Colorido y tradición en El Pueblito
Miles en la mayor fiesta de Corregidora
Redacción
Por Eduardo Hernández y Fernando Trejo
CORREGIDORA, Qro.-
La ansiosa expresión del joven aporreado, cobra tintes de pánico, al percatarse de que docenas de personas se precipitan sobre él, algunos tropiezan y propinan nuevos golpes al caído, otros más esquivan el nuevo obstáculo y los menos muestran solidaridad.
Las patas arrancan el conocido golpeteo de pavimento nuevamente y el desorden empieza otra vez, el espacio se comprime y las muchachas se agazapan en una camioneta de redilas para escapar del griterío y el tumulto.
A su paso, el animal embiste con un costado el improvisado refugio y las adolescentes sueltan gritos de ansiedad y desesperación mezcladas con alivio y regocijo, cuando el toro se aleja, sólo queda la estela de personas corriendo por placer.
TRADICIÓN
Una de las tradiciones y fiestas religiosas más arraigadas en el municipio de Corregidora, son aquellas en honor a la Virgen de El Pueblito, que se realizan desde que Santa María del Pueblito fue encontrada por los indígenas en la pirámide del Gran Cue en 1632.
Desde las ocho de la mañana habitantes y visitantes acuden al Santuario de Santa María del Pueblito, para la bendición de los bueyes que serán sacrificados y continuar con las festividades de la demarcación, como el Día del Caldo, que se llevará a cabo este lunes.
Después de la bendición matutina de los bueyes, salen por el pueblo acompañados por los mayordomos, las tenanches y los habitantes, que cuelgan tortillas, verduras, frutas, vinos entre otras ofrendas.
Las calles se visten de colorido y ruidos de los jóvenes y viejos habitantes que van al frente de los bueyes corriendo, cuando son asustados por los mismos mayordomos que gritan -se soltó, se soltó-, lo cual provoca un ambiente de miedo entre los asistentes.
Detrás de los bueyes se vive una de fiesta, son acompañados con banda hasta el término del recorrido por las calles de El Pueblito, que dura entre una hora, y hora y media.
El Paseo del Buey termina en la plaza principal, a un lado del templo donde se congregan los habitantes, ahí dan el último visto bueno a los animales que serán sacrificados para el deleite de los lugareños.























