La cocina de Leonora Carrington: alquimia, arte y rebeldía doméstica
La artista surrealista Leonora Carrington también cocinaba, pero no para obedecer: para ella, la cocina era un espacio de juego, magia y rebelión.
Brenda Marquezhoyos / Aderezo
Hablar de la incursión culinaria de Leonora Carrington implica abandonar la idea de la cocina como simple anécdota biográfica. En su caso, los alimentos, los utensilios y los rituales de la mesa formaron parte de un sistema simbólico tan complejo como el de su pintura, su literatura o su escultura.
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La cocina como extensión del taller
Para Carrington, mezclar ingredientes no era muy distinto a preparar pigmentos. En diversas entrevistas, la artista equiparó el cocinar con el pintar. Ambas actividades implican combinar materias, transformar estados y aceptar que el resultado nunca estaba completamente bajo control.
Su uso de la técnica de la témpera —realizada con yema de huevo— vuelve literal esta analogía. El estudio y la cocina eran espacios gemelos donde la experimentación mandaba sobre la receta fija.
Comer como acto de subversión
Uno de los ejemplos más contundentes de cómo la pintora utilizó la comida como lenguaje crítico es La comida de Lord Candlestick (1938). En esta obra, el banquete se convierte en una escena blasfema que parodia los rituales aristocráticos de su familia inglesa.
El padre —rebautizado irónicamente como Lord Candlestick— aparece sin boca, imposibilitado para juzgar, mientras figuras femeninas devoran y destruyen el orden simbólico de la mesa. La pintura subvierte nociones de clase, religión, maternidad y autoridad masculina, usando el acto de comer como herramienta de confrontación.
Carrington logra transformar la eucaristía en barbarie y el banquete en una escena de inversión total. Juega con lo femenino, este deja de ser pasivo y se vuelve feroz. No es casual que esta obra sea considerada una de las más satíricas y radicales de su producción temprana.
Recetas imposibles y mesas compartidas
Sin embargo, más allá de la ficción, Leonora Carrington fue una cocinera constante en su vida cotidiana. En París, durante su relación con Max Ernst, preparaba recetas inglesas antiguas tomadas de un recetario del siglo XV, con las que agasajaba a amigos y artistas.
Más tarde, ya instalada en México, la mesa se convirtió en un espacio multilingüe y afectivo. Se hablaba inglés, francés, húngaro y español mientras los platillos circulaban como vehículos de convivencia.
México, el mole y la alquimia negra
El encuentro de Carrington con México fue decisivo también en lo culinario. Fascinada por la cocina conventual y los saberes tradicionales, encontró en el mole una suerte de receta surrealista perfecta: oscura, compleja, contradictoria y profundamente ritual.
La artista lo describió como una “comida negra majestuosa” y lo incorporó tanto a su práctica culinaria como a su obra literaria y pictórica.
La pintura La cocina aromática de la abuela Moorhead (1975) condensa esta fascinación. Fogones, ajos, mazorcas, metates y personajes híbridos conviven en un espacio protegido por círculos mágicos a modo de invocación.
La cocina mexicana no aparece como exotismo, sino como un sistema simbólico que vive con la alquimia, el chamanismo y las tradiciones femeninas de conocimiento.
Cocinar para no desaparecer
Hacia el final de su vida, la artista multidisciplinaria simplificó su dieta y se inclinó por preparaciones vegetarianas, más caseras y menos experimentales. Aun así, la cocina siguió siendo un espacio de memoria y cuidado.
Las recetas recuperadas por Yolanda Gudiño, quien la acompañó en sus últimos años, revelan una relación íntima con los alimentos. El gesto de cocinar persistía como una forma de conexión con el mundo.
Para las investigadoras de la UAM, la cocina fue para Leonora Carrington un lugar privilegiado de afectos, resistencia y creación. No un espacio de sometimiento, sino de comunicación con otras voces femeninas, con tradiciones ancestrales y con figuras mitológicas que habitan su obra.
Como escribió André Breton tras visitarla, Leonora cocinaba frenéticamente “como tratando de salvarse de la hostilidad del conformismo”.
Siempre fan de los datos curiosos. En Aderezo.mx está aprendiendo a moldear sus papilas gustativas. Además de comer –y decirte dónde–, también hace recomendaciones de cine y música. Yes, chef!
























