Alfonso Franco Tiscareño / Colaborador Diario de Querétaro
Hay muchos miedos más allá del coco, parecen muy irracionales, pero existen, y hay que considerarlos para superarlos: miedo a los monstruos espaciales, a los fantasmas, a lo desconocido. La angustia que provocan puede dar lugar a respuestas desaforadas, sin control.
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“El hombre por instinto teme a lo inexplicable y cuando ese temor se hace colectivo en ocasiones mueve a la risa, sí, a menudo los hombres se burlan del miedo como en esta historia…” con estas palabras inicia este mediometraje que forma parte de la película titulada La puerta y la mujer del carnicero, (México, 1968), compuesta de dos cortos en donde el primero es este, Lapuerta, que aborda el tema del miedo. El argumento es de Luis Alcoriza y Pedro Miret, la dirección es del mismo Alcoriza. Recordemos que este último escribió guiones conjuntamente con el cineasta español Luis Buñuel, muchas de esas historias y anécdotas del trabajo de ambos se narran en el libro Mi último suspiro. Ese aire buñuelezco se respira en Lapuerta, aunque nunca alcanza las dimensiones maestras de, por ejemplo, El Ángel exterminador , de Buñuel.
En la película vemos cómo un grupo de jóvenes fresas, de la onda a go go, y sus burgueses y superficiales padres, se enfrentan a un evento extraño y que sí podría producir mucho terror si se diera en la realidad. Existen muchos tipos de miedos, no sólo a lo desconocido, sino también a lo conocido, no sólo por cobardía sino por inexperiencia, por comodidad. Tienen muchos orígenes y se padecen de muchas formas que limitan y frenan a quienes los sufren. No es tan fácil combatirlos, se pueden negar, esconder, incluso se puede aparentar ser valiente ante ellos, se pueden retar a la vista de los demás, y aún así están ahí. Por ejemplo en esta película, donde vemos a una familia que apenas compró una casa y organizan una fiesta, para celebrar. Ya en el guateque uno de los invitados abre una puerta detrás de la cual hay un pasillo oscuro en el que desde el fondo aparece un hombre que intenta salir, y cuando le cierra la puerta regresa por donde vino. Esto intriga a los invitados que al principio manifiestan sorpresa y miedo, pero después abren y cierran la puerta mientras el hombre va y viene sin alcanzar a salir. Los invitados comienzan a hacerse los chistosos, escondiéndose, dándose valor entre todos y retando a ese individuo, desnudo y misterioso, que está detrás de la puerta, al cual en cuanto ven que se acerca a la salida le cierran apresuradamente. Y aunque ellos son muchos más, todos se achican, se echan para atrás, la adrenalina les sube, fingen risas hipócritas porque por dentro están aterrorizados.
Miedo es igual a supervivencia. En el desarrollo de la especie humana éste ha jugado un papel fundamental para protegerse, cuidarse, para estar atentos a los peligros. El miedo puede tomar muchas formas, y se ha modificado de diversas maneras con el paso de los siglos. Puede haber los que se aprenden, otros que surgen a partir de experiencias desagradables y otros que son producto de la inseguridad personal, de la falta de autoestima, y que llegan a producir miedos irracionales. Hay quienes dicen que el único miedo real es el miedo a la muerte, de éste derivan todos los demás. Franz Kafka escribió: “Tiene miedo de morir porque aún no ha vivido”
Lo verdaderamente importante estriba en cómo superar los miedos, porque no se puede vivir permanentemente bajo su dominio. Y es mucho más grave cuando a ellos se suman la culpa y la preocupación. Es un coctel mortal. Entonces, ¿qué soluciones hay para enfrentarlos? En la película la única decisión que toman los convidados es vacilar a la criatura desnuda. De hecho, eso es lo que hacemos siempre con los miedos que padecemos, pero esa no es a la solución, podría haber otras. Pero en la película, así es como tanto los chavos fresas como la burguesía opulenta, conservadora y reaccionaria deciden enfrentar al miedo. Con un manual de psicoanálisis de bolsillo podemos ver que la parte oscura representa el inconsciente y la parte donde se desarrolla la fiesta sería el consciente. La situación representada nos muestra cómo se enfrenta lo que habita en el inconsciente: con evasión, negación, bromas, risas, vaciladas, estupideces. Nadie decide enfrentarlo de frente. Esos miedos son más que un hombre tras la puerta refundido al fondo de un pasillo oscuro. Existen temores muy concretos, como el miedo al fracaso, que se convierten en inseguridad, falta de autoestima, temor a que te juzguen, y uno de los mayores miedos: amar sin condiciones.
Pero hay miedos de los que no se habla. Es válido preguntarse porqué no se le tiene miedo a la mentira, a la cobardía, al insulto, a la holgazanería, a la maledicencia. Es válido tener miedo hacia lo peor de uno mismo, y como dicen por ahí: miedo al miedo, a ser un mediocre, un hipócrita, a la mentira.
Existen otros más concretos y brutales: miedo a ser perseguido, a ser atacado por tus ideas, a la uniformidad de criterio, a la voz única, al autoritarismo, a la persecución política (que es increíble que en estos tiempos siga existiendo), a los represores, a los silenciadores, a los calumniadores. Son miedos que habría que atender de inmediato con la justicia y las leyes en la mano, con democracia y pluralidad. La mayoría decide mejor callar para no meterse en problemas. Otros miedos tienen origen en situaciones muy concretas como el sufrimiento, la familia disfuncional, las adiciones, el abandono, la violencia física y psicológica, el maltrato, la miseria económica, la segregación y el racismo.
El miedo al hombre desnudo que habita en lo oscuro detrás de la puerta es sólo una metáfora de todos esos miedos latentes en nuestra mente y en nuestro corazón. Muchos de ellos nos han permitido sobrevivir, pero muchos otros nos paralizan, nos limitan, nos enferman. Lo que la película nos pregunta es si acaso podemos dejar llegar los miedos hasta el filo de la puerta. ¿Y si te rebasan?, ¿y si se salen? Sería mejor enfrentar de una buena vez al monstruo que tienes encerrado en el clóset.