Culturajueves, 16 de octubre de 2025
¿Cómo se celebra el día de muertos en Chiapas?
Altares, copal y posh crean la magia del Día de Muertos en San Cristóbal de las Casas, Chiapas
Nadia Báez / El Heraldo de Chiapas

En el sureste mexicano, donde la neblina abraza las montañas y la selva guarda secretos milenarios, Chiapas se convierte cada noviembre en escenario de una de las celebraciones más auténticas y conmovedoras del país: el Día de Muertos, conocido en muchas comunidades indígenas como Jolobil o Ch’ulelal.
Más que una festividad, en esta región el encuentro con los difuntos es un acto espiritual profundo, donde se entrelazan las antiguas creencias mayas y zoques con la tradición católica heredada de la colonia. Lejos del bullicio de las grandes ciudades, la muerte se celebra con respeto, color y devoción, en un ambiente que honra la continuidad de la vida.
Desde la ciudad colonial de San Cristóbal de las Casas, uno de los destinos más visitados del estado, la conmemoración se extiende hacia comunidades donde el tiempo parece detenerse: San Juan Chamula y Zinacantán. En estos pueblos tzotziles, el Día de Muertos conserva su esencia ancestral. Las familias preparan ofrendas, decoran los altares y comparten alimentos con el alma de quienes regresan por una noche para convivir nuevamente.
Los altares zoques son un claro ejemplo del sincretismo cultural que define a Chiapas. Con tres niveles simbólicos, representan la conexión entre el cielo, la tierra y el inframundo. En la parte superior se coloca el somé, un pabellón de frutas colgantes que simboliza la entrada al inframundo; en el segundo nivel descansan las fotografías de los difuntos junto a una cruz; y en el tercero, los platillos y bebidas que alguna vez disfrutaron en vida. Todo el altar se ilumina con veladoras, flores de Mulibé (cempasúchil) y terciopelo, formando un camino luminoso entre dos mundos.
Durante estos días, San Cristóbal de las Casas se viste de papel picado, velas y música tradicional. El aroma del copal se mezcla con el del café, el chocolate y el posh, mientras los visitantes recorren calles empedradas adornadas con altares, fotografías y flores. La atmósfera es romántica, melancólica y llena de vida: un homenaje que celebra el eterno ciclo entre la partida y el retorno.
Planear un viaje a Chiapas durante el Día de Muertos no solo es una experiencia cultural, sino también sensorial. El clima fresco de montaña, las cascadas de tonos azules y la calidez de su gente hacen de esta época un encuentro íntimo con la historia y el alma del sureste mexicano.
En Chiapas, la muerte no es final, sino continuidad. Aquí, cada vela encendida, cada flor colocada y cada rezo murmurado son un recordatorio de que los muertos no se han ido: simplemente habitan otro plano del mismo universo que los vivos celebran con amor y memoria.