Mi mamá y el sexo / 14 de febrero para solter@s
¿Quién dijo: “¡Yoooo!”? Sin pena.
Sin importar la edad. Aunque, créanme, hay más estigma a mayor edad.
No pasa absolutamente nada si pasamos el 14 de febrero en soledad. Aunque la presión social sea fuerte. Intensamente mercadológica.
De hecho, en estos días, me ocurrieron tres cosas curiosas. Primero, escuché en el restaurante Vips —y luego en Walmart, el mismo día— una canción maravillosa de los años noventa de la española Rosana que dice algo así como:
“A fuego lento me haces agua… Contigo tengo el alma enamorada… Me llenas, me vacías, me desarmas… ¡Ay, amor! Cuando me amas”.
Pensé que poner esa canción como música ambiente en lugares donde uno solo quiere unos huevos rancheros o comprar jitomates es, seamos honestos, presión social con fondo musical.
Regreso al día siguiente para reservar y me informan, con cierta misericordia, que los boletos disponibles para mujeres se agotaron. Quedan lugares para hombres. Me ofrecen, eso sí, otros conversatorios y cursos.
Porque los solteros ya no son una rareza demográfica. Son un mercado.
Evito anotar los nombres de las plataformas que encontré porque supongo que también es un mercado con ofertas fraudulentas donde los deseosos de amor y pasión deben andarse con cuidado.
La industria lo sabe.
Así que, si alguien pregunta este año: “¿Y tú qué harás el 14?”, quizá la respuesta más subversiva sea: “Lo que me dé la gana”. Con pareja o sin ella. Con cena romántica o con pizza en pants.















