Fenómeno therian: viralidad y debate sobre los límites de la condición humana
El movimiento “therian” abrió debate en Chihuahua, donde sociólogos, veterinarios, psicólogos y especialistas en política analizaron el fenómeno y sus implicaciones sociales
Advierte médico veterinario la importancia de contar con límites éticos y legales ante casos de personas que se identifiquen como animales
Más que una identidad therian, lo relevante es el funcionamiento de la persona: psicóloga
Agregó que otro factor de riesgo es el refuerzo constante de estas conductas, ya que mientras más se consolidan, más complejo puede resultar modificarlas posteriormente dentro de un proceso terapéutico.
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Desde noticias de adultos identificándose como animales que atacan con mordeduras a otras personas, hasta nuevas iniciativas que blinden los derechos de los miembros de este fenómeno social de los discursos de odio que rondan por las redes sociales, han sido vistos a nivel internacional, llegando hasta la ciudad de Chihuahua donde abrió el debate con especialistas sociólogos, veterinarios, psicólogos y dentro de la política, así como la conversación de posibles vacíos existenciales en la sociedad que llevan a la búsqueda de significados más profundos para poder sobrellevar las condiciones de vida actuales.
El llamado movimiento therian, integrado por personas que se identifican simbólica o literalmente como algún tipo de animal, ha ganado visibilidad en los últimos meses a través de redes sociales, abriendo un debate que va más allá de lo anecdótico y que toca dimensiones filosóficas, sociales y culturales, sin embargo, para el director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Javier Contreras Orozco, se trata de un fenómeno social que refleja profundas tensiones de la época contemporánea.
El académico explicó el origen del término, señalando que therian puede interpretarse como “animal no humano” y se relaciona con la teriantopía, un concepto que combina las raíces griegas therion—bestia o animal salvaje—y anthropos—ser humano—, aunque actualmente parece una expresión nueva, precisó que se trata de una idea antigua que ha estado presente durante siglos en la mitología y la cultura, con figuras como las sirenas, el minotauro o las leyendas de hombres lobos, donde la mezcla entre lo humano y lo animal era un recurso simbólico y narrativo.
No obstante, Contreras Orozco subrayó que la diferencia con el presente es la forma en que este concepto se ha trasladado del plano simbólico al identitario, impulsado por la viralidad de internet. Explicó que, dicho movimiento comenzó a identificarse desde la década de 1990 dentro de comunidades pequeñas y cerradas en línea, pero entre 2025 y 2026 experimentó una expansión acelerada debido a las redes sociales, que no tienen fronteras permiten la difusión inmediata de tendencias en cualquier parte del mundo.
Explicó que uno de los detonantes clave fue el confinamiento por la pandemia de Covid-19 en 2020 donde el encierro, la ociosidad y el aumento del tiempo frente a pantallas favorecieron el surgimiento de múltiples subculturas digitales. En ese contexto, el movimiento therian comenzó como una forma de entretenimiento en plataformas como TikTok, muchas veces asociado a juegos y disfraces, especialmente entre niñas, niños y adolescentes.
El director de la Facultad de Filosofía y Letras hizo énfasis en la importancia de distinguir entre el juego infantil y la adopción literal de una identidad animal en la adultez, recordando que es natural que los niños jueguen a ser animales, se identifiquen con mascotas o utilicen objetos simbólicos —como colas improvisadas— como parte de su imaginación. Sin embargo, advirtió que el problema surge cuando una persona adulta afirma de manera seria que es un animal y exige que esa percepción sea reconocida como una realidad.
Desde el enfoque filosófico, consideró que este movimiento plantea una reflexión profunda sobre la condición humana, dado a que el ser humano se define por la razón, mientras que los animales se rigen por el instinto, por lo que intentar “ser” un animal implica, simbólicamente, un retroceso de la razón al instinto, “un ser humano puede sentirse o creerse animal, pero no puede serlo. Confundir el parecer con el ser es una trampa ontológica”, afirmó.
Añadió que otro punto crítico es la dimensión teleológica del ser humano, es decir, la capacidad de plantearse fines, metas y proyectos de vida, “los seres humanos somos teleológicos por naturaleza: diseñamos objetivos, tomamos decisiones y buscamos sentido. Los animales no operan bajo esa lógica, sino bajo el instinto. Al borrar esa diferencia, se diluyen conceptos fundamentales como la ética, la filosofía y el valor de la vida humana”, explicó.
Contreras Orozco también advirtió sobre el riesgo de trivializar el fenómeno al considerarlo únicamente una moda o un juego; si bien reconoció que muchas personas lo asumen como entretenimiento, señaló que cuando se consolida como movimiento identitario puede derivar en confusión, especialmente en las nuevas generaciones. Mencionó incluso casos recientes, como el de un joven en Nuevo León que acudió acompañado de un abogado para exigir el reconocimiento de su identidad como “caballo”, lo que, dijo, ya rebasa el ámbito lúdico y entra en una dimensión psicológica delicada.
Ante esta situación, el diputado Octavio Borunda, presidente de la Comisión de Medio Ambiente, Ecología y Protección Animal del Congreso del Estado de Chihuahua, comentó que esta llamada “Ley Therian” es aún novedosa y se encuentra en una etapa preliminar de análisis. La iniciativa presentada en Nuevo León, denominada “Ley Therian”, tiene como objetivo proteger a las personas que se identifican como therian del acoso y la discriminación en espacios públicos y privados, lo que ha generado debate a nivel nacional sobre los límites legales, sociales y de derechos humanos en torno a este tipo de identidades.
Ante el escenario hipotético de que una iniciativa de esta naturaleza se presentara en Chihuahua, el legislador explicó que, por el momento, su equipo técnico se encuentra recabando información sobre la propuesta impulsada en el Congreso de Nuevo León, con el objetivo de conocer su contenido, alcance y la forma en que está siendo abordada en esa entidad.
Borunda indicó que, en caso de que una iniciativa similar llegara al Congreso local, el primer paso sería determinar a qué comisión legislativa correspondería su análisis, para posteriormente revisar con detalle la redacción y los alcances jurídicos del planteamiento. Además, el diputado subrayó que cualquier propuesta de este tipo debe ser estudiada con cuidado, tomando en cuenta su viabilidad legal, sus implicaciones sociales y el marco normativo vigente en el estado.
En cuanto a la reacción social, Contreras explicó que la viralidad del movimiento también ha detonado discursos de odio en redes sociales. Señaló que la falta de regulación en internet y el anonimato facilitan el abuso, el acoso y el bullying digital, generando una sobreexposición que puede derivar en ataques, burlas y violencia simbólica. No obstante, consideró que estos fenómenos son parte de los tiempos actuales y de los riesgos inherentes al uso masivo de plataformas digitales.
Ante un escenario hipotético en el que una persona que se identifica como un animal acudiera a un consultorio veterinario exigiendo atención médica, la doctora veterinaria Kitzy Sanches Torres explicó que la postura profesional debe basarse en el respeto, pero también en los límites éticos y legales que rigen la práctica veterinaria.
La especialista señaló que, desde la medicina veterinaria, se reconoce y respeta la diversidad de identidades, creencias, preferencias y formas de expresión, privilegiando siempre la empatía y el trato digno hacia todas las personas. No obstante, subrayó que la atención médica veterinaria está dirigida única y exclusivamente a animales biológicos, por lo que la responsabilidad ética y legal de la profesión se limita estrictamente a ese ámbito.
“Brindar atención médica a seres humanos no es legal ni ético”, puntualizó, al mismo tiempo en que aclaró que esta postura no debe interpretarse como un acto de discriminación, sino como el cumplimiento de las obligaciones profesionales que marca la ley y los principios deontológicos de la medicina veterinaria.
En cuanto a su opinión como especialista sobre este tipo de situaciones, la doctora explicó que no puede emitir una valoración clínica sobre personas, ya que su formación y experiencia profesional están enfocadas únicamente en animales. Indicó que los trastornos de comportamiento con los que trabaja dentro de su práctica no corresponden a los que pueden manifestarse en seres humanos.
Por ello, consideró que cualquier situación relacionada con la identidad, el comportamiento o la salud mental de una persona debe ser atendida por profesionales capacitados en el área humana, como terapeutas, psicólogos o psiquiatras, y no por médicos veterinarios.
Además, Sanches Torres opinó que sus colegas veterinarios deberían asumir la misma postura profesional, ya que intervenir o brindar atención médica a un ser humano constituye un acto ilegal y no ético, que podría derivar en responsabilidades legales y sanciones para quien lo realice. La especialista reiteró que el respeto a las personas es fundamental, pero también lo es el apego a la ley y a los límites de cada profesión, a fin de garantizar una práctica responsable y adecuada.
Por su parte, la psicóloga María Inés Botello señaló que, desde el enfoque clínico, el debate en torno a personas que se identifican como “therian” no debe centrarse en la etiqueta en sí, sino en el nivel de funcionamiento y bienestar de la persona.
La especialista explicó que, aunque el término “therian” no está catalogado como un trastorno dentro del DSM-5—manual diagnóstico utilizado en psicología y psiquiatría—,para los profesionales de la salud mental lo más importante no es la denominación, sino cómo vive la persona su identidad y si ésta interfiere con su vida cotidiana.
Detalló que, si una persona se identifica simbólicamente con un animal, es consciente de que es humana, mantiene una vida funcional, cumple con sus responsabilidades y no daña a terceros, no necesariamente existe un problema clínico que requiera intervención psicológica.
Sin embargo, advirtió que el foco de atención cambia cuando la persona cree de manera literal que es un animal, adopta conductas rígidas, se aísla socialmente, deja de cumplir con responsabilidades escolares o laborales, o incurre en comportamientos agresivos. En estos casos, precisó, ya no se habla únicamente de identidad, sino de una posible afectación psicológica.
La psicóloga señaló que cuando este tipo de conductas se mantienen durante periodos prolongados, pueden generar consecuencias importantes como mayor aislamiento social, dificultades para adaptarse al entorno, conflictos en la escuela o el trabajo, estigmatización e incluso problemas legales, especialmente si hay episodios de agresión.
Botello subrayó que la evaluación clínica siempre parte de una pregunta central: si la conducta está afectando áreas importantes de la vida de la persona, como lo social, lo familiar, lo laboral o lo escolar. Además, reiteró que, más allá de emitir juicios sobre la identidad, el objetivo de la psicología es proteger el bienestar y la funcionalidad integral de cada individuo.
Contreras Orozco concluyó que el movimiento therian debe entenderse como un fenómeno social que pone en tela de juicio los límites y el concepto mismo de lo humano. A su juicio, es resultado de vacíos existenciales acumulados, de una sociedad que busca llenar carencias emocionales y espirituales a través de identidades, modas o subculturas, “es una expresión de nuestro tiempo. Más que ridiculizarla o normalizarla sin reflexión, es necesario analizarla con seriedad, porque en el fondo habla de una crisis de sentido y de la necesidad de replantear nuestros valores como sociedad”, concluyó.