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Locallunes, 9 de marzo de 2020

Minimizan trabajo de reporteras

La mayoría de éstas se les escuchan decir de un funcionario público; pero también pueden venir de un compañero de trabajo, un jefe o un entrevistado

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Paulina Rosales/Diario de Querétaro

“Corazón”, “mi reina” o “mamita” son palabras a las que se deben habituar las reporteras en Querétaro; la mayoría de éstas se les escuchan decir de un funcionario público; pero también pueden venir de un compañero de trabajo, un jefe o un entrevistado.

Las tres infantilizan, romantizan y como consecuencia minimizan el trabajo de las mujeres y tienen una misma característica: prácticamente nunca las he escuchado hacia compañeros varones.

Cuando las he escuchado estas tres palabras han sido aceptadas y reproducidas. Después de escucharlas, pudo existir un silencio incómodo, pero quien la ha dicho continúa sin percatarse de lo que ha ocurrido.

En otros momentos, vienen acompañadas de risas, un tanto nerviosas, que también permiten que quien las pronuncia no se percate (y menos reconozca) que lo que acaba de ejercer es una forma de violencia.

¿Las bromas son violencia?

En este informe, la Corte Interamericana de Derechos Humanos define que la violencia sexual se configura de acciones de naturaleza sexual que se cometen en una persona sin su consentimiento, que además de comprender la invasión física del cuerpo humano, pueden incluir actos que no involucren contacto físico.

¿Acaso bromear y decirle a alguien “mi reina” o “corazón” se le puede llamar violencia? Para contestar eso, habrá que reflexionar y contabilizar, si es posible, la cantidad de veces que las han escuchado hacia hombres, en qué contextos ha sido, y la reacción que ha provocado.

No sólo evadió el cuestionamiento fundamental hacia su trabajo; también, de paso, utilizó un diminuto sexualizado para desviar la pregunta. Y sí, a eso se le llama violencia.

Hace más de un año, tuve una operación en el cuello y funcionarios públicos con los que no había entablado conversación alguna, más allá de la dinámica de una entrevista, me preguntaron lo siguiente: “¿Quién te mordió?” o “¿Qué te pasó, corazón?”.

En ningún momento estos funcionarios se percataron de que no solo vulneraron un espacio privado, sino que contribuyeron de forma inconsciente a la violencia de género; en su forma más “inocente”, más recurrente, más invisible y la más normalizada. Y ambos recientemente dieron declaraciones a favor del paro #UnDíaSinNosotras.

El 9 de marzo también las periodistas paramos para que nuestro trabajo deje de ser minimizado y, sobre todo, que se reconozca que la violencia hacia nosotras es real y dañina.

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