Reforma electoral: la nostalgia de AMLO por un partido de Estado
Más allá de sus pretensiones profundamente antidemocráticas, la reforma electoral propuesta por la presidenta Sheinbaum tiene dos condiciones que serán su epitafio cuando naufrague en el Congreso: nadie la pidió y nadie la quiere.
Rumbo a la dictadura, ya no necesitan de la democracia.
Pero la reforma electoral no pasará. Aunque no por razones precisamente democráticas y la defensa del interés del pueblo, el Partido Verde y el PT han confirmado que no votarán a favor. Sólo una persecución judicial los haría cambiar de opinión.
Incluso, en el feudo morenista, el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, reconoció que la reforma electoral enviada al Congreso no será aprobada.
Pero más allá del debate político sobre el diferendo entre Morena y sus aliados, lo más importante es que no se trata de una reforma electoral, sino de una trampa legislativa para la supervivencia de la 4T.
Una verdadera reforma electoral debe cumplir al menos estas condiciones: autonomía del órgano electoral, con capacidad operativa y una estructura profesional de carácter permanente.
En el caso de que la reforma electoral no se apruebe, Morena seguramente utilizará su mayoría legislativa simple para hacer reformas a las leyes secundarias que sirvan de escarmiento a la rebelión aliada y la oposición.
Paradójicamente, la reforma electoral que hoy proponen para mantenerse en el poder podría ser el principio del fin. Morena construye con esmero una histórica derrota en las elecciones de 2027.
La puntita













