La entrevista completa con Michael Hainey la puedes encontrar, caro lector, en el portal de la revista Esquire. Springsteen on Broadway se estrenará el próximo 16 de diciembre en la plataforma Netflix. Simplemente imperdible.
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Michael Hainey, periodista, escritor y director editorial ejecutivo de la revista Esquire, autor de After visiting friends: a son’s story (Scribner, 2013) entrevistó a finales de noviembre a Bruce Springsteen, con motivo de su espectáculo Springsteen on Broadway, que se ha presentado durante el 2018 y que el 16 de diciembre se estrenará en la plataforma Netflix.
La primera vez que el periodista se encuentra con Bruce Springsteen es detrás del escenario en el teatro Walter Kerr en Nueva York. Para la entrevista bastaron pocas semanas, la recomendación del publicista de Springsteen es que Hainey llegue antes del espectáculo para que pueda realizar la entrevista. A las 19:00 horas llega, le piden que tome asiento en un pequeño sofá cerca del baño tras bastidores. Tras cinco minutos de espera, un hombre que viste botas de trabajo negras y pantalones vaqueros también de color negro se dirige hacia él, extiende su mano y dice: "Soy Bruce": “Nos damos la mano y luego se hace el silencio. Me mira y yo lo miro, sin saber qué decir. Bruce es más alto de lo que aparenta, pero de alguna manera, sigue siendo el niño raquítico en la chaqueta de cuero, posiblemente empequeñecido en nuestras mentes debido a los años que pasó apoyándose contra Clarence Clemons (inseparable saxofonista de Springsteen, figura emblemática de la E Street Band, fallecido en 2011)”.
Curiosamente ADN es la primera palabra que Springsteen dice cuando sube al escenario. Una elección improbable, poco romántica y no poética para un hombre que siempre ha estado más relacionado con lo sensorial que con la ciencia. Sin embargo –escribe Hainey– en muchos sentidos, el ADN es el implacable antagonista de Springsteen. Esta es la tensión central de Springsteen en Broadway: el yo que nos sentimos condenados a ser a través de la sangre y la familia en comparación con el yo que, si podemos, si tenemos el coraje y el deseo, existirá. Springsteen, como lo revela en su espectáculo, al igual que muchos de nosotros, ha pasado toda su vida luchando con esa pregunta que nos persigue, que nos tortura: ¿Me limitará mi ADN o definiré quién soy?
El ADN es una metonimia para referirse a su padre, un tipo trastornado que lo torturaba de niño, que lo humillaba en presencia de su madre, mientras amenazaba a ésta con destruirla si permitía que su hijo se dedicara a otra cosa que no fuera lo que tradicionalmente conocemos como trabajar.
En la puesta en escena, Bruce habla sobre el momento en que abrió sus ojos a lo que era posible si uno creía en el poder de la autocreación. En una noche de domingo, de 1956, Bruce Springsteen, de casi siete años, está viendo la televisión con su madre, Adele, en la sala de estar de la pequeña casa de cuatro habitaciones en Freehold, Nueva Jersey, en donde cohabita con sus padres y su hermana. En aquella noche Bruce ve a Elvis Presley. En ese momento, en esa visión, se da cuenta de que hay otra manera de hacer las cosas, que puede crear una identidad aparte de "el agujero negro sin vida que succiona" que es su infancia y el destino manifiesto que representa el sino paterno: "Todo lo que necesitabas hacer", dice Springsteen cuando desempaqueta la lección que Elvis le enseñó, "era arriesgarte a ser tu verdadero ser".
Para Hainey, la pregunta esencial a Springsteen on Broadway podría ser la siguiente: ¿Estamos condenados a obedecer el destino que corre por nuestras venas? Bruce mira hacia a su izquierda, al espejo de su camerino, en cuya superficie está bordeada con fotografías de las influencias de un adolescente: John Lennon en su camiseta de New York City, un joven Paul McCartney, Patti Smith, Johnny Cash… Ellos son, como Springsteen me dice más tarde, "los antepasados".
Es en este espejo y hacia estos talismanes que Springsteen mira a menudo cuando responde a las preguntas de Michael Hainey. Con su característica humilde, Springsteen escucha atentamente y responde con total disposición. Su carácter es de naturaleza tranquila, su voz baja y suave, su tendencia a ser autocrítico es evidente. Sonríe con facilidad y le gusta beber ginger ale. A veces, antes de decirte algo personal, deja escapar una breve carcajada nerviosa. Por encima de todo, habla con la revelación de un hombre que ha pasado más de tres décadas en el análisis de sí mismo, lo que sin duda lo llevo a salvar su vida:
“El ADN es una gran parte de lo que abordo en Springteen on Broadway: convertirse en un agente libre (argot del futbol americano para referirse a un jugador independiente). O, en la medida de lo posible, en un adulto, por falta de una palabra mejor. Es una historia de la mayoría de edad, y quiero mostrar cómo debe ganarse esto, la mayoría de edad. No se le da a nadie. Se necesita un cierto propósito único. Se necesita autoconciencia, un deseo conciente de ir allí, además de la voluntad de enfrentar todos los elementos tan temibles y peligrosos de tu vida (tu pasado, tu historia) que debes enfrentar para convertirte en un agente tan libre como puedas. Esto es de lo que trata el programa ... Soy yo recitando mi "Canción de mí mismo".