Aquí llevo casi 8 años: la vida de Don Pepe en un crucero de Tuxtla
Desde su silla de ruedas, Don Pepe enfrenta altas temperaturas, barreras de accesibilidad y largas jornadas en el bulevar Belisario Domínguez, donde pide limosna para sostenerse y apoyar a sus hijos
Frente a las miradas o comentarios, mantiene una postura firme: “Todos somos iguales. Somos seres humanos. Una persona con discapacidad no es diferente”, sostiene.
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Don Pepe permanece en el crucero del bulevar Belisario Domínguez desde hace casi nueve años / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
En el crucero del bulevar Belisario Domínguez, frente al monumento de la Cabeza Maya, José Alberto Sánchez García —mejor conocido como Don Pepe— pasa sus días pidiendo limosna desde su silla de ruedas. Con casi nueve años ininterrumpidos en ese punto, su historia refleja las condiciones de vida y la falta de oportunidades que enfrentan muchas personas con discapacidad en Chiapas, donde las brechas de inclusión persisten.
“Acá llevo casi 8 años, ya va un poco para los 9”, relata Sánchez García sobre su permanencia en el semáforo, donde ha convertido la intersección en su espacio de trabajo y subsistencia. Originario de la región, recuerda que antes se ubicaba en 5ª de Mayo con 5ª Poniente; sin embargo, tras la partida de otro hombre en silla de ruedas decidió cambiar de lugar. Desde entonces se ha adaptado a las condiciones del crucero actual: bajo el sol, entre los autos y frente a la mirada constante de los transeúntes.
En Chiapas, las personas con discapacidad enfrentan dificultades estructurales. De acuerdo con los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) correspondientes a 2025, aproximadamente el 6.2% de la población estatal reporta alguna discapacidad, cifra ligeramente superior al promedio nacional. Entre quienes utilizan dispositivos de movilidad, como sillas de ruedas, son frecuentes las barreras de accesibilidad urbana, las limitadas oportunidades de empleo formal y el acceso restringido a servicios de salud y rehabilitación.
Desde el semáforo, Don Pepe intenta reunir recursos para apoyar a sus hijos / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
La discapacidad de Don Pepe es congénita. “Yo no me accidenté, yo así nací, con problema de huesos”, explica. Durante su infancia sufría fracturas constantes y durante años se desplazó arrastrándose. “Yo me arrastraba cuando tenía como 7 u 8 años… me amarraba unas bolsas de azúcar y me iba arrastrando, a veces en el lodo”, recuerda.
Con el tiempo, al quedar en silla de ruedas desde temprana edad, aprendió a depender de sí mismo. “Hay que depender de uno mismo, porque si dependes de alguien, las cosas se nos hacen más difíciles”, afirma. Esa filosofía lo ha sostenido durante años en la vía pública, bajo temperaturas que en Tuxtla Gutiérrez superan los 30°C durante gran parte del año, especialmente en temporada seca.
Su trayecto diario hacia el crucero puede tomarle entre 20 y 40 minutos, dependiendo del clima y del tráfico. “Antes me llevaba mínimo una hora o 40 minutos porque me quedaba en la sombra para descansar”, comenta. Mover su silla tampoco es sencillo. “Esa no trae freno, nada más tienes que jalarle con la mano para que te vayas frenando”, describe al referirse a la falta de tecnología asistiva más moderna o adaptaciones específicas.
Las altas temperaturas en Tuxtla Gutiérrez forman parte de su jornada diaria / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
Aunque en varios puntos de la ciudad existen rampas, su uso no siempre es funcional. Con frecuencia se encuentran bloqueadas por automóviles o motocicletas. “Sí, gracias a Dios tiene rampa casi la mayor parte de la ciudad, pero otro problema es que te bloquean la ciclovía… y las motos son muy groseras”, señala al explicar las dificultades de movilidad que enfrenta a diario.
Si bien existe legislación para garantizar la accesibilidad y la no discriminación, como la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, especialistas y organizaciones civiles han señalado que Chiapas continúa entre las entidades con mayores barreras físicas y sociales para este sector, debido a la falta de acciones integrales que incluyan infraestructura adecuada, oportunidades laborales y programas de apoyo efectivos.
La jornada en el crucero inicia desde temprano y se extiende hasta la caída de la tarde. Sus ingresos dependen de las monedas que los automovilistas entregan en cada luz roja. Además, recibe un apoyo gubernamental bimestral para personas con discapacidad, aunque reconoce que no cubre todas sus necesidades. “No te digo una gran cantidad, pero lo que yo pueda, siempre los apoyo”, comenta sobre cómo intenta ayudar a sus tres hijos, de 24, 17 y 16 años, con lo que logra reunir.
Entre el tráfico y la luz roja, su rutina inicia desde temprano y termina al caer la tarde / Thiaré García/El Heraldo de Chiapas
El mantenimiento de su silla representa otro gasto constante. Las llantas se desgastan rápidamente sobre el pavimento caliente y el uso diario. “Antes me tardaba 4 o 5 meses en cambiarle llantas, ahorita mínimo mes y medio”, explica mientras revisa su estado. También supervisa baleros, ejes y otras piezas mecánicas, en ocasiones utilizando repuestos adquiridos por él mismo.
En casi nueve años en el mismo punto, ha construido una relación con quienes circulan por la zona. Algunos lo reconocen por su nombre; otros lo observan con indiferencia. En ocasiones recibe críticas; en otras, muestras de apoyo. “Hay mucha gente que me ha levantado falsos… pero yo ni les hago caso”, afirma. Asegura que, cuando puede, ayuda a personas mayores a cruzar la calle. “Siempre me ha gustado ayudar a cruzar a los viejitos”, comenta.
Mientras la luz del semáforo cambia a verde y los vehículos avanzan, Don Pepe gira su silla con precisión y regresa a su sitio habitual. Lleva casi nueve años haciéndolo en el mismo lugar. “Es pesado”, reconoce sobre su jornada diaria. Aun así, cada mañana vuelve al crucero del Belisario Domínguez, empujando su silla sobre el asfalto, decidido a sostenerse por sus propios medios.