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Giovanni Enrique Bornocelli conduce la investigación en Tepeji / Foto: Rosalía Maldonado / El Sol de Hidalgo
Un proyecto de investigación desarrollado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) identificó una alta presencia de microplásticos, principalmente microfibras plásticas características de residuos asociados a la industria textil, en la presa Requena y elrío Tepeji. El estudio es encabezado por Giovanni Enrique Bornocelli Camargo, investigador de la Escuela Superior de Tepeji del Río, adscrito a la carrera de Ingeniería Industrial.
La investigación “Evaluación de la contaminación por microplásticos y nanoplásticos en cuerpos de agua de la región Tula–Tepeji mediante técnicas de espectroscopía óptica lineal y no lineal”, aún en proceso de consolidación, se enfoca en la detección y cuantificación de microplásticos y nanoplásticos en cuerpos de agua de la región, como parte de un proyecto aprobado y financiado por el Fondo Hidalgo. El objetivo central es generar datos científicos locales que permitan comprender la magnitud de este contaminante emergente y sustentar decisiones en materia de gestión ambiental y políticas públicas.
En entrevista, Bornocelli Camargo explicó que un elemento relevante fue la selección estratégica de los puntos de muestreo. En el caso del río Tepeji, las muestras se tomaron en la zona urbana; en la presa Requena, del lado de la antigua carretera México–Querétaro. Esto les permitió observar cómo varía la concentración de microfibras según el entorno y las fuentes de descarga, información clave para estudios futuros de trazabilidad de contaminantes.
Las muestras, señala el investigador, fueron sometidas a procesos de filtración en laboratorio para separar y clasificar las partículas microscópicas. “Los resultados preliminares muestran la presencia de microplásticos en dos formas principales: partículas irregulares y microfibras alargadas, similares a hilos. Estas últimas fueron las más abundantes, especialmente en la presa Requena”.
El predominio de microfibras alargadas, típicas de residuos textiles, coincide con hallazgos internacionales en aguas contaminadas por procesos de lavado de prendas, donde se liberan hilos de origen sintético. En la presa Requena, se detectaron aproximadamente 100 microfibras plásticas en apenas 20 mililitros de agua filtrada, cifras comparables a las de la salida de una lavadora doméstica, lo que sugiere una posible relación con descargas de aguas residuales que transportan fibras textiles.
Según el análisis, las microfibras encontradas presentan longitudes promedio de 0.4 milímetros, algunas de hasta 1.6 milímetros, y espesores de apenas 2 a 3 micrómetros. Estas dimensiones microscópicas facilitan su interacción con organismos vivos y su posible absorción en el sistema digestivo.
Parte del proceso de caracterización avanzada se realizó con microscopía electrónica en la UAEH y con el respaldo del Instituto de Física de la UNAM, lo que permitió confirmar la presencia de micro y nanoplásticos con mayor precisión.
Sobre los posibles efectos en la salud, el investigador detalló que, aunque los estudios en humanos aún son limitados, pruebas en modelos animales sugieren que los microplásticos de menor tamaño pueden atravesar barreras biológicas y acumularse en órganos como los intestinos, hígado o cerebro. En el caso de las microfibras, ya existe evidencia de acumulación en el sistema digestivo humano y posibles asociaciones con procesos inflamatorios y enfermedades gastrointestinales.
Preocupa la exposición crónica de la población, ya que tanto la presa Requena como el río Tepeji se usan en riego agrícola y pesca, actividades que podrían facilitar el paso de estos contaminantes hacia el suelo y los mantos freáticos. Por ello, el proyecto contempla muestreos en el río Tula, la presa Endhó y fuentes de agua potable de la zona.
Hasta hoy no existe una norma nacional que establezca límites máximos permisibles de microplásticos en cuerpos de agua, ni criterios claros sobre concentraciones seguras para la salud humana. Ante este vacío normativo, Bornocelli Camargo resaltó la importancia de generar datos científicos confiables como base para diseñar estrategias de monitoreo, prevención y regulación ambiental que ayuden a la restauración de la zona de Tula.
Además del avance científico, el proyecto involucra activamente a estudiantes de licenciatura, como Jesús Barrientos Ángeles, quienes participan en la recopilación de muestras, manejo de equipos y análisis de resultados, lo cual fortalece la formación de recursos humanos en contaminación ambiental y calidad del agua.