de la mixología contemporánea y ofrecer nuevas formas de consumo, muchas veces con menor graduación alcohólica.
La coctelería con vino, lejos de percibirse como una moda pasajera, los cócteles elaborados con vino demostraron que este ingrediente puede integrarse con naturalidad al lenguaje de la mixología / Foto: Cortesía Nación de Vinos
Bares como Bar Mauro, FOMA, Café de Nadie y Long Story Short presentaron propuestas con clarificados, milk punch, carbonataciones y redestilados, rompiendo la idea de que el vino no se mezcla. Esta apertura también dialogó con el precio: cócteles bien ejecutados permitieron acercarse al vino desde otro formato, más accesible y cotidiano.
La oferta gastronómica complementó la experiencia sin robarle protagonismo al vino. Restaurantes como Itacate del Mar, Carmela y Sal, Pargot, Bartola, Siembra, Al Andalús, Zeru y La Docena ofrecieron platillos pensados para maridar, compartir y acompañar la degustación.
Más que menús formales, la propuesta apostó por bocados precisos y sabores reconocibles, reforzando la idea de que el vino mexicano puede convivir tanto con cocina de autor como con platos sencillos, tacos o antojitos / Foto: Cortesía Nación de Vinos
Y en cuestión de la cocina en relación con el vino, el chef Alexis Ayala, del restaurante Pargot, destacó la importancia de espacios como Nación de Vinos para acercar al público a esta diversidad de precios y estilos, sin solemnidad ni etiquetas elitistas.
Más que menús formales, la propuesta apostó por bocados precisos y sabores reconocibles, reforzando la idea de que el vino mexicano puede convivir tanto con cocina de autor como con platos sencillos, tacos o antojitos, sin elevar innecesariamente la experiencia ni el gasto.
Previo a la apertura general, Espacio B2B reunió a compradores, sommeliers, distribuidores y productores en un entorno diseñado para detonar relaciones comerciales. Este encuentro reforzó el papel del evento como plataforma de negocio y subrayó la importancia de generar una cadena de valor sólida que permita, a largo plazo, mejores condiciones de producción, distribución y precios.
En este contexto se entregaron reconocimientos a la trayectoria enológica y a la sustentabilidad, dos ejes que atravesaron buena parte del discurso del evento y que también influyen directamente en el costo y el futuro del vino mexicano.
Banorte Nación de Vinos 2026 cerró dejando una sensación clara: el vino mexicano vive uno de sus momentos más interesantes. Con 17 estados productores, una oferta cada vez más amplia y consumidores más informados, la industria mostró músculo, diversidad y una conversación más madura en torno al precio.
Entre copas, platos y mezclas inesperadas, el evento confirmó que el vino mexicano ya no es promesa. Es presente. Un presente que se bebe, se discute, se mezcla y, cada vez más, se integra a la vida cotidiana sin miedo a hablar de cuánto cuesta y por qué vale lo que vale.