Nacida como una pequeña imagen de caña de maíz que un fraile franciscano llevaba colgada al cuello, la Virgen de Zapopan pasó de mediar en una guerra indígena en el siglo XVI a convertirse en patrona de Guadalajara y protagonista de una de las peregrinaciones urbanas más multitudinarias de América Latina, reconocida en 2018 por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Envuelta en una leyenda que combina un arriero, una mula misteriosa y una caja jamás reclamada, esta advocación se convirtió en el símbolo religioso más representativo de Oaxaca desde el siglo XVII. Su corona, de dos kilos de oro y 600 diamantes, la sitúa entre las imágenes marianas más valiosas del continente.
Ocurridas en plena Primera Guerra Mundial, las apariciones marianas de Fátima, Portugal, se convirtieron en una de las devociones más estudiadas (y más politizadas) del catolicismo contemporáneo