Sólo existen en la memoria colectiva: antiguas maternidades de Hermosillo
Los sitios donde muchos vimos la primera luz de nuestra vida puede generar curiosidad o nostalgia, ¿estarás en las listas de nacimiento de estos tres?
Judith Teresita León / El Sol de Hermosillo
En Hermosillo, a partir de los años 60 -aproximadamente- albergaron, al menos, tres lugares especiales que hoy son historia. Se trata del Materno infantil, Maternidad Teresita y el Sanatorio María Auxiliadora.
Quizás seas de las personas que nacieron ahí o que tu vida personal o familiar tuvo un vínculo con estos lugares que permanecen vivos en la nostalgia de los hermosillenses.
Para ponerte en contexto, hemos de decir que las maternidades ofrecían la experiencia de alumbramiento a las mujeres con atención exclusiva para ellas y sus familias. No daban otro tipo de servicios, como en un hospital.
El Materno Infantil ofrece servicios de salud
El terreno donde se construyó fue cedido por el Ayuntamiento de Hermosillo en 1962, teniendo como destinataria la Secretaría de Salubridad y Asistencia Pública para la construcción de este centro de atención para las mujeres parturientas.
Miles de niños nacieron ahí, principalmente de clase media, media baja y baja, quienes solicitaban este servicio.
Hace unas décadas que el Materno Infantil dejó de funcionar y sus instalaciones se convirtieron en el Centro Avanzado de Atención Primaria a la Salud, Caaps; donde se ofrecen diversos servicios por parte de la Secretaría de Salud del Estado de Sonora.
El Materno Infantil inició sus operaciones con cien camas en el primer año del gobernador de Sonora Luis Encinas Johnson.
Maternidad Teresita, donde el tiempo se detuvo
Entre los años 60 y 80, Maternidad Teresita, en la colonia Pitic, ofrecía sus servicios a las mujeres que terminarían su proceso de gestación con más privacidad y atención más exclusiva.
Este sitio que existió físicamente hasta hace menos de una década estaba en la esquina de las calles Alfonso Iberry y Rafael Campoy; operó hasta los años 80.
Los servicios de Maternidad Teresita eran más exclusivos y estaban dirigidos por el doctor capitalino Juan José Vázquez.
Esta guerra consistió en no querer atender a las pacientes en Maternidad Teresita, por lo que el sostenimiento del lugar resultó incosteable.
La propiedad terreno del lugar, recordó el arquitecto Aguilar, se definió en una partida de dominó; Rodríguez Luján fue el Santaclós del doctor Vázquez Romo.
La Maternidad Teresita tenía siete habitaciones con su respectivo baño, la sala de partos y una cocina; quedó en el abandono y se mantuvo casi intacta por alrededor de cuarenta años.
Podría decirse que el celo profesional o la competencia obligaron a este exclusivo lugar a cerrar; el paso del tiempo tal vez habría jugado en contra de la maternidad, o tal vez podría haberse adaptado o retomado prácticas de alumbramiento con doulas o parteras.
La maternidad de la 5 de Mayo… Con gritos y llanto
El sanatorio María Auxiliadora también fue el lugar de aterrizaje para las cigüeñas de los años 70. Aún existe pero sólo funciona como dispensario médico.
Se encuentra en la calle Everardo Monroy entre Felícitas Zermeño y Rayón en la colonia 5 de Mayo.
También fue un lugar de atención para mujeres embarazadas que operó por varias décadas y después quedó como dispensario médico para vecinos del sector y personas de economía limitada que buscaban sanación o aplicación de medicamentos en este lugar.
El sanatorio (o maternidad) dejó de funcionar hace más de 30 años. No obstante, las leyendas urbanas de este sitio indican que también ha sido escenario de retiros religiosos y espirituales que ahuyentaron a los usuarios por las experiencias no gratas que tuvieron.
Quienes participaron y otros grupos que han hecho incursiones en el sitio refieren que escuchan ruidos o registran movimientos sin motivo.
Desde gritos, llantos de bebé y el sonido del agua saliendo de las llaves, además de movimientos y desplazamientos inusuales han espantado a quienes llegaron con la intención de pasar ahí unos días.
En el caso de los hospitales, principalmente, y de algunas construcciones viejas, siempre rondan historias tenebrosas que alejan a unos y acercan a los curiosos.
Algunas personas buscan a La Planchada, a alguna monjita, el lugar de donde proviene el infaltable llanto de los niños, y todo lo que dé indicio de que en el sitio donde se vio la primera luz, todavía haya alguna energía que pueda seguir iluminando o asustando.
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