La cultura mexicana despide a Pedro Friedeberg, su último artista surrealista
Pedro Friedeberg, autor de la famosa escultura “Mano Silla”, falleció a los 90 años en Guanajuato; se le recuerda por ser un artista rebelde y extravagante
“Con la ‘Mano silla’ lo que hizo fue darle a un objeto, como puede ser una silla, una forma orgánica. El tenía otros objetos a los que les dio forma de mariposa, con los que integraba formas de la naturaleza, el ser humano o un animal al arte utilitario”, apunta.
Felipe Leal asegura que Friedeberg cruzo las fronteras del academicismo, por lo que es posible encontrar obras suyas hasta en bazares de La Lagunilla, pero también en las salas de muchos mexicanos.
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Pedro Friedeberg es considerado el último de los surrealistas mexicanos. / Foto: Roberto Hernández/ El Sol de México
Excéntrico, disruptivo y entregado a la vida sin medida, el artista Pedro Friedeberg —autor de la famosísima “Mano Silla”— murió rodeado de sus seres queridos a la edad de 90 años, en la ciudad de San Miguel Allende, Guanajuato. Con su partida, la historia del arte moderno y la cultura popular mexicanos pierden a uno de sus paladines más arriesgados e irreverentes.
Así lo recuerdan especialistas en historia del arte y gente que lo conoció, como el arquitecto Felipe Leal, presidente del Seminario de Cultura Mexicana, donde Friedeberg inauguró una de sus últimas exposiciones retrospectivas en mayo de 2024.
“La cantidad de obra (en la exposición) fue impresionante. Colocó 130 obras y yo le decía que con 60 o 70 bastaba para que se entendiera su trabajo. Pero él me contestaba: ‘No, a mí me gusta saturar, que los muros estén repletos, que todo sea como el barroco, como el porfirismo’. Aquella exposición no iba a ser tan curada ni nítida, sino saturada como lo hacía con una obra o con los muros, como fue con su vida misma”, dice Felipe Leal en entrevista con El Sol de México.
Se trata de uno de los artistas que en los años de los 60 y 70 del siglo pasado se inscribió en un marcado interés por la experimentación y la búsqueda de nuevas formas expresivas, y según la especialista del Instituto de Investigaciones Estéticas, Mónica Amieva, “fue uno de los que en verdad logró crear un lenguaje propio”, en los formatos de la pintura, la gráfica, el dibujo, la escultura, superando el paso del tiempo en vida, ya que incluso incursionó en arte digital.
Pedro Friedeberg nació en Florencia, Italia, en 1936. Llegó a México con sus padres a los tres años de edad, huyeron de Europa con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Su infancia la vivió entre Mixcoac y la Colonia del Valle. De joven comenzó a sentir interés por la arquitectura, especialmente renacentista. Tras pasar un periodo en Boston se inscribió en la Universidad Iberoamericana en 1957.
“Sus propios maestros ya reconocían su talento, era alguien que tenía una actitud disruptiva y muy particular. Esa formación como arquitecto fue la que le permitió tener ese dominio del trazo, la geometría, el rigor compositivo. Todo, por supuesto, cargado con una gran serie de referencias universales, porque tenía una gran cultura visual y verbal, muy amplia”, comenta Felipe Leal.
Sin embargo, fue en esos años en que conoció al arquitecto y escultor Mathias Goeritz, ese encuentro hizo que cambiara su visión formativa al integrarlo como su pupilo al movimiento del grupo artístico de “Los hartos”, en 1961. “Ellos criticaban el funcionalismo, el racionalismo y la idea del artista genio. De ahí viene su actitud irónica e irreverente, autocrítica”.
Por medio de familiares y amigos conoció a otros artistas surrealistas, como Remedios Varo, quien recomendó su trabajo a la Galería Diana, donde realizó su primera exposición. Por su relación con ellos, su forma saturada de crear con elementos esotéricos y oníricos, él mismo con el tiempo llegó a llamarse el último de los surrealistas de México.
Felipe Leal apunta que Friedeberg se inscribió en la tendencia abstracta del geometrismo. Ésta se volvió muy popular en el país durante la segunda mitad del siglo XX porque los artistas le encontraban similitudes con composiciones del México antiguo, así como en las expresiones textiles de pueblos originarios vivos en Oaxaca y Chiapas, los cuales son todos “geometría aplicada”.
Friedeberg fue discípulo de Mathias Goeritz, integrante del grupo Los Hartos y creador de la emblemática Mano-Silla. / Foto: Roberto Hernández / El Sol de México
“Por eso cuando uno ve sus obras siente que, por muy universales que sean tienen un arraigo con México, sobre todo en esa obsesión de las progresiones geométricas y perspectivas casi infinitas que él tenía”, y que acompañaba de “figuras referenciales” y “símbolos”, que permitía dar lectura a las obras y las enriquecía.
“Él incorporó elementos de su cultura presente y más legendaria a su contemporaneidad, porque en ese momento era demasiado fría y vacía. Así es como cargó sus obras con símbolos como el tarot y textos en hebreo o inglés, jugando siempre con las expresiones universales de la lengua”, agrega el arquitecto.
Felipe Leal explica que Friedeberg en su trabajo como diseñador logró aquilatar gran parte de su experimentación. Específicamente en la famosa pieza “La mano Akhenatón”, de 1962, conocida popularmente como a “Mano silla”, objeto que salió en el videoclip de la canción “TK421”, de Lenny Kravitz.
Pedro Friedeberg, autor de la famosa escultura “Mano Silla” / Foto: Archivo Roberto Hernández/ El Sol de México
“Él mismo decía que era la pieza que más detestaba, pero como él era irreverente hacía declaraciones para generar escándalo como buen surrealista. Así que el decía eso, pero fue la silla que más se publicitó y que conocemos en muchos lugares de México (y el mundo).