Lee tu texto en voz alta: incluso, si en con tono dramático (gran ventaja de los dramaturgos), mejor. Leer en voz alta puede ayudar a detectar errores gramaticales y de puntuación, así como problemas de fluidez y coherencia. No obstante, la lectura en voz alta deberá complementarse con el punto 5 de la presente lista.
Revisa tu texto una, dos, tres… varias veces: es importante revisar el texto no una, dos, tres… sino varias veses, quizás muchas, con el fin detectar errores que puedan haber sido pasados por alto en revisiones anteriores (¿detectaste el error?).
Utiliza herramientas de corrección ortográfica y gramatical: hay muchas herramientas de corrección ortográfica y gramatical disponibles en línea, como Grammarly y Hemingway Editor, que pueden ayudar a detectar errores y mejorar la calidad del texto. El viejo confiable Word de Office cuenta con la función “Editor” para efectuar correcciones, mejoras, y hasta similitudes con otros materiales en línea (¡cuidado con el plagio!),
Elimina palabras innecesarias: es importante revisar el texto para asegurarse de que no hay palabras o frases innecesarias que puedan distraer o desmotivar al lector, o hacer que el texto sea confuso. No todos somos James Joyce, ni todos los lectores entenderán tus tribulaciones en torno a la insoportable levedad del ser.
Verifica la consistencia del texto: es importante verificar la consistencia en cuanto al uso de tiempos verbales, ortografía y puntuación a lo largo del texto. Para ello, te sugiero hacerte de un diccionario de gramática, otro de puntuación, uno más de ortografía y un diccionario lexicográfico.
Pedir comentarios y opiniones: puede ser útil pedir a alguien que revise el texto y ofrezca comentarios y opiniones sobre cómo mejorarlo. Evita tanto a los lectores aduladores como a los que no tienen amor por la literatura. También aléjate de quien confunden crítica con descalificación. No existe esa tontería de «crítica constructiva», la crítica siempre construye. Cuando la crítica destruye es descalificación, insulto, ofensa, pero no crítica. Si ya has publicado anteriormente y tu trabajo ha sido valorado por un crítico, toma nota de lo que señala respecto a tu obra. Si los grandes autores han aceptado y aprendido algo de la crítica, por qué no habríamos de hacerlo nosotros.
Tómate un descanso: después de haber escrito y revisado el texto varias veces, es importante tomarse un descanso para alejarse del texto y volver a él con una mente fresca para detectar errores o mejoras adicionales.
Escribe, escribe, escribe: si no te apasiona el trabajo literario, mejor busca otra opción para tu expresión artística. Si para ti escribir se tornó pesado, difícil o exahustivo, es momento de que cambies de oficio.
Y lo más importante: lee, lee, lee: termina de leer y vuelve a leer… Lee por amor, lee por vicio, lee por placer. Lee como algunos leemos, como si tu vida dependiera de ello.
Muéstrame cómo escribes y te diré quién te edita: así como el autor, el editor debe amar la literatura. Si no ama la literatura, no es un editor, sino un mercenario del libro. No te dejes editar por cualquiera que te prometa el Nobel si pagas con tus ahorros los gastos de edición. Que no te timen.