Empiezo deseando mucha salud, paz y esperanza para este 2026 en sus hogares. Con mucho entusiasmo, comparto la primera columna de este año con un tema desafiante, el papel de las ciudades, de las autoridades, frente a la gestión de los residuos, específicamente, los residuos orgánicos.
El modelo de gestión de residuos que prevalece en la gran mayoría de los municipios de México, es antiguo y se enfoca principalmente en la recolección y disposición final de los mismos; los residuos o como comúnmente le llamamos “basura”, representa un grave problema porque solo se asume desde el punto de vista logístico y esto es entendible puesto que en el Artículo 115 Constitucional se establece como facultad de los municipios, entre otras, la …” Limpia, recolección, traslado, tratamiento y disposición final de residuos;…” desde este precepto, es visto mayormente como una problemática a resolver de manera operativa y brindar el servicio a la ciudadanía, sin embargo, la gestión integral de residuos ha venido evolucionando y ampliando sus alcances, de modo que hablar hoy en pleno 2026 sobre gestión integral de residuos implica un conjunto articulado e interrelacionado de acciones, normativas, operativas, financieras, de planeación, administrativas, sociales, educativas, de monitoreo, supervisión y evaluación, para el manejo de residuos, desde su generación hasta la disposición final, a fin de lograr beneficios ambientales, la optimización económica de su manejo y su aceptación social, respondiendo a las necesidades y circunstancias de cada localidad o región.
En lo que respecta a los residuos orgánicos, se habla de que representan entre un 40 a 50%, pero cuando estos residuos terminan en el relleno sanitario para su disposición final no solo no se está aprovechando su potencial sino que se está generando metano (CH4), que es un gas de efecto invernadero de los más potentes y que en el mejor de los casos se quema para transformarse en CO2, gas de efecto invernadero menos potente, pero que al final de cuentas, están aportando a la emisión de estos gases y con ello, contribuyendo al cambio ambiental global.
Considerar el compostaje urbano como una estrategia para gestionar los residuos orgánicos puede representar una serie de beneficios para las ciudades puesto que reduce fuertemente la presión sobre los rellenos sanitarios alargando su vida útil y minimizando la generación de lixiviados y las emisiones de estos gases; genera un valor ambiental ya que esta composta es un mejorador de suelos que mejora su estructura y en dado caso, su fertilidad y puede usarse en los parques, camellones y en los espacios municipales que requieran ser restaurados y regenerados; aporta beneficios sociales y educativos y tiene un impacto económico positivo mediante la generación de empleos y finanzas verdes y se transforma la economía lineal en economía circular… continuará…