
La cuestión de si el arte es o no una forma de hacer investigación académica ha sido ampliamente debatida en nuestros días, sobre todo ante el hecho de que definir al arte como investigación no es una cuestión trivial, debido a que su metodología es tan diversa como artistas en el mundo y a que de su definición dependerá si los posgrados en arte reciben o no apoyo por parte de los fondos estatales para la investigación, digamos instituciones como CONACYT o FONCA.
Pero entender al arte como una forma de investigar al mundo tiene consecuencias mucho más relevantes que cuestiones de carácter presupuestal o académico, el arte que perdura en el tiempo pocas veces se hace desde la academia y cuando se hace desde allí es necesariamente una academia alternativa, por ejemplo la Bauhaus alemana. Y es que lo que cuenta de la academia no son características de orden metodológico, de instalaciones, o de prestigio, sino de orden intelectual, lo que hace grande a una escuela es quién enseña ahí, son sus profesores.
Esta discusión sobre la cualidad investigadora del arte, sin embargo, resulta pueril para cualquier persona que haya creado arte al menos una vez en su vida, pues hacer arte modifica nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos y en ese sentido es siempre investigadora de los múltiples niveles de realidad (de lenguaje) en nos movemos. Es evidente que “crear” involucra conocer y enunciar, no creamos de la nada, sino a partir de lo que es conocido por nosotros, es decir a partir de lo que somos de forma precedente y que actualiza nuestras posibilidades de “ser” y de “conocer” a través del acto mismo de la creación. Que en última instancia es también una forma por parte del autor (creador) de enunciarse en el mundo, de arrojarse hacia adelante como un Dasein.
Pero la investigación en las artes es absolutamente libre, y su racionalidad y distinta a la de las ciencias o a la de la filosofía. Creo, sin embargo, que dentro de este terreno infinito de libertad que las artes se han ganado a lo largo de la historia del arte, es importante que el artista se comprometa con causas y criterios que le den Forma a su trabajo. Si bien siga respetando la libertad de todos los demás artistas de seguir causas y criterios distintos a los suyos.
Un artista investiga al mundo investigándose a sí mismo, y viceversa (siempre y cuando él o ella se encuentren a la altura de sus tiempos y en su haber cognitivo se encuentre contenida la historia y las grandes ideas de todos los tiempos, es decir, siempre y cuando se sea culto). De manera que al investigar y proponer nuevas comprensiones del mundo, propone también nuevas formas de comprenderse a sí mismo y por ende de diferenciarse como artista y crear su impronta. Cuando en una exposición vemos obras totalmente diferentes a lo que hemos visto hasta ahora, cuyas influencias si bien reconocibles ya no son imitativas de los modelos que los grandes artistas han propuesto a lo largo de la historia; cuando vemos al artista vertido en su obra recreando a partir de ella nuestra mitología e ideas entonces podemos reconocer a ese artista como un investigador serio del mundo y de sí mismo. Las cuatro instancias de la investigación/diferenciación artística que pueden trabajarse son: la estética, la conceptual, la material y la técnica. Ahondaré en cada una en subsecuentes emisiones de nuestra columna Las Leyes de la Forma.
En el contexto de lo expuesto hasta ahora es pertinente mencionar el trabajo de la gran artista Flor Minor, quien está recibiendo un merecido homenaje en la exposición “Girl power” en la Galería Libertad y en donde se encuentran exhibidas algunas de sus obras. Una de las que considero más relevantes mencionar es la expuesta en el mezzanine del fondo de la galería, una escultura de gran formato que cuelga del techo y que en su interacción con la luz genera una multitud de sombras en las paredes del recinto, siendo entonces la obra de la maestra Minor no solo la escultura sino la intervención del espacio, sus luces, y sus sombras, entiéndalo quien conozca la importancia de las sombras. Y la relevancia de la investigación sobre las posibilidades estéticas del cuerpo humano en la escultura, pues Flor Minor en su obra escultórica plantea una investigación estética en ese sentido, así como en el sentido material con el uso de una red de metal con celdas de rombos ideales para que el material se doble sin deformarse como ella misma nos contó en su inauguración.
Otra de las artistas que nos parecen más relevantes de esta exposición es Tania Quezada con su obra "Retrato De-mente", una obra en formato circular en la que explora una especie de realismo mágico en la plástica, coqueteando con temas relacionados al inconsciente y a lo que, contenido en la mente, se expresa como silencios frente al espejo, como conductas en la facticidad, y como un “infierno alucinante”, diría Gorostiza, en la realidad de la subjetividad del personaje. Es un retrato metadiegético que nos cuenta multitud de historias, y que nos lleva a confrontarnos con nosotros mismos en la terrible potencia de la mente para mostrarnos toda clase de imágenes. Quizás, tal vez, los arquetipos de nuestra historia, que de ensoñación en ensoñación, de neurosis en neurosis, se nos van revelando.
Finalmente deseo compartirles una obra exhibida en mi exposición “Teoría de la Información” en el Centro de las Artes de Querétaro (CEART), intitulada “Draw a distinction” o “Que se haga la luz”, en la que exploro la cuadratura del círculo según la opinión del filósofo queretano Juan Manuel Escamilla González, y que representa el mejor logro conceptual de mis investigaciones artísticas.
Invitamos a todos nuestros lectores a visitar las imperdibles exposiciones “Girl power” en la Galería Libertad, “Teoría de la información” en el CEART, y la exposición conmemorativa de la facultad de bellas artes de la UAQ en el Centro Cultural Manuel Gómez Morín. Todas excelentes ejemplos de la investigación artística como una forma diferencial de comprensión del mundo.