Y, por lo mismo, también vislumbró la catástrofe humana y la pérdida del humanismo como forma de convivencia.
Jules Gabriel Verne, conocido como Julio Verne, nació el 8 de febrero de 1828 en Nantes, Francia, (M. 24 de marzo de 1905 a los 77 años en Amiens, Francia).
Nació en un entorno acomodado. Su padre fue un abogado prestigiado en la localidad, por lo que decidió que Julio estudiara derecho, como él, y que se dedicara a la abogacía, como él.
Así que muy joven se trasladó a París para estudiar derecho. Fue alrededor de 1847-1848. Así cumplía con el mandato paterno. Pero su deseo literario era mayor que el de las leyes.
Este suceso ocurrió poco antes de la muerte de su gran amigo y editor, Hetzel, y el fallecimiento de su madre, lo que produjo un cambio de tono, más oscuro, en sus obras posteriores.
Pero ahí está la obra monumental de Julio Verne; una obra brillante; una obra por la que hacemos viajes insospechados por mundos extraordinarios, maravillosos y sorprendentes…
Las declaraciones de Wang se producen después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebrase una cumbre en Miami con líderes de derecha de la región
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Era un hombre taciturno. Introvertido. Callado. Melancólico y triste. Caminó por la vida como si ésta fuera un viaje interminable y pocas veces feliz. Cargado de memorias y de olvidos, de tristezas y agravios, sin rencores. Humano que fue, cometió errores, muchos, pero aun así mantuvo el camino y sus interminables viajes que eran aventuras que surgieron de su mente y de sus sueños.
Desde muy joven prefería el silencio de las bibliotecas públicas, que eran su espacio vital, su refugio, su fortaleza. Leía de manera frenética. Su vida era sumergirse en las historias que leía, en los temas que desarrollaban su imaginación y su inteligencia; y su voluntad para transformarlos.
Le gustaba la literatura fantástica, leía y releía a Edgar Allan Poe (Las aventuras de Arthur Gordon Pym) y Daniel Defoe (Robinson Crusoe)… Se nutrió de una mezcla de lecturas geográficas, científicas y literarias que moldearon su estilo conocido como “Viajes extraordinarios”. El germen de toda su obra estaba en la literatura pero sobre todo en la ciencia y la tecnología.
De su imaginación en pleno siglo XIX surgieron páginas premonitorias de lo que sería el planeta muchos años después. Inventos que surgieron de su mente y que otros hombres, muchos años después, pusieron en marcha y el peligro de su propia destrucción.
Inconforme con su mundo, buscaba el surgimiento de la justicia como forma de vida, la convivencia entre humanos, la supervivencia en un mundo que podía ser adverso pero que por el impulso del humanismo entendido como justicia y razón daría paso a ese mundo feliz que buscaron no sólo sus personajes, sino sus historias que respiraban libertad, aventura y el mundo en el que flora y fauna, ríos, mares, estepas, desiertos… fueran parte de una convivencia armónica e ideal. Su propia Utopía.
Y como él mismo era. Sus personajes, en gran medida, son héroes solitarios. Que caminan solos por la vida, en sus propias vidas, en sus pensamientos, en su imaginación y soledad. Porque la soledad predomina en la obra de Verne aunque se vista de aventuras, de intrincadas amenazas y soluciones inesperadas.
Julio Verne, el gran viajero, el gran escritor, el gran científico que sin serlo de manera formal, construyó aparatos, naves, y avances tecnológicos y científicos que por entonces eran imaginación, hoy realidad; pero al mismo tiempo advirtió que ese mundo conduciría al ser humano a la más terrible soledad, a la depresión e, incluso, al suicidio. Lo dijo él, en su obra.
Y sin embargo la mayor parte de su obra, sobre todo la primera etapa, es brillante, sagaz, luminosa en esos viajes extraordinarios a los que nos lleva paso a paso para encontrarnos perdidos en un entorno que parece feroz pero al que el hombre llega de forma sorpresiva para irrumpir en la naturaleza que por siglos ha subsistido por sí misma, sin necesidad del hombre. Hoy ese mundo natural subsiste a duras penas, por culpa del hombre…
Ya en la liberada parisina y en lugar de acudir a juzgados o despachos de abogados para litigar o para investigar sobre el tema jurídico, leía y escribía y se acercaba a los círculos literarios de la época, tan pródigos en aquel parís del siglo XIX.
Al enterarse su padre de que Julio se dedicaba más a la literatura que al derecho decidió suspender toda ayuda económica para su hijo y lo dejó a la deriva. Así que comenzó una etapa en la que el escritor conoció el hambre y la pobreza.
No obstante, su tenacidad lo llevó a vincularse con escritores de la época, sobre todo los Dumas, padre e hijo, Alejandro Dumas, padre, autor de Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, y Alejandro Dumas, hijo, autor de La dama de las camelias.
El padre Dumas tuvo una gran influencia en la obra de Verne, el hijo, su amigo, fue quien le apoyó para dedicarse a la literatura y quien le presentó a quien sería su editor y amigo de toda la vida, Pierre-Jules Hetzel.
En 1863 escribió su primera novela:París en el siglo XX. No fue publicada en vida del autor, ya que su editor la consideró extremadamente pesimista. Y es que describía una sociedad obsesionada por el dinero, con redes de comunicación mundiales, fax, metro, coches a gas y rascacielos de cristal: un mundo extraño y malévolo, dijo Hetzel. Pero le pidió otra obra…
Y la entregó ese mismo año: Cinco semanas en globo, publicada por entregas en la revista literaria de Hetzel y la que se convirtió en un éxito inmediato. Fue el comienzo de la serie Viajes extraordinarios. Hetzel, hábil editor le firmó un contrato bien pagado y a largo plazo para la entrega periódica de obras de este mismo tono.
La colección que nació en 1863 se extendió durante más de cuarenta años, editada con mucho rigor y cariño por Hetzel y contiene algunas de las novelas de aventuras y ciencia-ficción más conocidas de la historia de la literatura.
Títulos como Viaje al centro de la Tierra (1864), De la Tierra a la Luna (1865), Los hijos del capitán Grant (1867), 20,000 leguas de viaje submarino (1869), La vuelta al mundo en 80 días (1873), La isla misteriosa (1874) o Miguel Strogoff (1876); entre otras.
Las ediciones de Hetzel iban acompañadas de ilustraciones de altísima calidad. Los dibujos fueron encargados a ilustradores de la plantilla de la editorial y artistas, como Émile Bayard, muy conocido por sus ilustraciones para Los Miserables, de Víctor Hugo, y quien ilustró para Verne De la Tierra a la Luna.
Pero la vida de Verne no era tan brillante como sus obras. Más bien estaba plagada de problemas. Dadas las circunstancias de precariedad en las que lo dejó su padre negándole todo apoyo económico y que la literatura –teatro, ensayo…- no daban para vivir…
En 1857 se casó con Honorine de Vyane Morel, una viuda de 26 años con dos hijas. Esto lo hizo establecerse en París y aceptar un trabajo como corredor de bolsa para asegurar sus ingresos, buscando estabilidad económica y personal. Al casarse Verne buscaba, asimismo, estabilidad financiera. Pero el matrimonio, aunque duradero, fue un fracaso. Ambos tuvieron un hijo en común, Michel, quien nación en 1861 y con quien siempre tuvo conflictos y enfrentamientos.
Al casarse seguía escribiendo literatura e investigando en la Biblioteca Nacional y soñando con un nuevo tipo de novela, una que combinara hechos científicos con ficción de aventuras. Las que desgranó tiempo después en la gran colecciónViajes extraordinarios.
En 1886 ocurrió otro acontecimiento traumático para el escritor. Fue víctima de un intento de asesinato por su sobrino Gastón Verne, quien sufría de una grave enfermedad mental. Gastón disparó dos veces; la primera bala falló, pero la segunda hirió a Julio Verne en la pierna izquierda, dejándolo con una cojera de por vida. Gastón fue posteriormente internado en un asilo mental.
Es la obra de un hombre solitario, triste, retraído, desafortunado en el amor, quien prefería la soledad y sus pensamientos. Pero también ilusionado en un mundo mejor, con seres humanos que lo fueran, con libertades y con la felicidad que él sólo pudo encontrar en su obra, en sus viajes imaginarios y en su estrella vital: el futuro.
“¡Yo no soy lo que usted llama un hombre civilizado! ¡He roto con toda la sociedad, por razones que yo solo tengo derecho a apreciar!” “¡No reconozco a ningún amo! ¡Soy libre!” “La tierra no necesita nuevos continentes, sino nuevos hombres” (capitán Nemo en 20 mil leguas de viaje submarino)