Localdomingo, 13 de julio de 2025
El tango conquista Ciudad Juárez de la mano de una arquitecta apasionada
Lo que inició como una salida entre amigos, se transformó en una experiencia transformadora para Lisandra Herrera
Salvador Miranda

En un rincón del centro de Ciudad Juárez, el tango argentino encuentra un espacio para florecer lejos de Buenos Aires. La responsable de este fenómeno es Lisandra Herrera, arquitecta de profesión y bailarina por convicción, quien ha hecho del Museo de Tin-Tan el escenario perfecto para compartir su amor por esta danza cargada de emoción y elegancia.
Su historia comenzó en una milonga, como se les llama en Argentina a los lugares donde se baila tango. Lo que inició como una salida entre amigos se transformó en una experiencia transformadora para Lisandra, quien quedó cautivada por la profundidad, la conexión y el dramatismo del tango. Desde ese primer encuentro, decidió aprender cada paso con disciplina y pasión.
Tras finalizar sus estudios en la Ciudad de México, la joven arquitecta se estableció en Ciudad Juárez, donde encontró no solo un lugar para vivir, sino también una comunidad interesada en aprender y disfrutar del tango. Fue así como nació su taller, con clases gratuitas que actualmente se imparten los sábados a las 12:00 p.m., en una sala del Museo de Tin-Tan.
Lisandra enseña a grupos pequeños, de entre 8 y 10 personas, y asegura que no es necesario tener pareja ni experiencia previa. “Solo se necesitan ganas de aprender”, comenta. Las clases están abiertas a todas las edades, promoviendo un ambiente inclusivo y amigable donde el respeto y la conexión humana son prioridad.
Además de ser una expresión artística, Lisandra considera al tango como una herramienta poderosa de transformación personal: “El proceso puede tomar hasta un año, pero los beneficios van más allá del baile: mejora la postura, refuerza la confianza y fomenta el autoconocimiento”.
Durante sus tres años como instructora, ha sido testigo de momentos memorables. Uno de los más significativos, dice, ha sido ver cómo algunas parejas se han conocido en clase y han iniciado relaciones sentimentales. “El tango tiene algo especial: conecta a las personas desde un lugar profundo”, señala con una sonrisa.
La trayectoria de Lisandra está respaldada por varios diplomados en danza y tango, cursados tanto en la capital como en Juárez. Para quienes desean clases más personalizadas, también ofrece sesiones privadas y grupales en su estudio ubicado en la zona de Los Nogales. Los interesados pueden contactarla a través de sus redes sociales para más información.
“Bailar tango es más que moverse al ritmo de la música”, concluye Lisandra. “Es una forma de sentir, de conectar contigo y con los demás. Es un lenguaje sin palabras que puede transformar a quien lo practica”. Su labor, más allá de enseñar pasos, es abrir una puerta a la sensibilidad, la escucha y el descubrimiento personal.