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Análisisviernes, 20 de febrero de 2026

Bio- Informando / Vínculo y conflicto

Durante años, se ha difundido la idea de que la oxitocina es “la hormona del amor”, y esta concepción resulta atractiva, ya que sugiere la existencia de una sustancia capaz de generar apego, confianza y una conexión profunda. 

Desde una perspectiva evolutiva, la función de la oxitocina no es hacer que nos sintamos enamorados, sino favorecer la cohesión del grupo y aumentar las probabilidades de supervivencia. 

Desde la biología del apego, la intimidad saludable no compite con la autonomía y la intensidad que no tolera límites suele reflejar dificultad para regular la propia inseguridad más que profundidad afectiva. 

Comprender lo anterior, resignifica el conflicto dentro del amor, ya que no todo desacuerdo implica ruptura, ni toda intensidad implica profundidad. 

El amor sano no se caracteriza por picos constantes de euforia, sino por la capacidad de regular el sistema nervioso incluso en momentos de tensión. 

La oxitocina no garantiza vínculos saludables, solo facilita que el vínculo se vuelva significativo ya que lo que determina su calidad no es la química inicial, sino la consistencia, la reparación y la seguridad sostenida en el tiempo. 

Quizá el verdadero acto de madurez afectiva consiste en dejar de buscar intensidad como prueba de amor y comenzar a valorar la estabilidad como señal de seguridad porque cuando el vínculo es seguro, el cuerpo no necesita defenderse para permanecer.


Buen fin de semana.

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