Con sus manos como herramienta, Rosa busca el sustento en playas de Acapulco
Bajo una sudadera blanca y las inclemencias del sol, la masajista camina kilómetros en la arena buscando clientes para ofrecer sus masajes en la espalda, cabeza y cuerpo
Heidi Nieves
Mientras miles de turistas llegan a las playas de Acapulco buscando desconectarse de la rutina, la señora Rosa González, de 55 años, camina bajo el sol para ofrecerles el alivio que sus manos saben dar.
No vende artesanías ni comida, vende minutos de paz y de relajamiento en medio del sonido de las olas del mar, placer que ofrece desde hace más de 18 años.
Diariamente recorre bajo los rayos del sol desde playa Hornos hasta la Condesa, protegiéndose por una sudadera blanca de manga larga y una visera para mitigar las inclemencias del tiempo.
Rosa recorre kilómetros de arena con la esperanza de que algún visitante acepte sus servicios pues hay días que no tiene buenas ganancias.
“Algunas veces me quedo hasta que saque algo para poder llevar a mi casa”, relató reflejando la realidad de miles de trabajadores informales que dependen totalmente de la temporada y la voluntad del visitante.


























