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Metrópolidomingo, 25 de enero de 2026

La Concordia, de las llamas al valor de la empatía 

El 10 de septiembre, el Puente de La Concordia dejó de ser solo un cruce vial del oriente de la Ciudad de México. Se convirtió en un espacio donde la empatía tomó forma en acciones concretas mientras la ciudad intentaba recomponerse

Gloria López, Vania Solís y Dana Estrada / El Sol de México

La mente de Javi 

Todo cambió la tarde del 10 de septiembre.

Ese miércoles, mientras acompañaba a un familiar enfermo en un hospital de Tlalpan, su teléfono se llenó de notificaciones: “¿Están bien?”, “¿Ya supieron?”.

Con esas pistas inició una búsqueda que duró tres días. Mostraba la fotografía de Felipe y preguntaba si alguien lo había visto. Recorrió cuatro puestos de periódico sin obtener respuesta.

Una vendedora no lo reconoció, pero lo envió a otro punto: la plaza de la tecnología. Tampoco ahí. Dejó papeles con su número: “Si lo ve, por favor llámeme”.

Cuando finalmente se encontraron Javier le mostró las imágenes compartidas por la familia de Laura Lorena. Felipe las observó y confirmó: “Sí, es ella. Es Yofania”.

La mujer de los tatuajes tenía un nombre. Su familia pudo reconocer el cuerpo y despedirse.

Javier prometió a Felipe visitarlo una vez al mes para invitarlo a comer. No volvió a encontrarlo.

Para este joven de Iztapalapa, la historia no fue una exclusiva, sino un acto humano. No buscaba ser un héroe, el azar lo colocó en el punto exacto y su narración se convirtió en un puente. 

Hoy Javier sigue en lo suyo: se levanta temprano, busca historias, pero mantiene los pies en el barrio donde creció. Su vida no es la del influencer millonario. 

Creció con cuatro hermanos en una casa ruidosa, pequeña y llena de rutinas. Lo consideraban la oveja negra porque, a diferencia de otros niños, su interés saltaba de una cosa a otra, como si su mente cambiara de frecuencia constantemente.

Aquel 10 de septiembre, Javier decidió escuchar a Felipe.

***

Cadena de favores

“Lamentablemente no la reconocí en ese momento. Las quemaduras que tenía eran horribles. La ubicábamos porque trabajamos ahí, somos del paradero”, relató.

Al preguntarle cómo fue compartir esa experiencia con su cuñado, Alonso Segura Ibáñez, el policía dice que ellos no hablaron sobre lo sucedido, cada quien hizo lo que pudo tras el accidente y se despidieron. 

Tras un breve intercambio para romper el hielo, explicó que ya no vendía lentes y que, por la temporada invernal, su mercancía ahora eran calcetines.

Ante la escena, Alonso Segura confirmó con naturalidad que se trataba de la mandataria y comentó que ese recorrido formaba parte de su paso cotidiano por la zona.

Cuando volvió, Alicia ya no estaba. Virginia Soriano Buendía, esposa de Alonso, había decidido llevarla caminando al mismo hospital para no perder tiempo.

“La señora tenía una entereza impresionante, llegó al hospital. Nunca se quejó”, recordó Virginia.

Estaban en casa, platicando después de regresar de un tianguis donde habían ido a desayunar, cuando escucharon un estruendo. Pensaron que era una llanta ponchada de tráiler. Segundos después, el techo de lámina comenzó a levantarse.

La entrevista continuó mientras Alonso atendía clientes, cobraba y mostraba mercancía. Al recordar a la bebé y a su abuela, se quebró. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

“Es lo que no quería, porque te acuerdas y duele”, dijo.

Antes de despedirnos, le pregunté qué significaba para él la solidaridad. Respondió sin dudar: empatía. Al mencionar la fe, fue tajante: “La fe es todo”.

Aunque ya no es católico, recuerda las enseñanzas bíblicas de la abuela de su esposa, testigo de Jehová. “Sin fe no tengo nada”, afirmó.

Como una especie de cadena de favores, Alonso concluye,  “cuando veas un accidente, yo creo que es de humanos acercarte, ¿no?, ser empático y ayudar”.

***

Flamita y los animales olvidados 

“La Concordia nos dejó nuevos aprendizajes”, reflexionó García Carmona, quien recordó rescates extremos en canales de aguas negras, barrancos y árboles de más de 12 metros de altura.

El 20 de septiembre, 10 días después del siniestro, el albergue recibió el reporte de Tita, una perrita de talla grande con quemaduras extensas. Su último reporte médico fue el 3 de octubre.

Formada con aquel humeante café zapatista de la Fes Aragón-UNAM. Edito, escribo y monitoreo. Uno de mis mantras favoritos está inspirado en una frase de Dewey (Malcolm el de en medio): No importa lo que pase… rockanrolea

Vania Solis

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