“Una ley nunca debe mancillar la fe empeñada en los actos públicos.” Maquiavelo
La realidad de nuestra existencia, es trabajar, sin más taxativas, que apegarnos todos a las leyes y a la paz. Con promesas, que desde luego no se cumplirán, con dádivas que no corresponden a nuestro esfuerzo en la producción, se cultivan los terribles hábitos que estructuran la corrupción. Se hacen germinar en la sociedad grupos que atisban desde lo alto de la montaña que se niegan a trabajar y, desde luego, ambicionan a los qué con su trabajo, tienen ropa, alimentos, habitación y pagan sus impuestos. ¿Cómo lo hacen? Forman pandillas, para despojar de sus bienes, a los mineros, a los obreros, a los campesinos, empleados de empresas de servicios, de tiendas de diversos rubros, a los vendedores ambulantes, a las trabajadoras del aseo de casas, nadie deja de salir a trabajar. Otros buscan ser lacayos de políticos, para qué al arribar a un cargo público, lustrarles los zapatos, es decir, medran del erario, que pagan los que trabajan. Los y las (así dicen ahora), requieren de incondicionales para las campañas electorales, les otorgan igualas que los mantengan fieles y no se tienten el corazón para acarrear a elementos lumpen, para los mítines y, claro, realizar los actos amorales del fraude electoral. También los gobiernos con gobernantes autoritarios, necesitan sembrar e irrigar el miedo, el terror y la incertidumbre, por medio del crimen organizado, enlutando hogares de miles de mexicanos, sin importar su edad, sexo y ocupación. Los países que viven tales situaciones, son exentos de una educación laica, científica y de carácter pedagógico con limpios procesos didácticos. Los niños y jóvenes necesitan “aprender a aprender”. Los maestros requieren de “al cruzar el umbral de la entrada al aula, tener la plena y absoluta seguridad de que llevarán el conocimiento científico a sus discípulos”. Un país que dispendia su erario en comprar votos, o recibir enormes sumas de dinero mal habido proveniente de un pueblo trabajador, realmente se empobrece, se ve amenazado por la ignorancia y sufrirá las consecuencias de la fuerza policíaca, siendo inocente. No debemos olvidar que el trabajo hizo al hombre, y no el hombre al trabajo. Actuar en grupo, producir en grupo y vivir en paz, no del esfuerzo de los demás, de manera violenta.