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Análisismiércoles, 1 de abril de 2026

El Espectador / El gran negocio de la Tarjeta Rosa del Estado de México

La asignación es un combo que ahora contempla seguros de vida, asistencias veterinarias, dentales, nutricionales y hasta certificados de bachillerato. Es un “todo incluido” diseñado para justificar una comisión de 352 millones de pesos mensuales. 

Al final, lo que debería ser una dispersión eficiente de dinero se convierte en un catálogo de servicios que las beneficiarias ni siquiera saben que tienen o cómo usar.

¿Por qué Bienestar mexiquense insiste en un modelo que ya dio señales de alerta en otros estados? 

En Jalisco, incluso se reportó que la tarjeta no pasa en cualquier terminal si no se activa una opción mañosa en la app, sumado a la exigencia de datos personales que nadie sabe para qué usan. 

Si a los policías de Jalisco les “desaparecieron” saldos que no han sido aclarados, ¿qué garantía tienen las 700 mil mujeres mexiquenses de que sus dos mil 500 pesos bimestrales estarán seguros?

El contrato es una apuesta altísima. Entregar el programa a una empresa que arrastra irregularidades podría ser una irresponsabilidad cuyo costo no lo pagará Broxel en su cartera, sino la administración estatal en las urnas.

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