Al ser una instalación la pieza es también inagotable pues la cantidad de perspectivas desde las cuales puede ser observada no tiene límites como no tienen fin las perspectivas desde las cuales podemos contemplar el centro de una esfera matemática.
Renovamos nuestro compromiso hacia las posibilidades de renovación artística e informática a las que nos puede llevar el arte contemporáneo-conceptual, y esperamos que en Querétaro nos aproximemos más a propuestas de naturaleza compleja e informáticamente relevante.
En un suceso inédito en el Poder Legislativo del estado, se eligió un par de planillas para designar a la nueva Mesa Directiva y la que le seguirá, siendo el diputado morenista el que dirigirá el Congreso hasta el primero de octubre
Durante la celebración, sacerdotes renovaron sus compromisos y se llevó a cabo la bendición del óleo de los catecúmenos, de los enfermos y la consagración del crisma.
Las tres exposiciones inauguradas el pasado 27 de julio en al Centro de Arte Bernardo Quintana son una muestra de que el arte joven en Querétaro está comenzando a madurar y nos presenta propuestas que están a la altura de su tiempo y que sobrepasan su contexto. Felicitamos a los organizadores de tales muestras por su labor curatorial y promoción de arte que vale la pena visitar y consumir, especialmente a la directora de Difusión Cultural de la UAQ la Dra. Teresa García y al curador de la muestra el maestro Abraham Kalid Hernández. Podemos afirmar gratamente que en Querétaro hay propuestas de arte emergente que están a la altura de los discursos artísticos de la Ciudad de México con estas tres exposiciones.
Lo anterior nos exige a los espectadores a estar a la altura de tales propuestas artísticas y comenzar a consumir este tipo de arte, al tiempo que estudiamos para entender más al arte abstracto y conceptual, así como la magia que exhiben esos lenguajes y que en Querétaro apenas ha sido explorada.
En el caso de la exposición “Disordenario” de Pedro con P, tenemos una exploración abstracta cercana al pop art y al desing, su paleta es colorida y tendiente a los colores vivos, es decir su obra investiga el color y la Forma. Pero la Forma mínima, la forma en un nivel de abstracción tendiente a lo originario, a las formas esenciales de la biología. Su experimentación lo lleva además a materiales diferenciales que sin embargo son sumamente transparentes (como el vidrio) y por ende etéreos y tendientes a la espiritualidad.
La exposición “Caducifolia” de Roco explora también el color pero en un sentido diferencial, mucho más psicodélico que nos recuerda el potencial del arte huichol y del LSD para renovar los valores colorísticos que manejamos los artistas y que decantamos en nuestra obra. Es evidente la exploración que ha hecho el artista de la iconografía huichol y del arte psicodélico de los sesentas. Al mismo tiempo intuye personajes que constituyen su propia mitología personal y que generan en su obra una impronta explícita que se aleja de la tradición pictórica pero que al mismo tiempo la reinterpreta. Vemos en su obra un universo de color que explota frente a nosotros pero en una extrañísima armonía que sabe construir y que nos va llevando poco a poco hasta compenetrarnos también con la naturaleza más esencial de la realidad y de la información que le subyace: la vida tiene un gesto desconcertante pero también algo cómico.
En Miguel Loyola la exploración es mucho más conceptual y contextuada, él no investiga el color sino el espacio, es decir, la Forma al revés, aquello que no ocupa lugar, aquello que se encuentra circundando al sistema, Miguel explora las posibilidades artísticas del medio en el que se inserta una obra.
Su intención es que la obra rebase al espacio que la contiene, una pretensión por demás ambiciosa pero sugerente en un sentido simbólico, ¿lo existente rebasa a lo inexistente?, ¿la facticidad rebasa a la posibilidad?, ¿Akasha-el Espacio (desde la mitología vedanta) puede ser rebasada por la Forma? Y esa es una pregunta fundamental que la física teórica nos ha respondido de la siguiente manera: sólo hay una cosa que rebasa a la velocidad de la luz y es la velocidad con la que el espacio se expande necesariamente en torno a ella para que entonces ella pase a existir.
Pero Miguel, no desde la física, sino desde el arte nos enfrenta con una desconcertante respuesta: el espacio sí puede ser rebasado por la Forma, pero entonces la Forma desaparece y existe solamente en nuestra imaginación y en nuestra enunciación de ella. No hay más obra de arte que la que puso en el cuarto de su instalación, pero la otra parte de la obra que “rebasa al espacio” está contenida en un territorio imaginario que él logra recrear en nosotros simbólicamente.
Además en este sentido imaginario, la obra es inabarcable, pues no puede ser concebida en su dimensión ausente de manera certera, solo la podemos intuir a partir de nuestra propia exploración como espectadores. Es una experimentación con los volúmenes aparentes que se generan al ser escindidos por un plano en el espacio, son en ese sentido dimensiones nuevas.
La pieza está construida también a partir de una experimentación con nuevos materiales cerámicos, de modo que usa tela, madera y barro sin hornear, todo dispuesto en planos, que son, como nos contó en conversación personal, la forma geométrica que más espacio abarca. Las telas que subyacen a la forma plana y fijada por el barro son estructuras dinámicas que sin embargo están suspendidas como en vuelo, como un vuelo plastificado por la obcecación en la “persistencia de la memoria”, la persistencia del miedo a la posibilidad, el miedo que es la principal razón de la cristalización de la dinámica natural del mundo que tiende a mejores ensoñaciones que las de la violencia y la guerra. Entonces la obra de Loyola presenta una dialéctica irresoluble y que empapa el devenir de la historia humana: el conflicto entre las pulsiones de muerte (diríamos la fijación) vs pulsiones de vida (el movimiento), tomando prestada la conceptualización de Freud.
Trabajar con el espacio ha hecho consciente a Miguel (y su obra nos invita a atender esa conclusión) de que todo aquello que no trabajamos en la Forma, es decir, en la estructura discursiva de información que el artista propone con la materialidad de su obra, es también parte de la obra, lo que decidimos excluir, el espacio en negativo, la información en negativo que está ausente. El tratamiento de lo ausente, es un tratamiento curatorial, hemos de elegir como artistas y como educadores cuál es la información que sobrevivirá en la posteridad a través de nuestros discursos, y cuál no.
Así mismo invitamos a nuestros lectores al imperdible curso de Muralismo mexicano que impartirá el maestro Gabriel Sencial a partir del 16 de agosto en cinco sesiones en la Galería Libertad, para mayores informes visitar la galería, muy recomendable para artistas visuales y público en general interesado en el tema.