Más de 20 denuncias de violación cada mes
Activistas por la igualdad de género aseguran que los espacios públicos privilegian a los hombres y las mujeres son relegadas hasta cuando caminan
PATRICIA LÓPEZ NÚÑEZ
*23 casos de violaciones se presentaron en abril, el mes con menor cantidad de casos.
*41 violaciones se reportaron en junio.
Las calles y el espacio público otorgan privilegios a los hombres, afirman activistas. Una calle vacía o poco iluminada, puentes solitarios o llenos de hombres, hasta las canchas a la hora del recreo, suponen diferencias que dejan a las mujeres relegadas.
LOS RECORRIDOS LARGOS
Irene sale de trabajar a las 10 de la noche de lunes a viernes. Si tiene la “mala suerte” de que en la esquina de la parada está un grupo de hombres que le gritan obscenidades, prefiere viajar un par de cuadras más y regresar caminando.
“Nunca me han hecho algo, pero vivo con el miedo de que traten de hacerlo. Muchas veces sólo me dicen cosas, me lo dicen casi al oído, se ríen, me da miedo. Si veo a una patrulla los policías no hacen nada y yo sólo quiero llegar”, expresa.
El caso de Irene no es único. Sara dice que cuando sale con sus amigas no se puede dormir hasta que todas avisan que ya llegaron a sus casas. Anotan placas, toman fotos, se fijan en los conductores. Viven con miedo. “Ni lo notas, ya es común”, dice Sara.
NO HAY MIRADA DE GÉNERO
ORGANIZACIÓN, LA ÚNICA SALIDA
En redes sociales se ofertan desde cursos de defensa personal que cuestan hasta 400 y 800 pesos por semana, hasta artículos de defensa personal como gas pimienta, en 80 o 150 pesos. Son las opciones para la seguridad de las mujeres.
“Son medidas horribles, una mujer tiene que escoger entre un curso de algo que le guste y un curso de defensa personal. Eso es lo que se ofrece”, insiste la especialista de Género UAQ.
Karen pagó 400 pesos al mes por un curso de boxeo para defenderse; lo abandonó antes de los dos meses porque su profesor la acosaba. “Ni siquiera pedí que me regresaran la inscripción”, recuerda.
Para Cathia Huerta esto tiene que ver con la estigmatización social. A las mujeres se les juzga cuando son víctimas porque se presupone que algo hicieron para “incitar” a su agresor o deben presentar pruebas suficientes.































