Sanidad militar en Tapachula: servir con disciplina y humanismo
En el marco del 19 de febrero, Día del Ejército Mexicano, personal de sanidad militar en Tapachula comparte su labor en operativos, desastres naturales y atención médica
Carlos Mejía
Hoy está adscrita a la consulta externa de la unidad médica militar en Tapachula. Supervisa la calidad de la atención, coordina al personal y mantiene el adiestramiento constante. Pero su labor no se limita al consultorio.
Operativos y terreno
“Como elemento de sanidad tengo que velar por el bienestar físico y psicológico de mis compañeros”, explica. En operativos, la dinámica cambia: jornadas más largas, traslados, atención inmediata ante cualquier incidente. “Estamos hombro con hombro”.
La presencia femenina en estas acciones ya no es excepcional. Esthela lo vive con naturalidad. “Aquí lo que importa es la disciplina, la preparación y el compromiso”. En el terreno, no hay distinciones de género, sino responsabilidades compartidas.
Para ambos, el combate a la delincuencia no solo implica firmeza, sino prevención y acompañamiento médico constante. La sanidad militar es una pieza silenciosa dentro de los despliegues.
Cuando la naturaleza llama
En una región como la costa de Chiapas, expuesta a lluvias intensas y fenómenos naturales, el Ejército Mexicano también activa planes de auxilio a la población. En esos momentos, la prioridad es la sociedad en general.
En situaciones de desastre, el uniforme se convierte en señal de apoyo. Instalación de puestos médicos, distribución de ayuda, atención inmediata. Mujeres y hombres trabajan bajo la misma consigna: servir.
El equilibrio en casa
Pero la jornada no termina cuando se retiran del servicio. La vida familiar exige otra disciplina. “Es un trabajo no muy sencillo, pero muy satisfactorio”, dice Natanael sobre combinar el Ejército Mexicano y la familia.
Más que un uniforme
Disciplina, lealtad y humanismo son los valores que ambos destacan. En operativos contra la delincuencia, en brigadas médicas o ante un desastre natural, la misión es clara.
“Hay misiones difíciles, pero si es necesario, ahí estaremos”, afirma Esthela con serenidad.
En Tapachula, donde la frontera marca dinámicas particulares y la temporada de lluvias puede transformar el paisaje en cuestión de horas, el Ejército Mexicano permanece como presencia constante.






























