Localdomingo, 29 de junio de 2025
El edificio Corzo: el primer gigante del centro de Tuxtla
El edificio nació en los años 40, cuando Romeo Corzo, empresario y político, compró el terreno del bar “Reforma”.
Thiaré García / El Heraldo de Chiapas

En pleno corazón de Tuxtla Gutiérrez, entre la avenida Central y la calle Central, se levanta una de las estructuras que marcaron un antes y un después en la historia urbana de la capital chiapaneca: el edificio Corzo. Aunque hoy su fachada blanca luce discreta y algunos de sus pisos permanecen desocupados, este inmueble fue en su momento símbolo del progreso arquitectónico y comercial de la ciudad.
La historia del edificio comienza a trazarse a finales de la década de 1940, cuando Romeo Corzo, empresario del transporte y figura política local, adquirió el predio que entonces albergaba un pequeño edificio y el bar “Reforma”. Propietario de los famosos camiones “Corzo”, identificables por su color verde y el venado pintado en su costado, Corzo era ya un personaje conocido, tanto por su empresa como por su paso como diputado local.

En 1953, Romeo Corzo concretó su visión: construyó en ese terreno el primer edificio de cinco pisos de la ciudad. Con su espectacular del “General Popo” la mascota de una marca de llantas que él distribuía instalado en la azotea, la estructura no pasó desapercibida. En una ciudad dominada por casas de uno o dos niveles, el edificio fue considerado un hito. Para muchos, fue el inicio del “Tuxtla del futuro”.
En su planta baja operaba una agencia Renault que el propio Romeo Corzo gestionaba. Él mismo residía en el segundo piso del edificio, y según relatan familiares, incluso llegó a prestar uno de los niveles para actividades religiosas, como rezos comunitarios.

A lo largo de las décadas, el inmueble fue transformándose. Pintado originalmente en tonos neutros, después lució azul con un espectacular de Cerveza Carta Blanca, luego volvió a naranja, se tiñó de amarillo en los años 2000 y finalmente, en 2024, fue repintado completamente de blanco. Sin embargo, el paso del tiempo y la falta de mantenimiento provocaron que fuera declarado inhabitable en los niveles superiores. Aun así, los primeros pisos siguen en funcionamiento y el edificio se encuentra actualmente a la venta.

Arquitectónicamente, el edificio Corzo presenta elementos poco comunes hoy en día, como la escalera compensada, un diseño que permitía tramos más descansados al girar gradualmente las huellas y peraltes. Aunque en su época fue una solución innovadora, este tipo de escalera cayó en desuso debido a que, en rampas largas, podía resultar peligrosa para usuarios no acostumbrados.
Durante sus primeros años, la altura inusitada del inmueble sorprendía a los tuxtlecos. De hecho, era común que lo llamaran “el portaviandas”, debido a la forma vertical y segmentada que recordaba a los recipientes metálicos usados para transportar comida.

Hoy, más de 80 años después de su construcción, el edificio Corzo se mantiene como una huella viva de la modernidad que comenzó a tomar forma en el siglo XX. Aunque los nuevos desarrollos urbanos lo han superado en tamaño y esplendor, su legado permanece: fue el primero en mirar al cielo desde el centro de Tuxtla Gutiérrez.