Localviernes, 18 de agosto de 2017
Margarita, sembradora de la tradición otomí
Orgullosa, plasma los conocimientos de su cultura en bordados
Alondra Jiménez

Orgullosa, plasma los conocimientos de su cultura en bordados multicolores para muñecas, servilletas, cojines, manteles, bolsas y delantales típicos de la región En el barrio del Rincón de la Comunidad de San Ildefonso en Amealco, hace ya más de cuatro décadas Margarita Ezequiel aprendió a hacer los bordados de su región, plasmándolos en diferentes productos del uso cotidiano, adaptándose a las exigencias y peticiones de sus compradores, pero siempre con la intención de preservar su tradición.
Como parte de una herencia familiar, los pininos artesanales de Margarita vinieron cuando ella tenía sólo doce años; sin gran conocimiento de lo que representa o significa la iconografía de lo que borda, ella siguió con la tradición. Su trabajo principalmente se centra en tiras bordados bajo la antigua técnica de punta de cruz, mismas que incorpora a al mango de bolsos, carteras, monederos, servilletas, cojines, blusas y fundas para laptop. También las integra a la vestimenta de la muñecas que realiza, a diferencia de las muñecas otomíes que comúnmente se venden y que resaltan por su vestimenta y listones, las que ella realiza representan a las mujeres de la comunidad de San Ildelfonso, “esta muñeca es muy antigua y se iba perdiendo la tradición; mi mamá lo hacía y son diferentes porque no es el mismo lugar en el que vivimos las que más identifican son las que se realizan en Santiago Mexquititlán. Su ropa es la que nosotros usamos”, señaló. Estas muñecas están realizadas con telas que representan una piel apiñonada, no posee ojos grandes y redondos, sino unas líneas que son realizadas con hilo al igual que su sonrisa; éstas no tienen grandes trenzas, sino unas más delicadas y con un paño en la parte inferior de la cabeza; sus vestidos con floreados, hechos con telas de algodón, aunque en el centro con los característicos bordados; todas llevan consigo una bebé entre sus brazos.
La producción de este tipo de muñecas es cada vez menor, sin embargo Margarita resalta la importancia de seguir con esta tradición por la presentación que estas tienen, por lo que comprometida con esta creencia ha enseñado a sus hijos a realizarlas, tanto a los hombres cómo a las mujeres al igual que su lengua: el hñähñú, “yo casi no entiendo el español”, admitió.
Con sus hijos ha compartido los conocimientos familiares, así como aquellas técnicas de perfeccionamiento que adquirió al llegar al Centro de Desarrollo Artesanal Indígena en Querétaro (CEDAI), donde ahora tiene un espacio para realizar y comercializar sus productos sin el temor de que alguien se lo vaya a quitar.
La perdida de la tradición va más allá de la materialización de la muñeca, pues va desde las generaciones más jóvenes, las cuales comienzan a rehusarse a usar estas vestimentas que llevan las muñecas. “Les a pena que son indias, todos los niños, mis hijos usan camisas bordadas y las niñas lo que yo uso. Yo tengo dos hijas y quieren usar mas pantalón porque dicen que lo que nosotras usamos cuesta más caro, que mejor ellas consiguen algo usado”, relató con tristeza.
Esta problemática fue reiterada en el marco de la entrega del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC) de este año. Dentro de los nueve proyecto beneficiados estuvo el de Cristina Vázquez para el “Rescate de la vestimenta tradicional de San Idelfonso”, ya que demandó que las niñas de esta comunidad rechazan usar esta vestimenta tradicional y buscarán utilizar este recurso para crearles nuevas prendas y no se pierda la tradición.
“Si nos llegan a regatear y nos preguntan que por qué tan caro. Luego no comprenden que debemos dar a ese costo por la calidad, antes yo también vendida las muñecas desde 80 pesos y ahora me dedico a buscar mejores telas para que duren más, pero ellos no comprenden cuanto cuesta”, relató la artesana. Cada muñeca tarda al menos tres días en hacerse; todo el proceso comienza con la base del bordado en todos los productos que realiza y por el cual, asegura, hay casos de mujeres que han hasta perdido la vista por el esfuerzo que conlleva hacerlo. Después de tenerlo, deben elaborar cada uno de los productos que hace y rellenar cada una de las parte de las muñecas, así como la costura de sus vestidos.
Pese a que a lo largo de los años ha mejorado sus técnicas y las ha compartido con las nuevas generaciones de su familia, demanda la falta de espacios para venderlo, “En el CEDAI trabajamos, ya nadie me quita mis cosas. Aquí -en el Encuentro de Culturas Populares- estoy vendiendo mucho, pero que esto sirva para que mucha gente no nos olvide y nos invite para vender cosas. Ahorita yo doy muchas gracias de que me invitaron a vender mis cosas y doy gracias. Yo antes venia a vender a las calles; yo sabía muchas cosas pero no tenía donde hacerlo, poco a poco hemos salido adelante”, finalizó.