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Culturajueves, 29 de enero de 2026

Por años la flor de Gardenia fue representante de Fortín, actualmente ya no hay cultivo en la región

Durante décadas, Fortín de las Flores fue reconocido más allá de Veracruz por el aroma inconfundible de la gardenia

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Adriana Luna

El cultivo de la gardenia se consolidó hacia finales del siglo XIX, cuando productores locales comenzaron a verla no solo como un elemento decorativo, sino como un negocio formal. A partir de entonces, el municipio se cubrió de plantíos que abastecían mercados nacionales e internacionales.

La gardenia se convirtió así en un motor económico comparable, e incluso superior en algunos momentos, a otros cultivos tradicionales como la naranja, el café o la caña de azúcar. Se estima que en su mejor etapa existieron alrededor de 200 hectáreas dedicadas exclusivamente a esta flor en Fortín.

¿Por qué la flor de gardenia es un símbolo importante para Fortín?

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El entrevistado relató que el declive comenzó con la desaparición del ferrocarril como medio eficiente de transporte de carga y pasajeros. La privatización y los cambios en el sistema ferroviario terminaron por romper la cadena de distribución que sostenía el negocio florícola.

A esto se sumaron otros factores, como el cambio en el régimen ejidal, la venta de parcelas, la migración de jóvenes y la falta de políticas públicas que incentivaran la continuidad del cultivo. Poco a poco, la gardenia dejó de sembrarse y Fortín perdió uno de sus principales referentes.

Actualmente, la flor que se vende en calles y mercados suele provenir de otras regiones como La Perla, Atzacan o La Sidra. Aunque de mayor tamaño, estas gardenias carecen del aroma que distinguía a la de Fortín, una diferencia que solo los conocedores logran identificar.

En los registros oficiales, como los del INEGI, la gardenia ya ni siquiera figura como cultivo relevante. Apenas subsisten esfuerzos individuales, más cercanos a la nostalgia que a una estrategia productiva, para mantener viva la flor.

Para el cronista, el problema de fondo es claro: no puede hablarse de identidad cultural sin estudio histórico, planeación ni voluntad política. Recuperar la gardenia implicaría no solo sembrar flores, sino rescatar el campo, reforestar, formar productores y pensar en proyectos de largo plazo.

“La gardenia fue identidad porque definió el paisaje, la economía y el orgullo de Fortín. Su ausencia no borra esa historia, pero sí obliga a una reflexión profunda: mientras no se reconozca y valore el pasado, cualquier discurso oficial sobre identidad cultural quedará, como hoy los jardines del municipio, sin raíces ni aroma” expresó.

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