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Análisissábado, 14 de marzo de 2026

De la pluma de Miguel Reyes Razo / Guadalupe Gómez Maganda en París

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¡Oh, por favor! —atajó con evidente gesto de repulsión la política mexicana Guadalupe Gómez Maganda—. Le ruego no me haga recordar la desconsiderada conducta que mostró Leonardo Rodríguez Alcaine en una reunión del PRI. Nos avergonzó y ofendió a todos. ¡Qué hombre!

“Tiene usted razón, señora —comencé a decirle a la señora que durante muchos años encabezó, desde el PRI, movimientos en favor de los derechos de las mujeres—, cuando decidió:

“Pues no, licenciada —respondí—. Estoy en la gira del presidente Peña Nieto, que acude a la ‘Cumbre de París’. Tema del ambiente. Discusiones entre los países de gran desarrollo —que contaminan más— y los que apenas buscan salir de su atraso…

“¿Primera vez que viene a París, señor Reyes Razo?”

“¿Así nada más? ¿Así trabajan los reporteros?” —se sorprendió la paseadora señora Gómez Maganda. Lupita, la trataban amistades, cercanos e interesados.

“¿Cómo va la gira del presidente Peña Nieto?”

“Quiero que se libere a una prisionera francesa en México” —le pidió François Hollande en magnífica recepción en el Elíseo.

“Veré que la ley se cumpla, presidente” —devolvió el presidente Enrique Peña Nieto.

Acto rebosante de cordialidad. Superó al que encabezó la señora Angela Merkel en el imponente Berlín. Mujer muy interesada en México. Brillantez que deslumbraba.

Tan a gusto estuvo el presidente Enrique Peña Nieto en la residencia del gobierno de Francia que ofreció:

“Cuando usted vaya a mi país, yo ya habré aprendido a hablar francés. Ya lo verá”.

Y ambos se abrazaron.

Llegó Paris Quijano, director de CEPROPIE. Hombre de mediana edad y rica experiencia. Poseedor de varios idiomas y variada cultura. Exacto en instalaciones y transmisiones. Jefe de equipo leal. Gozaba de plena confianza del presidente Enrique Peña Nieto.

“El señor tiene su ángulo. Hay que tenerlo en cuenta. Está en todo, no te creas. Revisa y critica…” —reveló Paris.

Se reunía el grupo de reporteros. Algunos conocían a la señora Guadalupe Gómez Maganda. Su nieta y otros familiares abandonaban el Campo de Marte. Ya habían visto la tumba de Napoleón Bonaparte. Comentaban.

Tenía razón: el señor Leonardo Rodríguez Alcaine —líder de los trabajadores electricistas y sucesor de don Fidel Velázquez en la guía de la CTM— era, en efecto, un hombre muy vulgar.

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