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Tendenciasjueves, 26 de febrero de 2026

En el centro de Acapulco, Antonia Chanito ofrece sus cremas artesanales

Con la responsabilidad de su nieta sobre los hombros, busca el sustento de su hogar con la elaboración de cremas artesanales

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Heidi Nieves

Para enfrentar sus carencias económicas la señora Antonia Chanito González, de 53 años, recorre diariamente las calles del centro y las zonas emblemáticas de Acapulco vendiendo cremas artesanales, un oficio que emprendió hace cuatro años.

Su jornada laboral no conoce de treguas pues ella se emplea en dos turnos para poder pagar la renta, cubrir los alimentos y asegurar el bienestar de su nieta de 10 años pues sus padres se separaron y ella tuvo que quedársela porque ambos rehicieron su vida con diferentes personas.

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“Estoy trabajando para sacar adelante a mi nietecita, yo me quedé con ella, y debo darle para la escuela, material que le piden, para sus cosas, ropa, zapatos, a veces dice que le piden en la escuela” relató.

Bajo el resguardo de un sombrero para mitigar los intensos rayos del sol, Antonia inicia su recorrido por las mañanas en la Zona Tradicional, específicamente en el área de Caleta. 

Al caer la tarde regresa a su casa por más mercancía y se traslada ahora hacia La Quebrada, esperando que los visitantes apoyen su economía comprando las cremas que ella misma prepara con esmero. “Desde temprano salgo a las 7 y en la tarde salgo a las 4, temprano voy a Caleta y en la tarde a la Quebrada”.

Ella lleva su mercancía en una sencilla caja de plástico la cual apoya sobre un banco armable, en el cual algunas veces se sienta tras el cansancio por los largos caminos que recorre.

A pesar de su incansable labor, la vida personal de la señora Antonia es austera pues vive en un pequeño cuarto que renta ubicado en las inmediaciones de la Iglesia del Carmen, donde cada mañana parte enfrentando la realidad de ser el único sustento de su pequeño núcleo familiar.

Son entre 20 y 25 cremas que ella vende en cada horario de trabajo y en el turno de la tarde noche ella se va hasta que saque para poder comer al otro día.

Para Doña Antonia, cada crema vendida es un paso más hacia la tranquilidad de su nieta y la seguridad de un techo donde dormir.

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