“Yo creo bastante en la mitología y la mitografía literaria. Me parece difícil ser un lector con cierta pasión y no tener santos tutelares. Figuras que parece irreal que existieran algún día. Son algo que se han convertido entre lo fantasmagórico y a la vez guías, tanto en lo literario como en el comportamiento”, explica respecto a “Erizo”.
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Eloy Tizón presenta su mas reciente obra / Foto: Cortesia / Universidad de Guadalajara
El escritor madrileño Eloy Tizón es considerado como uno los mejores narradores europeos de la actualidad. Su obra ha destacado por su particular estructura fragmentaria y alto sentido poético. Sin, embargo no había publicado un libro de cuentos en los últimos 11 años. Plegaria para pirómanos (Páginas de Espuma, 2023) es su esperado regreso, libro que presentó recientemente en nuestro país, el cual tampoco visitaba en más de una década.
Se trata, de una serie de nueve cuentos que, por ciertos rasgos emparentados y otros completamente desiguales, dan la apariencia de ser una novela inacabada o, como él mismo suele decir una “novela en ruinas”. Entre los comunes denominadores más evidentes están las formas en las que el arte, especialmente el de la literatura, tiene influencia en la identidad y la vida misma.
“Me parece que contar historias es algo que en verdad nos constituye, que es una necesidad que va más allá de los formatos —ya sea cinematográfico, teatral o musical— y que realmente no podríamos vivir sin ello, aunque sea contarle a un amigo lo que te ha pasado, los problemas o alegrías que has vivido. Ese vínculo e intercambio, tengo la sensación de que durará mientras esté el ser humano sobre el planeta”, dice Eloy Tizón, en entrevista con El Sol de México.
“Este año he cumplido 60 y he notado que con tanto tiempo dedicado a la narrativa algo me ha impulsado a no sólo contar historias, sino también a reflexionar sobre qué necesidades hay por contarlas, qué mecanismos se están poniendo en juego al hacerlo, y el papel que ocupa cada narrador, si son fiables o no. Son preguntas que sobrevuelan constantemente mi escritorio”, agrega, quien buscó en este libro que estas preguntas fueran la sustancia de las mismas narraciones y no reflexiones al margen.
Así, por ejemplo, en el cuento “Grafía”, ofrece la oportunidad al lector de conocer parte del ecosistema de escritores que componen el mundillo literario, al narrar la historia de “Erizo”, un investigador y aspirante a escritor obsesionado con la obra de Xavier Serio, cuyos azares del destino lo conducen a la posibilidad de hacer trabajo como “escritor fantasma” de una autora mundialmente reconocida, que nadie sabe si realmente existe.
“Hay muchas maneras de vivir la literatura, nunca es única. Por una parte, el escritor de éxito, premiado, traducido; por otra, esa figura que conocemos como escritor maldito, que también es interesante y tiene sus seguidores que circulan de una manera más subterránea, y otros autores que aman profundamente la literatura, pero no sabemos si va a dar algún fruto. Pero es cierto que también están la vanidad y la ambición”, afirma Tizón sobre este cuento que se pregunta por los fines mismos de la literatura.
Pero estas reflexiones no se limitan sólo al por momentos salvaje ecosistema literario, sino que también, hace interesantes reflexiones sobre lo sagrado de las obras literarias y cómo pueden ser cambiadas, en el caso del teatro, por sus intérpretes, como sucede en el cuento “Mi vida entre caníbales”; o la forma en que un larguísimo listado de objetos —en este caso de una importancia capital para cultura occidental— pueden definir la identidad de una persona, al tiempo que narrar existencia, la cual podría perder sentido si es que ha visto absolutamente todo, como en el cuento “Dichosos los ojos”.
Una de las constantes más visibles del libro es la presencia de “Erizo”, un personaje que aparece, a veces como protagonista, otras como personaje secundario. El lector nunca sabrá bien a bien si es el mismo personaje o si es distinto, pero su ser que puede llegar a ser casi omnipresente, marca uno de los planos de esta “novela en ruinas” y una metáfora de esa identidad cambiante.