La Copa Mundial 2026: la oportunidad compartida para conectar, diversificar y crecer
La fiesta del fútbol representa para México una oportunidad para impulsar el desarrollo económico, diversificar el turismo y fortalecer la integración regional
Desde 2020 y hasta la fecha, las autoridades locales castigaron los actos de violencia política contra las mujeres, siendo Oaxaca el que mayor casos registró
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México será anfitrión de la Copa Mundial FIFA 2026. / Foto: Cortesía Pixabay
Con la llegada de la Copa Mundial de la FIFA 2026, México no solo será anfitrión de una fiesta deportiva global, también tendrá la oportunidad de mostrar al mundo la riqueza de su territorio, la diversidad de su gente y la capacidad de sus proyectos estratégicos para detonar el desarrollo económico local.
Cancún se perfila como uno de los grandes protagonistas. Su aeropuerto internacional es hoy una de las terminales con mayor conectividad aérea del país y funciona como un punto de entrada clave para turistas internacionales. Con vuelos directos a prácticamente todas las ciudades sede del Mundial, Cancún podría convertirse en un puente natural entre el sureste mexicano y el resto del país.
Oportunidad para mostrar la riqueza territorial, diversidad y capacidad de desarrollo económico. / Foto: Cortesía Pixabay
Pero para que eso ocurra, se necesita visión estratégica, colaboración público-privada y un compromiso real por construir una narrativa de dispersión turística. La clave está en entender que proyectos como el Tren Maya no pueden generar por sí solos el impacto deseado: requieren políticas inteligentes de conectividad, promoción de experiencias auténticas y un pacto transversal que involucre a todos los actores —gobiernos, plataformas digitales, hoteleros, comunidades y sociedad civil— para garantizar que los beneficios del Mundial no se concentren, sino que se repartan.
La Copa Mundial puede ser el catalizador de una transformación turística en México. Si se logra articular adecuadamente el flujo de visitantes con proyectos de infraestructura como el Tren Maya, con una visión de dispersión económica, integración regional y hospitalidad genuina, entonces sí podremos hablar de un legado más allá de los estadios: uno que se viva en los pueblos, en los trenes, en los mercados y en cada rincón del país que tenga algo que ofrecer.
En este contexto, el Tren Maya aparece como una herramienta de gran valor. Su promesa de conectar los estados de la Península de Yucatán con una infraestructura moderna, culturalmente rica y ambientalmente consciente, representa una oportunidad única para extender el impacto del Mundial hacia el sur del país. Imaginemos a turistas que aterrizan en Cancún y, antes o después de un partido en la capital o en Guadalajara, recorren Valladolid, Campeche o Calakmul, generando derrama económica en comunidades que históricamente han estado fuera del radar del turismo masivo.
Este tipo de conexión interregional puede fortalecer no solo al turismo tradicional, sino a toda una red de micro, pequeñas y medianas empresas locales. Restaurantes familiares, guías comunitarios, mercados, hostales, talleres artesanales y cooperativas culturales pueden encontrar en esta coyuntura una fuente de ingresos y reconocimiento duradero.
Si entendemos estos grandes proyectos —como el Tren Maya o el Mundial 2026— como catalizadores de desarrollo local, y no como fines en sí mismos, entonces debemos apostar por un modelo turístico más abierto, colaborativo y justo. Uno donde todas las formas de hospitalidad y todos los rincones del país puedan participar, aportar y beneficiarse. El verdadero legado será una red sólida de comunidades, negocios y anfitriones conectados por un objetivo común: que el turismo sirva a la gente.
Desde Airbnb, creemos que la colaboración y la cooperación entre todos los actores —gobiernos, sector privado, anfitriones y comunidades— son la base para lograr una experiencia turística auténtica y de impacto real. La dispersión económica, a través de la diversificación del turismo y la promoción de alojamientos temporales en distintas zonas, permite que los beneficios lleguen a más barrios y regiones, impulsando el desarrollo local y fortaleciendo la economía barrial. Este modelo es fundamental para que el Mundial y proyectos como el Tren Maya no solo sean un evento o un proyecto puntual, sino una palanca de crecimiento sostenible a largo plazo.
Para lograrlo, es fundamental establecer un pacto de cooperación donde todos los actores trabajen juntos. Airbnb está comprometido a ser un aliado estratégico en la difusión y promoción de experiencias auténticas y descentralizadas, utilizando nuestras plataformas y alcance para amplificar las oportunidades de los anfitriones y las Mipymes, así como para fomentar un turismo responsable y socialmente inclusivo.