diariodequeretaro
Culturajueves, 30 de abril de 2020

¡Exprésate con Barroco!

El concurso de cuentos infantiles ¡fue todo un éxito! Arribaron historias fantásticas de ciencia ficción, fábulas, algunas que describen la lucha contra el coronavirus y hasta novelas románticas

La historia de mi vida

Cynthia Pérez Puga / Diario de Querétaro

Autora: Adara Muñiz (Primer lugar)

Por fin pude abrir mis ojitos y logré ver a mi madre y a mis hermanitos, uno de ellos era muy bueno conmigo, a el lo llamaron Tedi porque parecía un osito de peluche, siempre jugábamos juntos, compartíamos la misma leche, éramos como mejores amigos.

Un día llego el humano y nos puso un collar a todos, tenía el nombre de cada uno y nuestra dirección, aunque yo no entendía muy bien qué era cada cosa, sentía el amor que ese humano nos tenía a todos, me sentía feliz, me gustaba todo lo que pasaba a mi alrededor.

Aunque extrañaba mucho a mi hermano y a mi madre, sabía que tenía que seguir adelante y buscar a un humano que me quisiera y me alimentara, ese día no comí́ nada y me sentía muy hambrienta, pero así́ me quede dormida.

Agradecí haber conocido a aquel perro, aunque nunca supe su nombre, porque él me enseñó a poder alimentarme de esas bolsas negras que aparecían por todas partes.

Ellas me trataban muy bien, como a una hija; me vestían, me alimentaban muy bien y todas sus conocidas decían que yo era una perrita hermosa, y todo gracias a ellas.

Pasaron los meses y cuando por fin pude ver a la pequeña humana, ellas me la acercaron para que la oliera y la conociera, después se dirigieron a su pequeña y le dijeron: “Mira bebé, ella es tu hermanita peluda”.

Por eso hoy mi familia y yo NOS QUEDAMOS EN CASA.

El día que fui superhéroe

Autor: Axel Julián Sanabria Giroux (segundo lugar)

Un día todo paró, mi escuela cerró, no vi más a mis amigos, mi abuela y abuelos nos hablaban diario para saber cómo estábamos.

Hacíamos tareas por montones, ya no pude salir al supercito y papá no me abrazaba cuando llegaba, me puse triste y me dio miedo, pero mamá me tranquilizaba.

Vi videos para saber que ahora quedarme en casa sería un súper poder. ¡Si yo no salía, el virus malo no se acercaría a mí!

Y así yo podría ser más fuerte, más valiente y más rápido que él, si yo no salgo, mi hermanito no se enferma, mi abuelita se queda sana y papá y mamá no se pondrían tristes.

Empecé a ser valiente, el jabón es mi mejor arma, me lavo las manos seguido. He aprendido a hacer más cosas, las horas ya no importan; ahora sé donde queda cada cosa de la casa. He visto películas, dibujado, cantado y comido sano.

A veces me aburro, me pongo triste y me enojo, pero mamá dice que eso es normal y pasará. Papá ahora pasa más tiempo con nosotros, esto de ser superhéroe me gusta más, tal vez este año no salga a pasear, pero estoy más seguro en casa.

Los señores Pepinillo y Aguacate ¡a la carga!

Autor: Yolet Guerrero Hernández (tercer lugar)

De un planeta muy muy lejano llamado Covid-Land, arribaron a nuestro planeta Tierra millones de naves que contenían un virus letal para acabar con la humanidad. Aterrizaron en diferentes continentes causando miedo, pánico y preocupación.

Ese virus era muy fácil de transmitirse y propagarse, muy fácil. Por todo el mundo, todos en el planeta Tierra, corrían a sus casas pues no tenían que salir a la calle.

El señor Pepinillo, preocupado por la situación, se encerró en su laboratorio secreto en las montañas rocosas en la ciudad de Querétaro.

Comenzó haciendo pruebas con diferentes productos para saber cómo exterminarlo, sin embargo, necesitaba un aliado; alguien que fuera valiente y tuviera el mismo objetivo que él: Salvar al mundo eliminando al Covid –19 como por arte de magia.

Cierto día llegó a su puerta el señor Aguacate buscando a alguien que quisiera ayudarlo a combatir al Covid- 19.

Mientras tanto, en las naves seguían llegando a los hospitales poco a poco gente, quienes presentaban diferentes síntomas que los obligaban a conectarse a una máquina para poder vivir.

El señor Aguacate empezó a crear una máquina que lanzaba slime y al hacer la prueba, el señor Aguacate y el señor Pepinillo duraron pegados ¡dos días!

¡Los premios!

Menciones honoríficas

El perro perezoso

Autora: Ariadna Valle Martínez

Esta es la historia de un perro que era muy perezoso, tan flojo que no hacía otra cosa más que estar echado. Así, sin decir ni hacer nada... todo el día y toda la noche.

Sus papás perrunos se enojaban y se entristecían, pues todos los días la maestra Cuca, la Urraca, les decía que Pompilio, el perro perezoso, no hacía sus tareas, por lo que nunca se graduó de la escuela de mascotas de la tía Cuca Urraca.

Pasó el día que los hermanos de Pompolio se fueron, pero él se quedó haciendo lo de siempre ... Se quedó quieto, echado y sin jugar, en el fondo de la enorme canasta.

Al verlo siempre, sin moverse y peludo como un pedazo de alfombra, se dijeron entre ellos...

- ¡Si no se mueve mucho, no comerá mucho, por lo que no gastaremos en su comida, además es muy silencioso y servirá para entretener a nuestro berrinchudo hijo, es una ganancia total... Ganancia absoluta como nuestras alfombras! -

Era Juanillo Hilacho Fibrin, el único hijo de sus nuevos amos, el niño era gordo como una albóndiga, pecoso y güero como una papa cruda, chilló gritando

-¡¿Dónde está el perro?! ¡Quiero jugar con él! -

La aguda voz berrinchuda de Juanillo hizo que Pompilio por primera vez en su vida sintiera temor, levantó su mirada y antes de que pudiera reaccionar, el niño gordo lo agarró por sus largas orejas, comenzando a acariciarlo bruscamente...

Si tan sólo hubiese hecho sus tareas, y hubiera obedecido a sus papás que querían lo mejor para él, ahora sería un veloz perro que escaparía de inmediato, o un valiente perro cazador que acompañaría a mejores amos a largos y peligrosos viajes.

- Pobre Pompilio, si tan solo hubieras escuchado a tus padres y maestros, serías un perro feliz y libre

La avecilla, con un movimiento de sus alas, movió mágicamente al pesado niño que roncaba hasta su cama y Pompilio suspiró aliviado.

-Yo, lo sé, señora... señora… - El perro perezoso titubeó

- Llámame Lechuza Azul, a pesar de vivir muy lejos, en un bosque que está más allá de los sueños, me han enviado hasta aquí... para que en realidad aprendas -

-Oh sabía lechuza azul, creí que nadie podría salvarme, aprenderé, haré caso en todo lo que usted me diga, ¿qué magia puedo tener para cambiar? -

-Deseo volver al pasado y no ser perezoso,- dijo triste el perrillo a punto de llorar.

-El pasado no puede cambiarse, el futuro es desconocido, sólo tienes el presente. ¿Qué harás con él? -

- ¡Cambiare, nunca más seré perezoso, lo prometo!, - comento Pompilio con lágrimas en los ojos.

-Toma y guarda bien esto en tu collar - dijo la lechuza azul y le dio una piedrita redonda, brillante y verde.

-Será tu recompensa... si sabes aprovecharla -

El perro observó la monedita verde y al volver a mirar hacia la ventana y en toda la habitación, la lechuza azul se había desvanecido en el aire.

Pompilio guardó la joya y sin perder el tiempo, caminó y caminó, hasta que llegó a una pequeña casita que se encontraba en el interior de un enorme tronco hueco, ahí cansado y adolorido se echó a dormir en el viejo portón de la cabaña.

A la mañana siguiente despertó por una dulce vocecilla.

-Pobrecillo, está temblando y está muy flaco, le daré un buen hogar -

-¿Qué extraño? - dijo la ancianita mientras comía un delicioso pastel.

-¡No recuerdo haber comprado ese tapete! - dijo señalando a Pompilio.

El medio ambiente y la contaminación

Autora: Dasha Danae Montoya López

Había una vez un planeta llamado Tierra, al principio estaba muy saludable y hermoso con su belleza natural, un día una persona quiso experimentar una actividad diferente, ya que estaba aburrido.

Entonces fue al bosque y cortó árboles e hizo sillas y una mesa, les enseñó a varias personas cómo hacerlo y empezaron a cortar muchos árboles. La tierra se molestó porque a sus amigos, los animales, les estaban quitando su hábitat.

Pasó el tiempo y el mismo hombre fue al pueblo donde vivía, a platicar con las demás personas y les dijo: “Podríamos usar los árboles también para mejorar nuestras casas”, todos estuvieron de acuerdo, y fueron y cortaron más árboles.

La Tierra, al ver lo que los hombres estaban haciendo, sacó su furia generando una tormenta para destruir sus casas, así como ellos le habían hecho a sus amigos los animales.

Al día siguiente, al ver los daños que había dejado la tormenta, las personas empezaron a preguntarse por qué les sucedía eso.

En la ciudad empezaron a construir muchas fábricas, plástico, carros, teléfonos, tablets; todo eso afectaba a la madre Tierra porque había animales atrapados en plástico y basura; todo eso generó muchos incendios, enfermedades, y ríos y mares contaminados.

La Tierra no sabía qué hacer para que las personas entendieran todo el mal que le estaban haciendo al planeta y a ellas mismas.

Luego comenzó a pasar algo aún más terrible, surgió un virus llamado Covid -19 que afectaba a todo el mundo, había personas muertas y las autoridades pidieron que todos se quedaran en casa para que eso pudiera acabar.

Esa situación le estaba sirviendo a la Tierra para descansar de la contaminación de las fábricas, de los carros; los mares estaban tranquilos, sin tanta gente ni basura en el agua.

Aquello tenía que pasar para que todos pudieran valorar la vida que llevaban y si todos se quedaban en casa y hacían lo que les pedían, podrían salir adelante juntos.

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