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Localsábado, 21 de octubre de 2023

Ángel Mérida Lanfray, el señor de la “paella”

Comenzó de camarero en un restaurante, era el único oficio que dominaba, así que el resto no es fácil de contar

Carlos Morán / Diario del Sur

Nació hace 71 años cuando Tapachula era otro, con menos progreso, pero con más vida familiar, se mostró al mundo siendo joven y su carácter y buen corazón, le auxiliaron para conquistar todo lo que se propuso.

Soñaba ser ingeniero civil, pero tal vez su padre, que estaba al frente del bar “Intimo” del hotel Colomba, lo ingresa a la pequeña empresa familiar, en donde comenzó aprendiendo a fabricar botanas. Ese fue su primer contacto con la cocina.

En ese histórico bar del hotel Colomba, que estaba en el corazón de Tapachula, cuenta Ángel Mérida, que ahí, en ese ambiente su padre lo empujó sin darse cuenta a un mundo que más tarde, sería su universo en donde reinaría para siempre.

Comenzó de camarero en un restaurante, era el único oficio que dominaba, así que el resto no es fácil de contar, pero digamos que trabajó limpiando moldes, en aquella famosa panadería llamada “El Globo”, cuando era una simple panadería.

Ahí, en “El Globo”, conoció la mezcla de la harina, la mantequilla, el azúcar, los huevos y el resto para conseguir esa delicia que envenena dulcemente el alma y regocija la panza, los pasteles.

Su corta estancia en la Ciudad de México, le sirvió para tener más conocimientos, aprender, ver que afuera hay un mundo distinto, se refinó en las reglas de etiqueta, la buena mesa y, tal vez tenía 20 años cuando regresó a Tapachula… volvió dispuesto a triunfar.

Regresa y siguió vagando, como lo dice en exclusiva para Diario del Sur. Hasta que un buen día el destino le puso enfrente a Liz Pinzón de Alonso, aquella mujer que sirvió banquetes en tantas celebraciones de la época de oro de Tapachula.

Colabora con Liz Pinzón por 11 años, en ese tiempo se nutrió de más conocimientos, pero inquieto y aventurero decidió viajar a Guadalajara en busca de más sabiduría, trabajar y aprender de los grandes de la cocina.

-Trabajé como mesero, pero no me limité, siempre ingresé a las grandes cocinas con el pretexto de ayudar, pero en realidad deseaba aprender, y esa oportunidad no la desperdicie-.

Dicho en palabras simples, su astucia lo coloca como un ladrón fino que, sin proponérselo, se robó gracias a su grandiosa inteligencia, las recetas, los tiempos y las cantidades, que su talento hizo mejorar, adaptar y cocinar al paladar de cada comensal.

Al regresar de Guadalajara, decide abrir un restaurante que llamó “Los Caldos”, pero lo suyo lo suyo lo suyo, es la paella. Ángel vivió en el mundo de los grandes y al lado de ellos aprendió no solo a cocinar, sino también los secretos y las reglas del servicio.

Detrás de las recetas de este hombre existen mujeres que le han dado secretos para perfeccionar su cocina. Es así como a través de los años su nombre es prestigio y calidad.

Siempre ha existido detrás de él, María del Pilar Castañeda Hernández, su compañera de toda la vida con quien fundó una familia con dos hijos; Guadalupe y Carlos Alberto; nietos y bisnietos.

Ángel es un hombre que se abrazó a la vida desde el día que llegó a este mundo, se dejó llevar por el destino y en el camino se fue construyendo una profesión que, toda la vida ha explotado gracias a su noble carácter.

Hace más de 25 años entrevisté a Ángel Mérida Lanfray para esta misma casa editorial, era una historia distinta, sin el recuento de los años, fue una entrevista en la plenitud de su vida y cuando se encontraba en la cima del éxito.

Comentarios: morancarlos.escobar1958@gmail.com

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