Pepe Mota, 50 años detrás del lente: la memoria visual de Tapachula
Fotógrafo de nota roja, política y vida social, su trayectoria es también la crónica visual de una ciudad que cambió frente a su lente
Carlos Mejía
Nació en un rancho de Tuxtla Chico y llegó a Tapachula a los 20 años, sin un plan claro, buscando trabajo como cualquier joven provinciano que quería abrirse camino.
La fotografía apareció casi por casualidad. Conoció a Jesús Guerrero Camacho, fotógrafo oficial de un periódico local Diario del Sur, quien le ofreció enseñarle el oficio aunque al inicio no hubiera sueldo.
El cuarto oscuro y la nota roja
Aquella lentitud contrasta con la inmediatez actual. Pero para él, esa escuela forjó carácter y precisión.
La transición a la era digital
En 2005 comenzó su resistencia más íntima: dejar el rollo para abrazar la cámara digital. “No me resignaba. Llevaba las dos cámaras, la análoga y la digital. Aseguraba con el rollo porque me daba más confianza”.
Asistió a convenciones nacionales en Puebla, Guadalajara, Toluca, Morelia, Acapulco y Tabasco. Invirtió en capacitación cuando pocos lo hacían en la región. “Nunca dejas de aprender”, afirma.
Pepe insiste en la ética como pilar del oficio. Cree que el fotógrafo debe ser discreto, respetuoso y, ante todo, buen ser humano. “Puedes ser el mejor técnicamente, pero si no tienes respeto, no vales”.
La imagen que resume una vida
Gracias a la fotografía mi familia vive cómodamente. No con lujos, pero con lo necesario. De eso no me puedo quejar
“Más que cambiar algo de mi pasado, seguiría aprendiendo”, dice. Y aunque asegura que ya no podría volver al ritmo de antes, reconoce que no puede imaginar su vida sin fotografiar. “Hasta que uno se va de este mundo deja de pensar en la cámara”.
En una ciudad que ha cambiado con el paso de los años, su mirada permanece como testigo silencioso. Porque mientras existan historias que contar, habrá quien las encuadre. Y en Tapachula, durante medio siglo, ese ojo atento ha sido el de Pepe Mota.




























