De acuerdo con Enrique, esa percepción empieza a cambiar alrededor de los 14 años. Por eso, para poder ser miembro de la Asociación Amigos del Ferrocarril de debe ser mayor de edad y esperar a que alguno de sus diez miembros se salga.
UN GUSTO COMPARTIDO
“Mi encomienda es que las nuevas generaciones conozcan los trenes… hay niños que no saben qué es un tren de pasajeros”; por eso exhiben la maqueta a todo el que quiera visitarla y en un buen domingo, reciben hasta 200 personas.
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En la ciudad de México, a los seis años Edgar Romero pasaba caminando por el patio de cargas de Ferrocarriles Nacionales entre avenida Granjas, San Pablo y otras calles. Cada fin de semana veía decenas de vagones sucios y oxidados por el uso, pero un día le tocó ver los nuevos trenes recién llegados de Estados Unidos: colores vivos, logotipos llamativos, acero brillante. Al día siguiente en la escuela lo único que hizo fue dibujarlos.
Ese gusto por el dibujo y por el contraste entre los carros nuevos y los viejos fue evolucionando hasta convertirse en un oficio no sólo sobre el papel, sino que Edgar Romero es ahora uno de los artistas que recrean la maqueta monumental de la Vieja Estación del Ferrocarril, propiedad de la asociación Amigos del Ferrocarril y que este mes de octubre cumple 15 años de estar abierta al público para deleite de niños y grandes aficionados a los trenes.
La historia de Edgar se repite en los diez integrantes de esta asociación, que preside Enrique Suárez: siendo niño queretano, camino a la primaria, Enrique pasaba por las vías del tren y disfrutaba observarlos, tocarlos y, claro, subirse de mosca, como muchos otros niños lo hacían en una época en la que los peligros no los limitaban. Muchas veces Enrique no iba a la escuela con tal de quedarse viendo el ir y venir de las ruidosas locomotoras, las cuales desde entonces son su fascinación. Suárez estudió arquitectura pero su pasión siguen siendo los trenes. Creó la asociación el 31 de octubre de 2002 y durante los siguientes cuatro años construyó junto con los otros nueve miembros, la maqueta que se exhibe cada domingo en el segundo piso de la Vieja Estación, de 12 a 17 horas.
Cada año, explica Enrique Suárez en entrevista, los diez integrantes de la asociación celebran su aniversario con una convención que congrega a aficionados de los trenes. En 2017 la fiesta fue en agosto y vinieron ocho maquetas para deleite del público, que sumó unas dos mil personas durante los tres días que duró la convención.
La gente que visita la convención es aficionada a los trenes pero no necesariamente al crear maquetas, pues, en palabras de Suárez, no todos tienen el tiempo, las ganas o el espacio. Es por ello que la idea de la convención es que las personas lleven sus carros y los puedan correr en las maquetas dispuestas para ello; este año, la convención recibió ocho maquetas, dos de ellas listas para recibir trenes de aficionados.
Los trenes son la fascinación de muchos niños en todo el mundo. Aquellos que viven cerca del paso de un tren aprenden a distinguir los sonidos de la bocina de la locomotora, de los vagones al pasar, el tren que se detiene. La costumbre infantil de decir adiós al tren mientras se cuentan los vagones se traspasa de generación en generación de forma inconsciente. El tren forma parte de la infancia de todos los niños del mundo con canciones, juegos y juguetes didácticos. A algunos el gusto por los trenes se les olvida pronto, pero a otros los acompaña siempre y, como Enrique, Edgar y muchos otros, se vuelve una forma de vida.
El juego de unir carros y gatear junto a ellos mientras con la mano se hacen avanzar evoluciona con la edad hasta convertirse en algo serio que los aficionados llaman ferromodelismo. Enrique explica “Hay trenes para niños diseñados para la dimensión de sus manos y pueden ser un juguete, pero ¿en qué momento cambia a algo serio?, cuando sus maquetas empiezan a ser a escala y sumamente realistas. Esa capacidad de recrear un lugar es lo que hace la diferencia. Un muchacho mayor de edad ya entiende esa diferencia entre la precisión y exactitud a un juego”.
Pero ¿y el juego? ¿se puede jugar con la maqueta? Sí, afirma Enrique. “Se puede, porque es tu recreación”. Y abunda que en el ferromodelismo, como en todo lo que involucra pasión, hay reglas que varían. Por ejemplo, hay quienes no permiten que se mueva ninguna de las piezas y la maqueta es sólo para mirar, hay quienes diseñan algo que no existe y hay quienes recrean con altísima precisión todo un universo. Pero en todos los casos, el objetivo es el disfrute, el deleite ya sea con sólo observar o jugando al mover las piezas. “No hay límites, plásticamente puedes hacer todo, incluso algo irreal pero que sea coherente en el universo creado dentro de la maqueta. Si haces una maqueta de dinosaurios y le pones un tren debe ser verosímil” sostiene Suárez.
El modelismo de calidad no es de fácil acceso, es costoso, aclara Suárez. La maqueta que se exhibe en la Vieja Estación y que recrea el trayecto del tren desde Querétaro hasta el Estado de México costó mucho dinero, tiempo y hasta conflictos familiares. “El módulo básico de la maqueta nos llevo cuatro años y se sigue modificando. Los primeros cuatro años fueron los más complicados porque conseguimos manos, recursos, todo, que afortunadamente ahora ya no necesitamos”.
“Cuando quieres emprender un proyecto como este no puedes solo, por eso hicimos una asociación para poder hacer los aportes”. Los materiales también son difíciles de conseguir y aunque la compra en línea facilita las cosas, sigue siendo un gusto caro y que exige mucho tiempo y precisión. “En mis tiempos no había ni dónde comprar y tenía que hacer todo con palitos, pero vas creciendo, preguntando y hoy ya tengo la referencia clara para saber qué necesito para hacer qué cosa”.
Y abunda “de los socios, no todos tienen la habilidad para hacer todo. El que sabe pintar lo ponemos pintar, el que sabe poner una escena graciosa, lo ponemos, otro dice ‘no sé hacer nada sino barrer’ pues barre. Lo importante es confiar en que se puede tener esta maqueta y tener ganas. Todos hemos aprendido que con tus manos puedes hacer lo que tu ingenio te diga, si tienes creatividad, tu ingenio te dice qué hacer”. Para hacer una maqueta como la queretana es necesario tener fotografías de acuerdo a lo que pretenden recrear a escala, aunque deben documentarse con revistas especializadas para resolver el uso de los materiales. La idea es hacer que los temas sean totalmente mexicanos; la queretana representa el recorrido en tren de Querétaro a San Juan del Río con algunos de los lugares representativos de cada estación.
Aunque hay cosas que son iguales en todo el mundo, en la maqueta queretana se preocupan por darle el toque mexicano ¿cómo? poniéndole, por ejemplo, los colores de Pemex a una refinería, explica Edgar Romero, quien se dedica de manera profesional al ferromodelismo desde 1988 y no sólo trabaja en Querétaro sino que hace maquetas por encargo.
Además de la maqueta, el objetivo de la asociación es tener presencia en las convenciones nacionales llevando algo de Querétaro, como lo son maquetas modulares portátiles. Han realizado 15 eventos de aniversario y 21 convenciones nacionales. Y en comparación con las demás, la queretana es de las mejores, afirma Suárez.
La maqueta atrae a chicos y grandes por igual que disfrutan el interminable ir y venir de varios trenes que recorren las estaciones queretanas. Está dotada con todos los sonidos que hace el ferrocarril: desde la locomotora y su bocina hasta el cambio de vías. Se puede ver en el recorrido la estación de ferrocarriles de La Otra Banda y el barrio de San Sebastián, también la estación de La Griega, San Juan del Río, Hércules con su fábrica, un barranco con su carro al fondo, dos puentes: uno de arcos y otro de vigas de concreto, e infinidad de escenas detalladas que hacen que en cada visita se descubra algo nuevo, visita que se enriquece con el paso del tren real y que define la vida en el barrio de La Otra Banda desde hace 113 años.