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Localviernes, 27 de septiembre de 2019

Hermosillo Cuéntame tu Historia | La Cantante

Soy cantante, la gente paga por escucharme cantar-me respondió, yo me quedé sorprendido...

Álex Cruz

Don Alejandro vivía en la esquina, a una cuadra de mi casa, esa casa era pequeña, de hecho era un solo cuarto, tal vez de tres por tres metros, y todo lo demás era terreno baldío lleno de lavadoras viejas que no servían.

También tenía arboles muy altos, recuerdo varios eucaliptos, muchas partes metálicas que no sé ni de que eran, no era su casa, la casa pertenecía a Don Beto, quien hacía tiempo vivía en otra parte, se la había prestado para que la habitara.

Era algo común en esa época que en el barrio así vistieran los señores, siempre traía una pluma y papel en la bolsa de la camisa, él era amigo de todos y siempre estaba dispuesto a

ayudar a cualquiera que se lo pidiese.

La primera vez que lo vi fue una mañana de verano, lo sé porque estaba de vacaciones, era la primera mitad de los años noventa, yo estudiaba la primaria, no recuerdo que grado, creo que tendría unos diez u once años, llegue a la casa de mi amigo Roberto.

Ahí estaba en el porche, me incomodó llegar y ver un desconocido, todos lo rodeaban y sonreían, se notaba el gusto de todos porque él estuviera ahí, estaban los padres de mi amigo, también el Tavito, hermano de Roberto.

Don Alejandro, al centro, pero recargado en una pared, no sé qué estarían hablando pero callaron cuando llegué, tal vez esperaban un saludo de mi parte pero me quedé callado,

—¿Es cierto que eres hijo de Ramiro? —me dijo viéndome. (Ramiro era una persona inadaptada del barrio, de esas que le llaman loco)

Todos rieron, —¿Es cierto que tú eres un hijo de la chingada? —le contesté interrumpiendo las risas, todos callaron y se pusieron serios, yo levantaba la cabeza esperando respuesta.

Don Alejandro se despidió y se fue, no recuerdo si la mamá de mi amigo me quiso regañar, pero si recuerdo que su papá me dijo que Don Alejandro hacía apenas un par de días había enterrado a su madre y que yo se la recordé de muy mala manera.

No sé cuánto tiempo pasaría en que nos convirtiéramos en buenos amigos, pero no mucho, ese mismo verano de seguro.

Recuerdo que casi no hacía comida, casi siempre algún vecino lo invitaba a comer, de echo yo mismo le llevaba comida de mi casa, pero cuando no hacía o le llevaban, me mandaba

al Pollo Mac, una pollería muy conocida en aquella época, me mandaba a comprar pollo asado, con una orden de frijoles extra, a veces solo frijoles y tortillas.

Andábamos descalzos sobre el pavimento corriendo de sombra en sombra, jugando a lo que sea, menos estar encerrados en casa, pasaron algunas horas y a mí me seguía extrañando que Don Alejandro no saliera de su casa.

Llegó medio día y fui a comer a mi casa, después volví a salir a la calle, en una de esas vueltas que pasé por su esquina me hizo señas que fuese con él, fui y me dijo que le consiguiera un taxi para la visita que tenía.

En aquel entonces la única manera que conocía de conseguir un taxi era pararse en la calle a esperar a que pasara uno, así que eso hice, me fui a la esquina de mi casa porque ahí la calle era más transitada, no tardó mucho en pasar uno y detenerse ante mis señas.

Soy cantante, la gente paga por escucharme cantar-me respondió, yo me quedé sorprendido, ahora comprendía porque ella vestía así, una cantante, una artista vivía en el barrio, ahí en la esquina, con Don Alejandro, hoy en día comprendo que no era cantante.

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