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Culturamiércoles, 1 de julio de 2020

¿Afrodescendientes en Querétaro?

Donna Oliveros / Diario de Querétaro

En Querétaro como en otros lugares del país, la población afrodescendiente y afromestiza ha sido invisibilizada por la historiografía oficial, y borrada de la memoria colectiva.

Además de distorsionar la historia colonial, Armas y Solís plantean que la falta de información sobre negros y castas en Querétaro niega la influencia cultural que estos grupos tuvieron sobre la población actual.

“Nosotros no cargamos a los niños como los indígenas ni como las españolas, los cargamos como las culturas africanas, es decir, atravesados en la cadera”, explica Pérez Munguía, quien asevera que en la lengua también se encuentra la presencia de esta población.

“De hecho Rolando Pérez, quien se dedicó a analizar la genealogía del verbo chingar (…) encontró que esta palabra es de origen africano, proviene de la palabra kuxinga, utilizada en dos o tres lenguas africanas (como la Kimbundu) y significa molestar”, detalló.

La tercera raíz queretana

Tras la denuncia de las vejaciones y abusos sobre la población originaria, en 1530 Carlos V decretó que los indígenas no podían ser hechos esclavos, al ser considerados “humanos, súbditos libres y paganos”.

Las familias más ricas de la ciudad también poseían esclavos, quienes eran empleados al interior de los hogares para el cuidado de niños, en la limpieza o como cocheros, jardineros, mayordomos y cocineros.

Obrajes y epidemias

De acuerdo con Pérez Munguía, el primer obraje en Querétaro quedó registrado en 1589 y el segundo en 1591. Tan solo en dos años el número de operarios africanos y mulatos libres (16 y 32 trabajadores respectivamente) se duplicó en ambos espacios.

“En un lapso de 29 años que van de 1587 a 1616, Urquiola Permisán registra 292 cartas de servicio, de las cuales, 105 son contrataciones para los obrajes, el resto corresponde a servicio doméstico y vaquería”, señala la investigadora en su estudio.

No obstante al crecimiento demográfico, la sobreexplotación y los abusos cometidos contra los esclavos y afromestizos libres, así como la pandemia de la viruela (1779) y la hambruna (1789), impactaron en la densidad de población.

Aunado a la epidemia, se encuentran las condiciones de pobreza en la que se hallaba este sector de la población, situación que exacerbó su situación de vulnerabilidad y marginación.

En los obrajes, específicamente, se presentaban una serie de irregularidades y abusos, que hasta el mismo corregidor Don Miguel Domínguez denunció a principios del siglo XIX, ganándose la enemistad de las clases acomodadas.

Tal era el contexto, que los obrajes servían como prisiones y correccionales; las autoridades acostumbraban a enviar a ladrones, vagabundos y prófugos de la justicia para cumplir ahí sus condenas, apunta Pérez Munguía.

Pese a estas condiciones de trabajo y de vida, la población de afromestizos se mantuvo de pie, y a través del tiempo se fue mezclando con las demás etnias y agrupaciones.

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