Carrizo y maíz criollo, el trabajo de María Arcila en la comunidad de Alfonso Yáñez
María Arcila, habitante de la comunidad indígena de Alfonso Yáñez, elabora canastos de carrizo y productos de maíz, actividades heredadas de sus abuelos que hoy sostienen la economía familiar
Andrés Téllez
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Tenía seis años cuando comenzó a conocer el proceso. Con el tiempo el aprendizaje se convirtió en una actividad cotidiana que hoy comparte con su hermana. Ambas elaboran canastos y bolsos que venden para apoyar la economía del hogar.
La selección del material es una parte importante del proceso. Después de recolectarlo lo llevan a casa, donde comienza el tejido. Si dedican alrededor de cuatro horas al trabajo, entre las dos pueden elaborar entre dos y cuatro canastos.
Durante años también elaboraron piezas pintadas, pero la forma de producción cambió.
“Antes hacíamos canastos pintados de colores, pero ya casi no los compran. Ahora los hacemos más naturales. También tengo una capacitación para hacer carrizo dorado; se trabaja con el mismo proceso”, comenta.
Las piezas se venden desde su casa, donde algunos compradores llegan directamente. Otra parte de la producción se lleva al espacio de venta del Charco del Ingenio, donde los productos se entregan en consignación.
A partir del grano también elaboran pinole, masa para atole, tortillas ceremoniales y tortillas con distintos colores o detalles que les encargan. Entre los productos que vende también está el maíz preparado con chile o sal, que ofrece como botana.
La siembra comienza en junio. Después de la cosecha el maíz se conserva para utilizarlo durante varios meses. “La semana pasada terminamos de desgranar el maíz. Tratamos de mantenerlo bien para que no se eche a perder y poder hacer nuestro maíz enchilado o con sal”, señala.
La preparación de tortillas es otra de las actividades que forman parte de su jornada diaria. Antes de que amanezca, María camina varios kilómetros para llevar su maíz al molino y convertirlo en masa. “De donde más ganamos es de la tortilla, porque esa se vende diario”, comenta.
Esa experiencia también influye en la forma en que piensa sobre el futuro del tejido de carrizo. “A mí me gustaría que mis hijos aprendieran a trabajar el carrizo, pero no les gusta ni les llama la atención. Espero que cuando uno ya no esté no digan que por qué no aprendieron, porque todo esto se puede perder”, señala.
Entre el cultivo del maíz, la preparación de tortillas y el tejido de carrizo, María Arcila mantiene una práctica transmitida dentro de su familia y que forma parte de la vida comunitaria de Alfonso Yáñez.

































