Tendenciassábado, 10 de mayo de 2025
Cuando se festeja a mamá sin libertad
María lleva 10 años en prisión, sus hijos ya no extrañan su presencia, pero no dejan de pensar cómo hubiera sido su vida si ella hubiera estado presente
Tamara Medina

María es una de las miles de mujeres que viven en los centros penitenciarios del país, ella habita en el Centro Femenil de San José el Alto en la capital queretana, es mamá de dos hijos a quien por razones de seguridad llamaremos Alan de 20 y Karina de 12 años, su mamá está privada de la libertad desde hace 10 con una sentencia por 20 años.
El recuerdo de Alan es el de un día, que llegó de la escuela y su mamá ya no estaba; él junto a su hermanita quedaron bajo la tutela de su abuela materna, “lo único que me acuerdo es que llegué de la escuela a casa de mi abuelita (…) y le pregunté por mi mamá, ella estaba llorando y me dijo que se había ido al DF a trabajar, que luego ya vendría”, comienza su relato el joven quien desde los 17 años se encuentra viviendo en unión libre y es papá de una pequeña de 1 año. “Fueron momentos muy duros cuando me enteré donde estaba mi mamá (…) mi abuela no me quería decir, pero como ella -su mamá- quería que mi carnalilla se fuera a vivir al penal, las trabajadoras sociales iban a la casa y le dijeron a la abuela que me tenía que decir la verdad”, al cuestionarlo si su hermana, vivió con su madre en reclusión, Alan menciona que no, “(…) mi abuela le dijo que no fuera jija, que Karen no tenía porque estar encerrada, pues ella no había hecho nada, además solo hubiera sido por un tiempo, y que ya no nos hiciera daño”.
Para el joven tener a su mamá en prisión fue un golpe duro, indica que tuvo que pasar por mucho bullying en la escuela y por eso, solo estudió la secundaria, aunque ahora sus suegros lo ayudan a terminar su preparatoria pues quiere estudiar ingeniería automotriz, “no sé si mi mamá sea culpable de todo, ella siempre dice que fue engañada, me hizo mucha falta porque no conviví nunca con mi papá, ni lo conozco y el papá de mi hermana creo también está en la cárcel pero en Laredo, la neta no sé, es más si me preguntas porqué está mi mamá en la cárcel, no tengo idea, nunca le preguntó y ese tema no se toca; pero debió ser algo cabrón porque lleva diez años y apenas va a la mitad”, indicó.
“Para mi los 10 de mayo son de mi abuela, es más creo nunca he venido exclusivamente a ver a mi mamá en esta fecha, o felicitarla, ella nunca en realidad asumió su papel, lo hizo mi abuela y a ella mi carnala y yo le decimos mamá”, indica.
“No la extrañamos ya, su presencia ya no nos hace falta. Al principio lloraba mucho por ella, no entendía porque no estaba con nosotros, ¿qué la llevó a meterse en ese lío?, todas las noches me lo preguntaba. Mi mamá Lucía me llevó con un psicólogo y él me dijo que tenía que perdonar para poder sanar, si la perdone, pero su existencia es como la de cualquier otro familiar. Hay veces que me pregunto, ¿cómo hubiera sido nuestra vida si ella hubiera estado con nosotros?”.
Mientras Alan habla, Karen lo mira y le da la mano, él a sido su figura paterna, su lugar seguro junto a su abuela a quien reconoce como mamá, “no sé qué siento por ella, no sé ni cómo llamarla, a veces le digo por su nombre y otras ma, porque yo tengo a mi mamá ella me crió y ella tiene mis papeles”, me dice en medio de su inocencia.
Las mujeres privadas de su libertad pierden más que esta, pues al perder sus derechos como ciudadanas y purgar sus condenas, muchas son abandonadas, señaladas y despreciadas incluso por sus propias familias. No es raro ver la sección femenil con poca afluencia, por ejemplo, en festividades como el 10 de mayo, incluso en las visitas familiares, mientras el centro varonil siempre hay un ir y venir de personas, principalmente de mujeres y niños, ¿irónico?. “Es una realidad muy dolorosa para ellas, pues las mujeres en prisión, por un estigma social negativo y discriminación por parte incluso de sus familiares sufren una gran violencia, desde la pérdida de la patria potestad, hasta ser condenadas a nunca más volver a ver a sus hijos, entre otras cosas”, indicó Laura García voluntaria del programa Inserta de la activista y periodista Saskia Niño de Rivera.

Sofía Lucas, estuvo en prisión por 5 años acusada de fraude genérico y salió en libertad apenas el año pasado absuelta, tras un largo proceso se comprobó su inocencia por el delito del que fue señalada, aún así, perdió la custodia de sus tres hijos y desde su salida ha buscado afanosamente volver a estar cerca de ellos, “estuve involucrada en un fraude que no cometí, fueron muchos años de dolor, buscando poder defenderme y peor sin dinero (…) nunca hubo pruebas, nada que me incriminara, pero me destrozaron la vida, y estoy luchando por volver a abrazar a mis hijos, verlos de frente y decirles que soy honrada e inocente de todo. La sociedad y las autoridades me juzgaron sin conocer mi historia. Ahora estoy en otra prisión, la de no poder ser la mamá de mis niños con libertad, tengo que verlos de lejos, desafiar al mundo para lograr poder tenerlos a mi lado; ¿qué pediría para este día de las mamás?, eso, volver a sentirme madre y escuchar esa palabra en los labios de mis niños”, menciona.
Pese a que en el Centro Penitenciario Femenil de San José el Alto, las autoridades han diseñado varios programas para su reinserción social, brindando talleres, cursos de superación personal, actividades deportivas, artísticas y culturales, así como acceder a poder terminar sus estudios, aún falta mucho por trabajar en ese señalamiento con el que deben cargar y enfrentar, incluso cuando salen de prisión, pues pocas son las que vuelven a contar con una segunda oportunidad, luego de pagar por el error cometido. Para este día de las madres las internas tendrán varias actividades como jornadas de integración, buzón de cartas para sus madres, videollamadas, actividades artísticas, entre otros momentos de esparcimiento, para muchas el 10 de mayo será una fecha más, un festejo del que solo recuerdos quedan, que duele y vuelve a sangrar la herida que no ha cicatrizado desde el día que perdieron su libertad.