diariodequeretaro
Localjueves, 3 de noviembre de 2016

Gozo y tristeza contrastan en La Cañada

El sentimiento por quienes se fueron permanece intacto

Zulema López

Pese a ese escaso periodo de vida deja un gran recuerdo en Reyna, quien fuera su madre, y a quien acompañan familiares y amigos entre ellos Carlos, esposo de su comadre.

“Iban a Cadereyta y fue antes de llegar a Ezequiel Montes… la verdad no sé, tengo entendido que fue un tráiler, los sacó de la carretera, cayeron a un banco de esos de tepetate, no los encontrábamos, duramos dos días para encontrarlos… mis únicos hijos”.

Desde entonces visita el camposanto cada dos de noviembre, pero también lo hace el resto del año, cada que tiene oportunidad de ir, sobre todo porque siente que saben que ella está ahí.

“Cuando llego les platico y siento que sí me escuchan… Vengo siempre con mi esposo, nada más que ahorita fue a dejar el carro, porque tanta gente, pero siempre aquí estamos los dos… (él se llama) Oscar Valencia”.

El largo recorrido de El Colorado a La Cañada puede parecer pesado si se es de la tercera edad, pero eso no detiene a María, quien procura ir cada año a visitar a sus padres el dos de noviembre, aunque ya no platica con ellos.

“Se supone que hoy celebramos a los Fieles Difuntos adultos, ayer fueron los niños, si antes veníamos, pues yo creo que ahora con más razón”.

Esa visita la aprovecha para llenar su tumba de flores y arreglar cualquier imperfecto, para tener inmaculado el lugar donde yace su cuerpo.

“Las flores son una manifestación de amor para él, dónde quiera que él esté, nosotros creemos que él está en algún lado y a mí lo que me conforta, es que su cuerpo está aquí (cerca)”.

Y con ese pensamiento es que continúa al lado de las tumbas de su padre y compañero, respectivamente, en esta ocasión en conjunto con sus hijos Omar, Roberto, María, su nieta Naomi y su prima Concepción.

Juana Pérez madre de Viviana acude a su tumba desde hace 10 años, luego de que muriera de pulmonía a los 11 años de edad.

Antes de continuar el encuentro con su hija analiza que las tumbas están tan cuidadas como los familiares de los difuntos las visiten, por lo que agradece trabajar cerca y poder aprovechar para darse vueltas constantes a la tumba.

Como esas, son miles las historias que se observan en el panteón de La Cañada que a casi un siglo de su inauguración, reúne a cientos de generación y sobre todo, miles de sentimientos que se mantienen tan vivos, como sus seres amados lo están en sus corazones.

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