El DIF Sonora y el voluntariado brindaron atención directa en materia de salud, asistencia social y gestión de trámites, facilitando el acceso a servicios esenciales sin costo alguno
Andrés Canale Segovia, seminarista, explicó que esta actividad se realiza año con año previo a la Fiesta de San José, patrón del Seminario, celebrada cada 19 de marzo
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En un caso tan grave como el secuestro y asesinato de los mineros en Concordia, Sinaloa no podemos conformarnos con la declaración de delincuentes. La versión mencionada por García Harfouch —que los detenidos afirman que se trató de una confusión es, en el mejor de los casos, una hipótesis. Y, en el peor, un intento de control de daños. La verdad y la evidencia de lo que sucedió está en manos de la minera Vizsla Silver.
La declaración de un detenido nunca va a sustituir a la evidencia. Y hoy, lo que se ha expuesto públicamente no son resultados verificables, sino el contenido de un interrogatorio. La autoridad no ha presentado —al menos ante la opinión pública— una reconstrucción completa basada en testimonios de vecinos, pruebas físicas, cámaras, geolocalización, llamadas, correos, rutas, comunicaciones, reportes de seguridad internos o peritajes.
Este fue un delito de alto impacto, el problema no es solo capturar responsables, sino explicar con claridad el móvil, el método y el contexto. Cuando el Estado se limita a lo que dicen los detenidos, deja un vacío que se llena con versiones extraoficiales, rumores y sospechas.
Las víctimas fueron sustraídas de un campamento en un fraccionamiento cerrado, rentado íntegramente para personal de Vizsla Silver, unas viviendas llenas de uniformes, credenciales, chalecos de seguridad, vehículos y señalética corporativa. Bajo ese escenario, la hipótesis de una confusión no es imposible, pero es poco convincente.
El punto más importante —y el que rara vez se ha mencionado en el debate público— es que la clave de la verdad de lo sucedido no está en lo que declaren cuatro sicarios detenidos. La clave está en lo que sabe la empresa: lo que reportó, lo que documentó, lo que decidió y, sobre todo, lo que puede estar callando.
Una empresa minera con operación formal y relación con mercados bursátiles no funciona en el vacío. Opera con protocolos internos, registros, bitácoras, reportes de seguridad, contratos de vigilancia, cámaras, sistemas de control de accesos, comunicaciones corporativas y cadenas de mando. Si existieron amenazas previas, advertencias, incidentes, cobro de piso, acercamientos o intentos de extorsión, es altamente probable que haya rastros documentales: correos, llamadas, reportes, actas internas, memorándums o decisiones de gerencia.
El 4 de abril de 2025, la propia Vizsla Silver informó públicamente que “por precaución” decidió pausar temporalmente el trabajo de campo en el proyecto de Concordia debido a las “condiciones actuales de seguridad en el área”. La empresa señaló que contratistas de perforación geotécnica y exploración fueron colocados en pausa, para reiniciar actividades cuando las condiciones de seguridad lo permitieran.
La pregunta inevitable es: si en abril de 2025 detuvieron actividades por inseguridad, ¿qué cambió para regresar a la actividad? ¿Por qué mejoró realmente la situación? Si la SSP dice que nunca hubo denuncia ¿Con quién se coordinaron y cómo reforzaron la seguridad? ¿O existió algún tipo de arreglo informal para poder operar?
Que la empresa no haya presentado denuncias previas, no descarta la hipótesis de extorsión. Esa lógica es tramposa, porque en regiones donde el crimen controla, la ausencia de denuncia no prueba ausencia de delito. Muchas veces es prueba de miedo. Esto aplica para comerciantes, transportistas, ganaderos y también mineras.
Si el objetivo es conocer la verdad, la investigación no puede limitarse a la carpeta del Estado. Debe incluir —con todo el peso legal necesario— la información que solo la empresa posee. Es prudente y legítimo que se investigue a Vizsla Silver: su protocolo de seguridad, su cadena de mando, sus decisiones pasadas, sus contratos de confidencialidad con empleados, y el papel de su seguridad privada. La verdad de lo que pasó en Concordia no se sabrá mientras la información clave siga secuestrada por Vizsla Silver.