El explorador describió con otros ojos a la América virreinal y mostró la realidad que los españoles ocultaban
ESE OTRO NUEVO
MUNDO
DE REGRESO A
EUROPA
UN PARTEAGUAS EN LA
CIENCIA
“El libro no es una biografía sino un panorama de cómo Humboldt influyó en Jefferson, Darwin, otros grandes científicos y pensadores de la época, incluso artistas” afirmó Wulf.
Su influencia se siente en todos los ámbitos de su tiempo, tanto la ciencia como la revolución, la Teoría de la Evolución, la ecología, la conservación, el arte y a literatura.
Nació el 14 de septiembre de 1769 y murió el 6 de mayo de 1859 a los 89 años.
La celebración reunió a 200 personas en la zona Centro Sur para la primera eucaristía abierta; esta es la tercera ocasión en que se realiza una misa en el lugar
El servicio operará del 30 de abril al 3 de mayo con rutas hacia el Parque Bicentenario; unidades funcionarán de jueves a domingo, de 11:00 a 23:00 horas.
Alexander von Humboldt (1769 - 1859) nació y murió en Berlín. \n
Cuando Alexander von Humboldt se bajó del barco que lo llevó a Venezuela desde el puerto español de La Coruña, en aquel viaje de cinco años por América, lo primero que hizo fue meter un termómetro en la arena: quería medir la temperatura. Era el 16 de julio de 1799 y von Humboldt anotó en su cuaderno “37,7ºC”, la temperatura de la arena en ese continente con el cual soñaba desde que era un niño y crecía en la sociedad prusiana del siglo XVIII.
Durante la travesía de cuarenta y un días en barco, Humboldt, entonces de 30 años, se dedicó a observar el cielo nocturno y, como muchos otros exploradores y marinos que habían cruzado el Ecuador, se maravilló ante las nuevas estrellas que veía, constelaciones que no aparecían más que en el cielo austral y que le recordaban todas las noches lo lejos que había viajado y que estaba haciendo realidad sus sueños infantiles. Después de recorrer Venezuela y seguir hasta Cuba, regresó al sur para conocer, en Colombia, al Océano Pacífico, otro de sus sueños de niño.
Así es el Alexander von Humboldt retratado por la escritora Andrea Wulf en el libro “La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt”, título que fue presentado en el Hay Festival el pasado fin de semana por la autora quien centró su conferencia en explicar cómo el explorador logró conectar el arte y la ciencia en una época en la que los científicos trabajaban individualmente. “Él hizo las conexiones entre cada descubrimiento pues tenía la idea de que la naturaleza te habla. Logró unificar la mente y el corazón pues en sus escritos hacía documentación científica pero también descripciones llenas de poesía. Y en ese camino, cambió el modo como se veía a la América dominada por Europa” dijo la investigadora nacida en India pero criada en Alemania y residente de Londres.
Es por ello que el título del libro tiene un doble significado: por un lado, ese nuevo mundo que los europeos habían conquistado y del cual se beneficiaban con sus riquezas naturales; y por otro lado, la nueva visión que Humboldt daba de ese mundo: explotación, miseria, devastación. Muy distinto a la leyenda de abundancia que en el reino español se pregonaba. “Humboldt fue muy crítico de la América de España, por eso los ingleses no lo dejaron recorrer la India” afirmó Wulf.
Andrea Wulf presentó su libro en el Hay Festival.\n
A finales del siglo XVIII, México era miembro de un imperio que empezaba a debilitarse. Mientras, Von Humboldt era un acaudalado prusiano, nacido en Berlín en 1769 y que ya había recorrido con ojos científicos parte de Europa. Heredero acaudalado, se embarcó de La Coruña hacia las tierras españolas de América gracias a un salvoconducto que en cambio le prohibía hablar con el gobierno de Estados Unidos sobre sus descubrimientos, país recién independizado del Reino Unido y cuya frontera con México preocupaba a la Corona española.
En el libro, Wulf escribe que Humboldt, a su llegada a Sudamérica, concluyó que los españoles “movidos por una avaricia insaciable, habían aniquilado antiguas civilizaciones, tribus nativas y bosques venerables. El retrato que pintaba Humboldt de Latinoamérica tenía los vivos colores de una realidad brutal, apoyados en hechos, datos y estadísticas”.
Por ejemplo, continúa la autora, “en sus visitas a México, Humboldt no sólo había estudiado desde el punto de vista de la geología y la productividad, sino también sus efectos perjudiciales sobre grandes segmentos de la población. En una mina le había escandalizado ver que, en un turno, a los trabajadores indígenas les obligaban a subir unos 23 mil escalones cargados con rocas enormes. Los usaban como “máquinas humanas”, esclavos en todo menos en el nombre, debido a un sistema laboral –el llamado repartimiento- que les hacía trabajar para los españoles a cambio de poco o nada”. Con demasiada frecuencia, continúa Wulf, Humboldt había visto poblaciones “que morían de hambre y tierras antes fértiles que, sobreexplotadas sin piedad, se habían vuelto estériles (…) En todas partes había visto que los cultivos comercializables habían reemplazado a esos vegetales que proporcionaban alimento”. El dominio español y su sistema “tenía todos los ingredientes para la dependencia y la injusticia”.
Humboldt fue el primero que relacionó el colonialismo con la destrucción del medio ambiente. “Hablaba de naturaleza, ecología, poder imperial y política, y los relacionaba entre sí. Criticaba el reparto injusto de tierras, los monocultivos, la violencia contra los grupos tribales y las condiciones de trabajo de los indígenas. Todos temas que siguen siendo muy relevantes. Con su experiencia como antiguo inspector de minas, tenía una perspectiva única sobre las consecuencias medioambientales y económicas de la explotación de los recursos que encerraba la tierra (…) Estaba convencido de que los problemas de las colonias eran consecuencia de las imprudentes actividades de los europeos”.
Es por ello que quiso conocer la naciente nación vecina de la Nueva España: Estados Unidos, símbolo de la libertad e independencia; retrasó su regreso a Europa para visitar al presidente Thomas Jefferson, a quien conoció en Washington y con quien coincidió en ideas y argumentos. Ingenuamente, compartió muchos de sus documentos y apuntes con el presidente de Estados Unidos; los mapas de Humboldt sirvieron a ese país para conocer detalles sobre México, y, una vez independizado de España, sufrió la invasión norteamericana y la posterior pérdida de más de la mitad de su territorio.
“La invención de la naturaleza” libro que relata el mundo que vio Alexander von Humboldt.\n
A su regreso a un París gobernado por Napoleón, desconoció aquella ciudad que había proclamado su libertad ante la monarquía y se encontró con un dictador que amenazaba las colonias americanas dominadas por España. Humboldt frecuentó entonces a un grupo de sudamericanos que se hospedaban en la ciudad por aquellos días. Entre ellos estaba un joven llamado Simón Bolívar, rico venezolano que estaba en la ciudad ahogando la pena de su viudez en alcohol, mujeres, juego y discusiones filosóficas, como dice Wulf. “Cuando Bolívar visitó a Humboldt en su alojamiento” narra Wulf, “descubrió a un hombre encantado con Venezuela y concluyó que ningún europeo había descrito nunca Sudamérica con tanto colorido”.
“También hablaba de política y revoluciones” prosigue “a Bolívar le escandalizó que su héroe (Napoleón) se hubiera transformado en un déspota y tirano hipócrita. Pero, al mismo tiempo, vio cómo luchaba España para resistir las ambiciones militares de Napoleón y empezó a pensar lo que ese cambio de poder en Europa podía significar para las colonias españolas. En sus discusiones sobre el futuro de Sudamérica, Humboldt decía que aunque las colonias estuvieran quizás maduras para una revolución, no había nadie quien las dirigiera”.
Andrea Wulf dijo en el Teatro de la Ciudad el pasado fin de semana que Humboldt se diferencia de científicos y exploradores que hasta entonces habían visitado América, en que él hablaba con los locales, y aunque dependiera de traductores, combinó el hablar con los pobladores con la documentación en archivos históricos y bibliotecas. Gracias a ello, creó toda una red de contactos con la cual continuó intercambiando correspondencia. Si el explorador tenía una duda a medida que iba clasificando sus hallazgos (más de 60 mil ejemplares de plantas a su regreso a Europa) escribía preguntas a América y así actualizaba sus libros.
“Documentó durante mucho tiempo la cultura originaria del lugar, cambió por completo el modo como se veía América en Europa; por ejemplo, pasó por la Ciudad de México obsesionado por la cultura azteca pues para él era tan sofisticada como la romana y griega, una idea casi desconocida en Europa; confirmó cómo los españoles destruyeron los templos aquí y de los incas en el Perú”.
Por sus observaciones, dijo, inspiró a los artistas de la época a cambiar la forma como se hacía el retrato y en general el paisaje o las escenas costumbristas. “Tuvo gran influencia en la forma como los pintores pintaban la naturaleza pues les hizo ver que con su obra podían documentar una época. Hubo un pequeño ejército de pintores que le siguieron y entendieron la importancia de retratar la naturaleza y las personas tal y como son en su tiempo” aseguró Wulf.
Humboldt, dice el libro “convirtió la observación científica en narrativa poética, y sus escritos inspiraron no sólo a naturalistas y escritores como Darwin, Wordsworth y Goethe, sino también a políticos como Jefferson y Simón Bolívar. Además, fueron las ideas de Humboldt las que llevaron a John Muir a perseverar en sus teorías, y a Thoreau a escribir su Walden”.