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El teórico Karl Marx también tenía madera de poeta / Foto: Cortesía/El Viejo Topo
“Tómalos, toma estos cantos/ en donde todo es mediodía,/ toma este amor que a tus pies humilde se postra/ El alma, libre se aproxima en rayos brillantes”. Estos versos que acabas de leer fueron escritos por el filósofo Karl Marx (1818-1883) mucho antes de que existiera en él siquiera la idea de escribir “El capital” (1867), el libro en el que describió el sistema económico del siglo XIX, tras el desarrollo de la sociedad moderna.
Ahora estos versos forman parte de una serie de diversos poemas que Marx escribió de 1836 a 1840, mientras realizaba sus estudios de derecho y filosofía en la Universidad de Berlín. Era la época del “Marx enamorado”, como lo describió Francisco Fernández Buey en la introducción a la única traducción al español de la poesía de este personaje, hecha por la editorial Viejo Topo.
¿Pero a quién escribía Marx? O, mejor dicho, ¿para qué? En primera instancia, lo que se suele recordar es que lo hacía para Jenny von Westphalen (1814-1881), el gran amor de su vida, a quien convirtió en su esposa y primera miembro de la Liga Comunista. El amor expresado hacia ella es desbocado, como las ideas estereotipadas de lo romántico.
“Como ocurre tantas veces (con quien intenta escribir poesía), su amor, el amor del Marx enamorado, fue más grande y más auténtico que la palabra poética que produjo. Pero también él se dio a la rima y buscó la música por amor”, dice Fernández Buey, quien menciona que esos textos son más que el reflejo de un simple enamoramiento, ya que detrás de sus metáforas hay la evidencia de un profundo conocimiento de obras de grandes escritores como Shakespeare, Goethe y Hoffmann, además de clásicos a quienes solía traducir, como Virgilio, Tácito y Ovidio.
A pesar de que pocos fueron los poemas que Marx publicó en algunas revistas, se sabe que su pasión por la poesía era grande, tanto que tuvo que escribirle un par de cartas a su padre, quien estaba preocupado porque su hijo dejara los caminos de la jurisprudencia para entregarse al ensueño de la poesía.
En esas cartas, dice Fernández Buey, se permite ubicar su poética bajo la influencia del movimiento romántico filosóficamente idealista “en la que ‘todo lo real se esfuma y los contornos borrosos no encuentran límite alguno’”. Pero que el mismo Marx calificaba como un defecto, junto a una supuesta informidad y cursilería movida por un “calor sentimental”.
Fernández Buey menciona que Marx también describió en sus cartas un cambio significativo en su búsqueda poética, la cual regresó posteriormente como un intento de aplicación del pensamiento del alemán Friedrich Hegel, de corte filosófico-estético, a la poesía.
Esta faceta de la poesía de Marx no ha llamado gran atención por parte de los estudios marxistas, tal vez por no ser de la potencia que sí tuvieron sus escritos sobre economía y filosofía, pero cabría volver a verlos para corroborar que estos se corresponden de alguna manera con su vida toda, como en su poema “Mundos”, en que dice: “Mi anhelo no se ha cumplido todavía,/ no se han cumplido las mágicas bendiciones;/ más elevados aún que Dios son mis propios deseos,/ tormentosamente despiertan en mi pecho”.
Hay otra faceta también muy poco conocida de Marx: la de cronista e impulsor del periodismo político, pero esa es historia de otro estante. El libro con la traducción no es tan fácil de conseguir en formato físico. Hay en el página de la revista Círculo de Poesía una entrada con una selección para quien tenga curiosidad.