La pregunta no es si la hegemonía estadounidense terminará, sino si ese final será elegante o catastrófico. Y, basándome en lo que veo en esas habitaciones de hotel a medianoche, no soy optimista sobre la gracia.” Cierro comillas...1CP
El DIF Sonora y el voluntariado brindaron atención directa en materia de salud, asistencia social y gestión de trámites, facilitando el acceso a servicios esenciales sin costo alguno
Andrés Canale Segovia, seminarista, explicó que esta actividad se realiza año con año previo a la Fiesta de San José, patrón del Seminario, celebrada cada 19 de marzo
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Por lo visto no soy el único que está de acuerdo en que estamos siendo testigos de la caída del imperio y del sistema que administraba la riqueza mundial. Les comparto el análisis de Yanis Varoufakis: Es un economista con doble nacionalidad greco-australiana, catedrático universitario, político y activo bloguero y escritor, autor de varios libros de política y economía. Abro comillas:
“Quiero decirte algo que sucedió el pasado martes a las 3:00 AM hora de Washington, algo que nunca debería o deberá aparecer los informes oficiales del Departamento de Estado de los Estados Unidos; pero algo revela que tan bajo está cayendo el imperio estadounidense. Había estado revisando resúmenes de cables (mensajes) clasificados, cuando noté un patrón inusual, funcionarios de alto nivel del tesoro, estuvieron haciendo llamadas fuera de programación a Beijing, no a través de los canales diplomáticos normales, sino a través de puertas traseras de redes financieras, el tipo de llamadas que haces cuando estás desesperado; el tipo de llamadas que hacen un imperio cuando ya ha dejado de ser imperio. Pero permíteme empezar por el principio, por que lo que estoy a punto de decirte conecta tres puntos que los medios de comunicación se rehúsan a conectar: Las negociaciones secretas en Caracas, las llamadas de pánico a Beijing y la silenciosa liquidación de la hegemonía estadounidense sucediendo frente a nuestros ojos. Verás, hay una vieja regla en la finanzas internacionales, que aprendí durante mis años como ministro de finanzas de Grecia. Cuando estás negociando desde una posición de fuerza, te reúnes en salones de mármol con fotógrafos presentes, cuando estas negociando desde una situación desesperada, te reúnes en cuartos de hotel a media noche sin testigos. Y en este momento, oficiales estadounidenses han estado pasado muchísimo tiempo en habitaciones de hotel.
La historia de lo que sucedió en Venezuela me rompió el corazón porque yo he visto esta película con anterioridad en 2015 cuando me enfrenté a la Troika (La troika fue el equipo formado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI. Su función es “rescatar” economías en crisis (como la de Grecia) a cambio de imponerles estrictas medidas de ahorro y reformas.) Yo vi poderosas instituciones usando guerra económica en contra de naciones pequeñas. Pero lo que sucede ahora es diferente, esta vez la guerra económica ha resultado contraproducente de forma espectacular.
Déjame pintarte el cuadro. Por cinco años, Washington trató a Nicolás Maduro como a un villano de tira cómica, congelaron sus activos, se apoderaron de sus aviones, pusieron recompensa por su cabeza como una fantasía del salvaje oeste… El objetivo era sencillo: Colapsar la economía venezolana, instalar un gobierno títere y asegurar el control de las máximas reservas de petróleo en el mundo. Pero aquí está lo que en la brillante estrategia de Washington no calcularon. Cuando sancionas el petróleo de alguien, no solamente los hieres, también los enseñas a sobrevivir sin ti… Y Venezuela aprendió esa lección a la perfección.
Mientras los oficiales estadounidenses estaban dando discursos sobre democracia y derechos humanos, el petróleo venezolano seguía fluyendo a China pagado en Yuanes, a India pagado en Rupias, a Turquía pagado en oro, ellos crearon el primer mercado petrolero fuera del dólar, demostrando a cada nación rica en recursos que es posible liberarse del sistema del dólar y sobrevivir. Ahora viene la humillación, esos mismos oficiales estadounidenses que llamaron a Maduro dictador, están regresando a Caracas calladitos, ofreciendo bajar las sanciones, están ofreciendo exenciones a Chevron. Básicamente, le están rogando al hombre al que intentaron derrocar que, por favor, vuelva a encender las bombas. ¿Por qué? Porque las refinerías estadounidenses se están asfixiando.
Verás, Texas produce mucho petróleo, pero es crudo ligero y suave; la enorme infraestructura de refinación en la costa del Golfo de México, se construyó hace décadas para procesar crudo pesado y espeso; sin el petróleo pesado de Venezuela, estas refinerías no pueden producir suficiente diésel, y sin diésel, la cadena de suministro estadounidense se detiene.
Pero si la situación en Venezuela es vergonzosa, lo que ocurre con China es absolutamente aterrador. Mientras los diplomáticos mendigan petróleo, el Tesoro mendiga efectivo. Y aquí es donde nuestra historia se vuelve realmente extraña. Estados Unidos necesita vender tres billones de dólares en deuda nueva este año, solo para seguir funcionando... tres billones, piensen en esa cifra. Scott Besant, el nuevo secretario del Tesoro, se despierta cada mañana enfrentándose a una ecuación imposible. Necesita encontrar compradores para una cantidad astronómica de deuda estadounidense, pero sus clientes tradicionales se alejan. Japón, históricamente el comprador de deuda más confiable de Estados Unidos, está en crisis; no compra bonos estadounidenses, los vende para defender su propia moneda. Europa está estancada luchando contra la recesión. Los bancos estadounidenses ya están abarrotados de deuda pública, con enormes pérdidas no realizadas. Solo queda un comprador con los bolsillos lo suficientemente llenos como para rescatar a Estados Unidos: China, la misma China a la que los políticos estadounidenses se pasan el día amenazando con aranceles y confrontación militar.
Debo hacer una pausa aquí, porque la disonancia cognitiva es asombrosa. De día, un general estadounidense habla de la guerra en el Pacífico; de noche, funcionarios del Tesoro llaman a Pekín con la mano en la cabeza y les ruegan que no vendan sus bonos del Tesoro. China actualmente tiene aproximadamente 780.000 millones de dólares en deuda estadounidense; si decidiera liquidar incluso la mitad de esa posición, las tasas de interés estadounidenses se dispararían de la noche a la mañana, el mercado bursátil, adicto al dinero barato, colapsaría, el mercado inmobiliario se congelaría, la economía estadounidense entraría en una espiral descendente. Así que, mientras los titulares gritan que hay que tomar medidas duras con China, la realidad a puerta cerrada es exactamente lo contrario: Estados Unidos está atrapado en una dependencia financiera tan profunda que no puede permitirse el lujo de enfrentarse realmente a su supuesto enemigo. Esto es lo que yo llamo la paradoja del deudor. No puedes declararle la guerra a tu banquero, no puedes sancionar a tu acreedor, no puedes amenazar a quien posee la escritura de tu casa, pero aquí está el detalle que me quita el sueño: ya no se trata solo de economía, se trata del colapso en tiempo real de la arquitectura fundamental del poder global.
Durante 80 años, la hegemonía estadounidense se basó en dos pilares: el sistema del petrodólar y el mercado de bonos del Tesoro. Venezuela acaba de demostrar que se puede romper el primer pilar y prosperar. China está demostrando que el segundo pilar siempre fue una ilusión. El acuerdo del petrodólar era elegante en su simplicidad: Estados Unidos te protege militarmente, fijas el precio del petróleo en dólares, obligando a todos a tener dólares para comprar energía. Pero cuando militarizas ese sistema, cuando lo usas para cambios de régimen y la guerra económica, destruyes la confianza que lo hizo posible.
El mercado de bonos del Tesoro fue aún más crucial. Los bancos centrales mundiales depositaron sus reservas en deuda estadounidense porque se suponía que era el activo más seguro del mundo. Pero en 2022, cuando Estados Unidos congeló las reservas rusas durante la noche, enviaron el mensaje a todos los banqueros centrales del planeta: sus supuestos activos seguros son armas políticas. Las consecuencias están llegando más rápido de lo que nadie esperaba.
Observo cómo los acuerdos comerciales bilaterales explotan en todo el hemisferio sur: Brasil vende soja a China por yuanes, India compra petróleo ruso con rupias, Arabia Saudita acepta moneda china para la venta de energía. La expansión de Bricks no se trata solo de crear un club alternativo, sino de construir una infraestructura financiera alternativa. Están construyendo un sistema paralelo que no depende de la aprobación ni de las instituciones estadounidenses, y la ironía más hermosa es que Estados Unidos está acelerando este proceso con cada sanción, cada amenaza, cada intento de militarizar la interdependencia económica.
He dedicado mi carrera a estudiar cómo mueren los imperios, y nunca mueren por conquista externa, sino por contradicciones internas; mueren cuando el costo de mantener el dominio supera los beneficios de ejercerlo. Mueren cuando están tan desesperados por recursos que tienen que negociar con las mismas personas a las que han pasado años intentando destruir. En esa misma situación se encuentra Estados Unidos hoy, negociando acuerdos petroleros con Venezuela mientras llama dictador a Maduro, rogando a China que compre su deuda y amenazándola con una guerra económica. Esto no es una estrategia, es el comportamiento de un imperio en decadencia terminal, que intenta desesperadamente mantener privilegios que ya no merece y que ya no puede permitirse.
La transición ya está ocurriendo mientras los políticos estadounidenses debaten sanciones y aranceles. El mundo construye silenciosamente un nuevo orden económico, un orden basado en el respeto mutuo en lugar del dominio unilateral, un orden donde los recursos fluyen hacia quienes los necesitan, no hacia quienes amenazan a otros. Lo que me parece más sorprendente es cómo los estadounidenses comunes desconocen por completo este drama que se está desarrollando. Ven el aumento de los precios de los alimentos y de la gasolina, pero no los relacionan con las desesperadas misiones diplomáticas de su gobierno. No se dan cuenta de que cada vez que llenan el tanque de gasolina, participan en la venganza de Venezuela contra las sanciones estadounidenses.
Recuerdo una conversación extraoficial que tuve el mes pasado con un alto funcionario de la Reserva Federal. Me dijo algo escalofriante: "Ya no estamos manejando una economía, estamos gestionando una demolición controlada". Fueron sus palabras textuales... Una demolición controlada. Pero esto es lo que me mantiene despierto por las noches: ¿Y si la demolición no es tan controlada como creen? ¿Y si China decide poner en evidencia a Estados Unidos? ¿Y si Venezuela decide que ni siquiera las nuevas condiciones son suficientes? ¿Y si las fichas de dominó empiezan a caer más rápido de lo que Washington puede sostenerlas?
He visto cómo se desploman las monedas, cómo caen los gobiernos, cuando sus deudas se vuelven insostenibles, pero nunca he visto una moneda de reserva global que se enfrente a este tipo de presión existencial. Cuando el dólar finalmente se quiebre, y se quebrará, las ondas de choque serán como ninguna en la historia moderna.
La disyuntiva que enfrenta la gente común en todas partes es simple: aferrarse a la mitología del excepcionalísimo estadounidense o prepararse para la realidad de un mundo multipolar, porque, lo acepten o no las élites estadounidenses, ese mundo ya está aquí. Las llamadas desesperadas a Pekín continuarán, las humillantes negociaciones en Caracas se extenderán y, poco a poco, el control del dólar sobre el comercio global seguirá debilitándose hasta que un día despertemos y nos demos cuenta de que la transición ha terminado.